Cada que una columna termina es como si a un videojuego le pusieras pausa. Inténtalo. ¿Ves? Jarvis Cocker dijo: and everytime you play it, I will perform the best I can. So, dale play, it’s just a fucking (song) columna. La última vez guardamos el progreso aquí: ¿Es la narrativa gráfica parte de la Literatura o es algo distinto y casi independiente? Sé que en cien años de desarrollo (cuando menos en su forma moderna), a nadie le ha interesado. Nació, creció y se reprodujo por pura necesidad comunicativa e inmediata, al menos en México y Latinoamérica (bueno, fue casi igual en todo el mundo), como un modo de crítica humorística, informativa o explicativa del panorama político y entorno social.  Explicado de otra forma: un periodista chavorruco pero con gracia, algo así como un Chumel Torres pero en el periodismo de verdad. Entonces, motivado por mi ocio, reuní un grupo de expertos en literatura y artes en general y les formulé esta misma cuestión. Los dividí en grupos de tres y los puse a debatir… Así de aburrido estaba. No hace falta decir que como siempre, nadie se puso de acuerdo, es más fácil hacer que dos monos aprendan a conjugar satisfacer (conmigo ya sólo falta uno) que hacer coincidir a seis idiotas en Facebook. Quiero aclarar algo aquí, porque luego me van a tachar de poco preciso: estamos hablando del caricaturismo después de 1850. Yo mismo he dicho que antes ya existía la narrativa gráfica (y claro que sí, pregúntenle a los chinos) pero esa taconuda no es de este jolgorio (por ahorita).

Dados los grados de estudio de los interlocutores, toda esta faramalla pasó al traste como vox populi (pues qué más) y al parecer algunas cosas como el soporte (o sea, cómo se difunde) o el formato (o sea, el modo en que se presenta) impiden (según la opinión de estos todólogos) que la narrativa gráfica sea parte de ese ideal platónico que los iniciados tienen de la Literatura (con mayúscula porque es señora de familia). Dijeron que el guión era donde estaba la literatura (no fake comment), o que debía ser una narración simple y llana, con todo en palabras. Paradójicamente, en su opinión informada, había todo menos información. Al parecer, ninguno recordó que la literatura escrita comenzó mucho después del nacimiento de la literatura misma, y argumentaban (o más bien gritoneaban gráficamente, con mayúsculas y todo) que si no está escrito no es literatura. Además, nadie parece tomar en cuenta al teatro, es como si fuera un pariente lejano que vive en otro estado, y sabemos que sigue vivo porque cada tanto necesita varo, o tú necesitas varo. El caso es que el teatro es literatura presencial, por lo tanto visual (at least). Pero esta historia tiene dos horizontes, bueno, tal vez más, no tengo tiempo de contarlos todos.

Lo cierto es que el método de aproximación hacia cualquier expresión artística no puede ser igual. Lo óptimo sería aprender a descifrar los diferentes contenidos dependiendo del medio del que provengan y así mismo crear obras que estén pensadas para su medio, es decir, aprender a ver cine como una conjunción articulada de narración visual, argumento, espacialidad contextual e incluso contenido auditivo; es bien sabido que en la edición se debe cortar cuadro por cuadro y ensamblar en los compases adecuados de la banda sonora. Pregúntense, por ejemplo, qué sería de la famosa secuencia de la regadera en Psycho, si los violines entraran una fracción de segundo antes (o después) de que la cortina se abre de golpe. Su efecto cambiaría abismalmente. Todos los elementos van en conjunto y forman una obra que debe sostenerse por sí misma. Al intentar fragmentarla entramos en discusiones que se convierten en subjetivismo puro, es, en palabras de mi barrio, buscarle chichis a las hormigas.

Ahí mismo noté la segunda tendencia. Digo barrio no por el ánimo kitsch que inunda la romacondesa desde hace algunos años, sino porque es, indeed, un barrio. Descubrí bien joven un desdén sistemático por las publicaciones gráficas mexicanas. Y no me voy a hacer el loco, yo también he dicho que toda esa industria sirve para lo mismo que el Alarma!. Y sí. Pero es que sus funciones estuvieron ocultas y bien fundamentadas durante sus años en el estrellato de los puestos de mano.

Este no es ningún secreto; no estoy encontrando el hilo negro ni quiero evangelizar a los nativos. Denominaré Urbanas a las publicaciones que se encuentran entre La Familia Burrón y el Alarma!, etiqueta que responde a mi gusto y capricho (y es un franco homenaje a Don Everardo Mujica Sánchez, El Muñeco, [q.e.p.d.], y su rambla de coetáneos [Don Carlos Montana y el Profeta del Nopal, especialmente]); pero no sean fijados, que caen más rápido las etiquetas que los calzones. El caso es que la función de estas publicaciones urbanas, fuera de ser un testimonio social, era la persuasión longeva y cansina de la identidad mexicana, para así perfilarlo a una plena ideología de estado nación. Piénsenlo así, tanto va el cántaro al agua hasta que termina chingándote el inconsciente. Es un proceso estandarizado de manipulación (¡fuck! acabo de romper el chairómetro… uhm… no importa, quedan tres). No, ya en serio, esto perfila identidades claras a largo plazo. Los espacios vacíos de los roles se llenan automáticamente con estas figuras ya clásicas. El hombre proveedor que no permite a su esposa trabajar [porque pa eso es hombre, chingao!]. La mujer que causa problemas y cocina con lo que sea [porque pa eso es vieja, mana]. El primogénito masculino devoto de su padre [porque pa eso es hijo]. La mimada hija única que es cuidada por todos los hombres de la casa [porque pa eso es espíritu santo.. ah no] y todos sus allegados (más arrimados que metro). Suena cabronamente ridículo, pero, hey, son cosas que están pasando aún en 2016. El chambeador, el chambitas, el peladito, el astuto, el chueco. Todo es un loop.

Más allá de los simples personajes, cada publicación era un poco de tu identidad. Recuerdo muy bien que en los baños del mercado cobraban $3 por entrar y $10 por revista. Claramente, no podías regresarla almidonada. Pero eso es a lo que me refiero, en esa caja había infinidad de números y títulos que por estar ahí nunca serían tomados en serio (o por sus páginas todas tiesas, yo qué sé). Es una especie de círculo vicioso. Da mucho miedo que, en alguna parte de nuestra cabeza, las mismas fórmulas siguen causando los mismos efectos masivos (si perro viejo no aprende nuevos trucos, nosotros, tal vez somos perro muerto, porque ya ni del truco viejo nos acordamos). No hace mucho, una comedia que literalmente era una rehechura de otra comedia (mucho mejor) estrenada en 1949, se convirtió en la película que más dinero había recaudado en la historia del cine mexicano. Y el tema era el mismo, ricos que se vuelven pobres, la felicidad en el pauperismo, la recompensa a la dedicación abnegada, aunque la recompensa misma fuera encontrar el valor en la dedicación abnegada. Puro mártir triunfador que no triunfa (saludos a Masterchef y a la dueña de mis quincenas… La hermana Flor), nuestro mero mole.

Puede que el lugar de la narrativa gráfica latinoamericana esté justo entre la primaria oralidad de la literatura (dado a la acción que se desarrolla visualmente) y la intermedialidad lúdica que permite su propio formato en viñetas. Hay ruptura de cuarta pared, hay experimentación espacial, hay sátira, hay drama, ay wey ya es bien tarde. El caso es que tampoco hay necesidad de satanizar el Alarma! porque, primero que nada, teníamos creepypastas mil veces mejores que el suicidio de Calamardo y los personajes eran reales. Nadie se volvió a comer igual un tamal después de saber la historia de la tamalera, de la cual, por su carácter, no queda más que algunas recuperaciones mucho menos fervorosas que la original. Era casi una fotonovela (lo cual trataremos a su debido tiempo). Tampoco voy a decirles qué pensar, dejen de buscarle chichis a las hormigas. Piénsenle un peso, aparte, todo esto lo desmenuzaré a su tiempo. Tal vez estoy mordiendo más de lo que puedo masticar, pero hey, así son todas las cenas de fin de año. Así que pueden ir en paz, nuestra misa de gallos ha terminado.

Cesar Lopez

Imagen tomada de Marvel 1602 #1 (November, 2003)

Posted by:paginasalmon

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