La muerte del Supremo Observador comenzó con un error que nadie debía cometer. Confiar. Durante incontables eras, aquel ser había observado el flujo de los universos desde su atalaya, una estructura suspendida fuera del tiempo donde las leyes físicas eran apenas sugerencias débiles. Allí, entre corredores de luz líquida y constelaciones cautivas dentro de esferas…
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