Frente al mar, cargando el peso de su hermoso huipil de flores rojas y encajes negros, Amelia lloraba lagrimas nupciales. El estrépito de la banda y el golpe seco de las botas sobre la tarima de madera, allá en la enramada detrás de ella, se convertían, de apoco, en ruido distante que el arrullo de…
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