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La pensée de l’animal, s’il y en a, revient à la poésie

Jacques Derrida

I

Por meses, Zaratustra no escribió nada
Solo pequeños poemas poblaban
su mente, como cápsulas de infelices
píldoras acorazonadas, que tragaba a puños de Sal
y en Dogmática Soledad

Animal Peregrino: el Profeta, acariciaba
la vida con su leve Canto, su voz  de agua ahogaba
la flor de su partida:
en eterno Retorno su cuerpo, a los Treinta, era un
ajado tronco de rotas ramas, y nervios en nudo

Aun así, el Zoroastro de mujeres y hombres, Hijo
de padre Poeta y Madre Errante
desde el Silencio, conversaba con su Águila:

—Yo solo amo lo Escrito con Sangre, —le decía
¿Qué es el dolor de Leones hambrientos
cuando abrasado está mi cuerpo, y respiro
las sílabas de un abecedario de Cenizas y escombro?

Tiempo es de ver que en la árida Montaña
crezcan la zarza y el tomillo
Tiempo de que las furtivas Serpientes de mi agonía,
como alambres que me amarran,
suelten mis pies del exilio de mi propia Cama

II

Atada a mi Paloma asciendo… y al Hablar
no puedo Ver, mi garganta
enmudece y escupe humo, detesto beber la turbia
agua de esta verdad Caduca, ¡no puedo más!

Quiero salir de mí, de las Gibas del pan
de mis pesares: se quiebran 
mis dedos de tanto tocar puertas
y desnudas ventanas acorazadas, y sordas casas
de mudos hombres

Descalza camino mil y un años, con la mirada 
fija en mi Espejo adolescente, mientras mi Niña
derrite reflejos y llamaradas
que caen en gotas de Lumbre, Lumbre
que calcina el candor del Ave: Te veo

III

¡Más allá del Fuego estás Tú!
Esperé treinta años para verte florecer y decirte
que es mentira el cielo… y también el infierno
y los Cánones de la música
de tu voz de lluvia seca, que tanto gotea

Muero entre murmullos de polvo
solo mi corazón de Vidente ríe y te guiñe un ojo
Al Girar de la cuesta desciendo: quiero
que los ecos de mi mente sofoquen las quemaduras:
Madre, ¡Déjame dormir el sueño de mi insomnio al mediodía!

—Llegó la hora de parir, —Escribes 
y al nacer me sonríes ¡Abrázame tú, tierno Árbol!
Tengo sed del agua de Tierra
que alimenta las nubes
¡Que se rompan los negros cántaros en Tempestad!
Que en lo íntimo del Velo, el Eros de Psique, acecha

Imagen tomada de iqna.ir

Maricruz Huerta (Ciudad de México, México, 1970). Maestra en el Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles. Estudió Artes Visuales en la Academia de San Carlos y una maestría en Filosofía en California State University, L.A. La mayor parte de su actividad creativa ha estado dedicada a la pintura y a las artes visuales en general. Sus intereses se centran principalmente en los lenguajes visual, escrito y oral, la naturaleza, concretamente los ríos, la filosofía del lenguaje, la estética y la filosofía nietzscheana. Ha publicado ilustraciones y textos filosóficos en la revista Philosophy in Action de la CSULA y en la Gaceta de la UNAM. Forma parte del colectivo de poetas dirigido por Juan Carlos Martinez Parra.

Zaratustra, eterno retorno, montaña, animales

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