Roxana consultó el reloj que utilizaba en la muñeca derecha por mala costumbre —era diestra; jamás le contaba a la mano izquierda lo que tocaba con la dominante— y resopló con ansiedad. Llevaba un retraso de quince minutos, como casi siempre; lo insólito era que aquella mañana no se había molestado en inventar una excusa…
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