Sola con l’istinto di chi sa amare
Sola ma pur sempre con te
Non posso più dividermi tra te e il mare
Non posso più sentirmi stanca di aspettare
No, amore no io non ci sto
O ritorni o resti li
Non vivo più
Non sogno più
Ho paura aiutami

‒Dante, Infierno XV.

O también Sumario de la historia de la formación del mundo y de los dioses y diablos de la Nueva España, y de las muy confundidas creencias que tenían de estos dioses, que se llaman Cthulhutl y Huitzilopochtli, y de cómo tenían por principal el les temer, con una exposición de las hechicerías y alabanzas de los indios naturales de esta tierra, hecho y recopilado por Fray Guillermo de los Cerros Monteros y Guzmán, de la orden de San Francisco, en el mes de Agosto del año de 1548, para el muy reverendísimo Señor Don Fray Juan de Zumárraga, Obispo de la muy leal y gran Ciudad de Michoacán.

Yo soy José Mercedes de Ecatepec de Morelos, México, pero nacido en Carabanchel, España. Yo soy José Mercedes Isidoro, amigo de don Ernesto de la Peña, de Fariseo Otomán y de “El Tortas”. Yo soy José Mercedes Isidoro Francisco, esposo de Carlos Lechuga y real hincha de las Águilas del América. Yo soy José Mercedes Isidoro Francisco Nepomuceno, negro, homosexual y gran admirador de Laura Pausini. Y cuento esto porque creo que todo el mundo debería saber sobre lo que se aproxima.

Como muchos sabrán, soy investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México pero vine a la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla para estudiar, gracias al contacto de mi fiel amigo Marlos Colina, los códices que se encontraron hace unos meses dentro de la primera edición del Quijote que desde el año 1606 había permanecido cerrada y que por azares del destino vino a tirar algún argentino alegando que tenía derecho a sentarse en lo que evidentemente no era un banco sino un pedestal que servía como exhibidor. De esas páginas de la obra cervantina se extrajeron dos documentos: el citado arriba y una décima que contaba cómo Maritornes quedó bizca y no tuerta.

Ya saben que nací en Madrid, pero casi toda mi vida la he pasado en México. Hace ya más de 15 años que dejé el pueblo mágico de Ecatepec para vivir en un departamento cerca del metro Miguel Ángel de Quevedo. Gracias a esta feliz coincidencia, tengo cerca de mí, desde enero hasta noviembre, los tacos de carnitas “El venadito” y, que es lo mismo, a don Ernesto de la Peña.

A Ernesto lo conocí hace más de 10 años en ese mismo lugar y desde entonces nuestros encuentros se han repetido. Vamos todos los martes y jueves y siempre pide lo mismo: 3 tacos de barriga con lengua, 2 de nana con buche y 1 de macicita para el desempance. Aún así, su glotonería hace que se ponga de malas si antes me sirven a mí los tacos; cínicamente me roba pedacitos de cuerito que se van cayendo de mi taco al plato, del plato a sus dedos y de sus dedos a su boca y de ahí al Gran Canal que atraviesa todo Neza y Ecatepec.

Poseo un gran parecido con Jesucristo (Q.E.P.D.): tanto manos como pies están perforados, aunque no necesariamente por clavos sino por agujas, pero esa es otra historia. Físicamente guardo semejanza con él, tengo una luenga barba y un cabello que cualquier integrante de los Askis o de los Temerarios envidiaría. Pero divago.

Dos días antes de mi ida a Puebla estaba comiendo con don Ernesto: [Reproduzco a continuación el encuentro].

INT. RESTAURANTE “EL VENADITO” / MESA 7 – MAÑANA
José Mercedes toma ligeramente su taco, levantando el dedo meñique y se lo lleva directamente a la boca. Ernesto, por su parte, mira con ojos brillosos el pedazo de trompa que está por caerse del extremo del taco. Su mirada sigue la caída y procede a recogerlo, en una especie de trance.
SUENA EN EL FONDO “Murió la flor” de los Ángeles Negros:CLICK. Ah, también hay un busto de Palas Atenea.

JOSÉ MERCEDES

 

¿Qué tanto conoce del códice Romero?

 

DON ERNESTO

 

No mucho. Conocía de su existencia, o de su posible existencia, pero me parecía más una especie de libro imaginario, una farsa, una pretensión histórica más que un manuscrito verdadero.
(vuelca su mirada sobre el pedazo de taco)

 

¿Te vas a terminar eso?

 

JOSÉ MERCEDES

 

No. Adelante, maestro. Recuerdo que en uno de los documentos encontrados en Nag Hamadí se hablaba, sin detalle, de Abdul Al-Hazred pero no encuentro para nada alguna relación textual, entre el códice Romero y los testimonios de ese árabe. Digo, para entonces, ya se sabía sobre el descubrimiento de América, pero usted que los llegó a ver directamente ¿de verdad eran tan apócrifos, tan antiguos como dicen que son? ¿No cree que alguien pudo haber metido mano para dejar esos testimonios ahí?

 

DON ERNESTO

 

No, en absoluto. Todos los documentos al menos tenían 500 años de antigüedad.

 

JOSÉ MERCEDES

 

De verdad me desconcierta. Tendré que ir a echar un vistazo directamente al códice, algo ahí no concuerda del todo. ¿Sería mucha molestia que me acompañara? Necesito de alguien que me ayude a encontrar algo que desvincule a ese texto de toda la mierda lovecraftiana.

 

DON ERNESTO

 

Sobres.

 

DETENER CANCIÓN

 

Fade out:

Le pedí a Carlitos que me acompañara pero no quería saber nada al respecto. Le prometí que durante los días que estuviéramos allá lo llevaría a comer a la Fonda Santa Clara. Aceptó. Todo mundo sabe que tres chiles en nogada, un pollito con mole y dos empanadas de atún lo convencen de cualquier cosa. Le pedí a mis dos fieles amigos que me acompañaran también: se rehusaron, pero los convencí. Fariseo temía llevar efectivo a cualquier lado y el Tortas andaba triste esos días y no quería salir de su cuchitril en la Doctores. Al primero le prometí que a todos los lugares que fuéramos habría terminal; al segundo que le picharía todo el alcohol que quisiera. (Al cabo, los viáticos corrían por cuenta del CONACYT).

Y no es que no me gustara ir sólo con don Ernesto, pero de repente le daban esos ataques de furia, o terminaba por sentirse dentro de una novela policiaca y todos le parecían sospechosos y quería investigar como si se tratara de un crimen. También le daba por volverse un hombre misterioso: sombrero fedora, cigarro en la boca, tirantes y gabardina negra. Ernesto era todo un hot-daddy: pese a tener esa apariencia encorvada y tierna, poseía un físico enviadiable [se anexa foto]. Ahora espero que el lector entienda por qué no podía ir sólo con él. Exacto, me humillaba, me hacía sentir como con cualquier otro acapulqueño.

salmon

Llegamos a la heroica ciudad de Puebla. Nos hospedamos en un hostal, cerca del hotel San Pedro que era el único que tenía alberca para que, por las mañanas, pudiéramos ir a meternos. Como llegamos un día antes aprovechamos para dar un paseo, entramos en varias iglesias (35 para ser exactos). Ernesto no paraba de hacer bromas sin sentido sobre los clavos de los palos, sobre el rostro de los querubines que afirmaba había pintado alguien con parkinson. Nos retiramos temprano para poder descansar y al siguiente día ir a primera hora a la Biblioteca Palafoxiana para inspeccionar el códice.

Me levanté a las 8:00 am., me bañé, arreglé mis cosas y me dirigí a la habitación de don Ernesto. Toqué y me pidió que pasara. Siempre creí que todas sus mañanas las dedicada copto o a alguna otra lengua muerta (como el francés) que estuviera estudiando. Lo sorprendí viendo Discovery Home & Health, me hizo esperar los 8 minutos que faltaban para que terminara el programa. Carlitos, Fariseo y el Tortas decidieron ir a dar una vuelta mientras nosotros realizábamos nuestras tareas.

Llegamos al a Biblioteca y parecía estar cerrada. Tocamos. Nos abrieron el portón pero sólo para indicarnos que ese día no podríamos ingresar al acervo. Me andaba muchísimo del baño por lo que tuve que dejar a don Ernesto: «No te preocupes. Yo me encargo». Me fui tranquilo, estaba seguro que con la influencia que tenía podía lograr que nos dejaran entrar. Al regresar lo vi sentadito en las escaleras, con una mirada triunfante.

— ¿Qué tal, qué les dijo?
— No te preocupes, José. Le unté la mano —guiño, guiño.
— ¿Cuánto les dio?
— Le di bajito el guante cincuenta pesos —guiño, guiño.
— No me chingue, Ernesto —le dije pantagruélico— ahora no nos van a dejar entrar por miserables. Cómo cincuenta pesos.

Por un momento pensé que hasta nos iban a correr del lugar. Pero cual sería mi sorpresa al ver bajar las escaleras a la señora que nos atendió. Le guiñó el ojo a don Ernesto y nos dejó pasar. «Gracias», nos dijo. «No, gracias a usted», respondió Ernesto. Al parecer, había alguien todavía más miserable como para aceptar cincuenta pesos de mordida.

Y aquí la historia se pone loca. Ahora sí, agárrense recio:

Al entrar en la biblioteca nos percatamos de que muchos libros estaban desacomodados: algunos permanecían intactos; otros estaban tirados, rotos, manchados, sin lomo, sin pasta. Por un momento pensé que me hallaba en la Biblioteca Central, pero no, era la Palafoxiana. Sospechamos mi amigo y yo que algo no andaba bien. ¿Era normal encontrar así tan eminente acervo? ¿Era esa la razón por la que permanecía cerrada la biblioteca?

Nos acercamos al estante que anunciaba: “Códigos recién descubiertos”. Ernesto me detuvo: no por nada toda su vida la había dedicado a libros ocultos y blasfemos. Alguien nos había tendido una trampa: descubrimos en ese momento que lo que estaba rotulado como Códice Romero no era sino el prohibido, innombrable, ominoso, cósmico, culero, puto y diabólico Necronomicón. Alguien sabía que yo, José Mercedes, el hombre más versado en cuanto a materia lovecraftiana se refiere, estaría dispuesto a ir a cualquier lugar con tal de ver algún códice que hiciera mención de los dioses primigenios. Y sabía también que yo, José Mercedes, llevaría conmigo a mi fiel escudero. Nadie en su sano juicio querría leer el Necronomicón: nadie que se precie de ser humano levantaría su portada de cuero oscuro, abriría la página del libro tercero y leería en voz alta, en idioma enoquiano, el canto de invocación de Cthulhu. Sin embargo, alguien lo hizo. Huyó antes de que pudiéramos reconocerlo. Era alto y calvo… (y olía a piano el mar).


The final countdown

 

SUENA DE FONDO “La pachanga” de Tropikal Forever:CLICK

Un profundo cráter se abrió en la Palafoxiana. Muchos libros comenzaron a arder, algunos otros se cayeron. De ese abismo que flameaba fueron surgiendo tentáculos, muchos tentáculos, muchísimos tentáculos. Ernesto se movía ágilmente, yo brincaba de una mesa a otra, de un estante a otro. Finalmente, Cthulhu emergió de las profundidades.

Una puerta se abrió. Entraron Julio César Chávez y Eduardo Lamazón. Fue ahí cuando me di cuenta de que tendría que luchar. Miré a don Ernesto, estaba fúrico. Nos comunicamos telepáticamente como sólo los muy mejores amigos pueden hacerlo. Sabíamos qué teníamos que hacer. Pronuncié las palabras indicadas: ¡¡¡ES HORA DE DEDEDE DEL DUELO!!!

DETENER CANCIÓN

 

ROUND 1: Fight

 

SUENA DE FONDO “Flight of the Bumblebee” de Nikolai Rimsky-Korsakov:
CLICK

 

(SE DEBE LEER DURANTE 1:18 SEGUNDOS, SI ACABA ANTES, REPITA LA PELEA)

Lamazón: Cthulhu agita misteriosamente sus tentáculos, al parecer está tomando los dos tomos de Guerra y Paz, sí, los tomó, parece que los va a lanzar, lanza primero un gancho. Ernesto lo esquiva. Ahora lanza el primer tomo. Rebota contra la lámina. Arroja el segundo. ¡Impacta contra José Mercedes! Le dio justo en la ignorancia. José se enfurece y ataca con su rayo tortificador e impactrueno.
Julio César Chávez: ¡Me lleva la chingada, Lamita! ¡Ahí lo agarra con esa izquierda y se engancha, Lama, con esa izquierda, queda mal parado con las piernas! … ¡Por abajo, cúbrete por abajo, upper, jab, cúbrete chingao, cúbrete! ¡No hay piernas, Lama! ¡Está flojo, necesita respiración! [No se sabe bien a bien a quién le habla].
Lamazón: Parece que Ernesto y José también atacarán con libros, el rebote del primer tomo en uno de los tentáculos hizo que se desconectara Cthulhu por un momento.
[José Mercedes: ¡Maestro, pronto, a la sección de terror!  Ahí, ahí abajo, en la PS3523.O833 W5518. En la categoría de los “Mitos de Cthulhu”.
Ernesto: ¿Qué me llevo? No conozco nada de esta mierda.
José Mercedes: Todo, jálese el estante]

DETENER CANCIÓN

 

ROUND 2: Fight

 

SUENA DE FONDO “RollerMobster” de Carpenter Brut:CLICK

Lamazón: Diez puntos para Cthulhu, ocho puntos para Ernesto y José. Esto es lo que se llama marcar diferencias en la pelea.
Julio César Chávez: Es que no se cubren, no ponen bien guardia, ‘sea. Bajan esto y luego no suben, y se mueven así, y no cubren, Lama, no cubren. Pero fíjate, la pegada es mucho más potente en esta pelea. [Seguimos sin saber de quién habla]
Lamazón: Cthulhu nuevamente es el primero en concretar un buen jab. Arroja con fuerza IT… ¡Santo golpazo que le mete a Ernesto! Ahí va, ahí va. José Mercedes avienta Casa de horror y de magia. Cthulhu no lo vio venir. ¡¿Pero qué estamos viendo?! Parece que ese golpe no le afectó nada. Cthulhu se ve con más fuerza, todavía tiene tentáculos, está defendiendo bien su punto.
Julio César Chávez: Es que no se agacha, ¡no le corras chingao, AGÁCHATE! Se avienta pa’ atrás y corre, no le busca bien, Lama. ¡Ahí, alza los brazos, no, no, qué no, chinga, abajo, abajo! ¡Tiene los tentáculos juntos! [Ni idea]
Lamazón: Ernesto parece estar un poco débil, le falta respiración y cuerpo. ¿Qué traman los dos? No, están intentando levantar Salem’ s Lot. Lo van a arrojar, se ve venir. ¡Lo arrojan! IMPACTA CONTRA CTHULHU… ¡¿Pero qué sucede?! ¡¿Por qué no le afectan esos golpes?! ¡Qué round, señores, qué round!
[JM: “C’mon Ernest, bring the thunder”.
[E: “There’s just no way that we can win. He was a masterpiece”.
[JM: “Listen to me”.
[E: “He rocks too hard because he’s not a mortal man”.
[JM: “Goddamnit, Ernest. He gonna make us his slaves. We’re gonna gargle mayonnaise. Unless we bust a massive monster mammoth jam”.
[E: “Dude, we’ve been through so much shit”.
[JM: “You smeared her hand with (wink) fifty”.
[Los dos: “Now it’s time to blow this fucker down!”

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ROUND 3: THE FINAL SHOWDOWN

 

(Julio César Chávez no pudo aguantar la emoción y se metió también al cuadrilátero, no sabía qué libros arrojar, pero qué buenos putazos metía)

 

SUENA DE FONDO “Built to Kill” de Lazerhawk: CLICK

(ESPERAR HASTA EL SEGUNDO 30 PARA LEER)

¡Vamos Ernesto! ¡Al ataque! ¡Vamos José!

Toman los libros de Luis G. Abddie y se los lanzan directo a la cara. Cthulhu consigue esquivar uno, dos, pero el tercero impacta en un ojo. Grita: ¡Ahhhhhhhhhhhhhhh! Ernesto, ayúdame con esto. Claro, amigo, vamos. Salen volando Los niños de Arkham, Miedo genital, El último explorador, La noche caníbal, los ensayos de Emiliano González (sí, fueron una mierda) y algo que seguro lo lastimó: Azul cobalto y Gel Azul de Bernardo Fernández, BEF. José, qué pasa, tienes cerca a Guadalupe Loaeza y a Anamari Gomis, arrójalas, no, no me chingue, Ernesto, tampoco se pase. Usted, voltee, ahí vienen algunos escritores, ah, los de las ferias de libros, arrójelos, aviéntelos con saña.

Así como iban entrando servían de munición: el primero en morir fue David Miklos, ni siquiera llegó hasta el objetivo, murió en el aire. Siguióle Roberto Coria y Pablo Guisa. José Luis Zárate, intentó abrir su Twitter; Ricardo Bernal llegó muy acelerado y cayó directito a los tentáculos. Atrasito de él venían Miguel Lupián, Luis Felipe Fabre y Gabriel Benítez, solitos se aventaron. Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco no sabían si tenían que arrojarse en inglés o en francés. Amparo Dávila llegó pero tres semanas después, así que no cuenta. Guadalupe Dueñas brincó de alegría cuando don Ernesto la cargó para sacrificarla. Venía también la tropa norteña: Luis Jorge Boone, Miguel Rodriguez Leija y Herbert. Muertos también, combustionaron rápido. Cthulhu no resistía tan fuertes golpes, no supo ni por dónde le fueron llegando. Aún así sobrevivía.

Sabíamos que necesitábamos algo fuerte. No dejaba de pensar, me andaba otra vez del baño, mi mente daba vueltas. De repente, cuando menos lo esperaba, recordé mi figura de acción de Alberto Chimal que llevaba como llavero. Estaba seguro que, si lo rompía o le escupía, aparecería en cualquier momento. Sí, esa era la solución, siempre es la solución. Decidí no incluirlo en una antología de relato fantástico y le envíe un whats para informarle que no estaba invitado a la Feria del Libro de Guadalajara. No, Alberto, ya no. Tu tiempo se acaba aquí.

No tardé tanto en apretar el botón de enviar cuando lo vi subiendo las escaleras. Venía acompañado de Raquel Castro. Estaban a punto de bloquearme en Twitter cuando don Ernesto llegó hasta ellos, los tomó de piernas y brazos, y los arrojó con mucha ira. Vi la cara de Cthulhu, estaba triste, sabía que era su fin. Ni siquiera se resistió. Sólo se hincó y se dejó morir.

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SUENA DE FONDO “El muchacho de los ojos tristes” de Jeanette:CLICK

Sentí lástima por él. Tan sólo, tan vacío de sí. ¿Por qué tuvo que sufrir así? ¿No fue él tan sólo un instrumento más? ¿Qué tal si Cthulhu sólo quería tener una vida normal, trabajar, tener hijos, separar la inorgánica de la orgánica? Todos esos pensamientos aparecieron al ver sus ojos, esos ojos tristes, ni una simple sonrisa ni un poco de luz en sus ojos profundos, ni siquiera el reflejo de algún pensamiento que alegre su mundo, hay tristeza en sus ojos, hablando y callando y bailando conmigo, una pena lejana que llega a mi alma y se hace cariño: el Cthulhu de los ojos tristes vive solo y necesita amor, como al aire necesita verme como al sol lo necesito yo…

DETENER CANCIÓN

Pero ahí nos acaba la cosa. Sí, todo quedó como la reputación de Perelló, pero habrá más, más: ¿al Tortas lo poseerá un demonio?¿a Fariseo lo secuestrará una secta masturbatoria en Chapultepec? ¿Carlitos se indigestará? Pero vendrán cosas peores, sí, mucho peores: ¿Regresará Manuel Lapuente al América? O, peor aún, ¿Lavolpe a la selección? ¿Habrá un quinto concierto de Emanuel y Mijares? ¿Harán un concierto sinfónico de Intocable? Cosas peores, sí, peores: ¿un nuevo disco de Pandora? ¿El nuevo sencillo de Los Bunkers, una nueva película de Shyamalan? ¿Vendrá la muerte y tendrá tus ojos?

FIN

Posted by:paginasalmon

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