A RAJA RAO

Raja, ojalá supiera
la causa de esta enfermedad.

Por años me negué a aceptar
el sitio en el que estaba.
Sentía que debía estar en otro lado.

Una ciudad, los árboles, la voz humana
estaban huecas de presencia.
Por la esperanza de avanzar yo viviría.

En otro lado había una ciudad de auténtica presencia,
De verdaderos árboles y voces y amistades y amores.

Vincula, si quisieras, mi caso peculiar
(en el límite de la esquizofrenia)
a la mesiánica esperanza
de mi civilización.

Incómodo en la tiranía, incómodo en la república,
en una deseaba libertad, en otra de la corrupción el fin.
Construyendo en mi mente una polis eterna
privada de la prisa inútil para siempre.

Por fin aprendí a decir: es mi casa,
aquí, ante las brasas de la tarde oceánica,
en la orilla frente a la orilla de tu Asia,
en una gran república, medianamente corrompida.

Raja, esto no curó
mi culpa y mi vergüenza.
La vergüenza del fracaso de ser
lo que debí haber sido.

Mi propia imagen
se agiganta en la pared
y en contra suya
mi sombra miserable.

Así es como acabé creyendo
en el Pecado Original
que no es sino la primera
victoria del ego.

Atormentado por mi ego, engañado por él
te ofrezco, como ves, un argumento hecho.

Te oigo decir que la liberación es posible
y esa sabiduría socrática
es idéntica a la tuya de gurú.

No, Raja, debo empezar por lo que soy.
Soy esos monstruos que vienen a mis sueños
y me revelan mi secreta esencia.

Si estoy enfermo, no hay prueba alguna
de que el hombre es una criatura saludable.

Grecia tenía que perder, su consciencia pura
tenía que agudizar nuestra agonía.

Precisamos de Dios amándonos en las debilidades
y no en la gloria de la beatitud.

Sin ayuda, Raja, me corresponde la agonía,
la lucha, la abyección, el amor y el odio propios,
la plegaria por el Reino
y la lectura de Pascal.

Berkeley, 1969

ARS POETICA?

Siempre he aspirado a una forma más amplia
libre de las demandas de la prosa o la poesía
y que nos dejara entendernos unos a otros sin exponer
al autor o al lector a las sublimes agonías.

En la mera esencia de la poesía hay algo indecente:
se asoma una cosa que ignorábamos llevar adentro,
entonces parpadeamos, como si un tigre hubiera saltado
y se posara en la luz, fustigando su cola.

Por eso se dice que un demonio dicta la poesía,
aunque es exagerado sostener que debe ser un ángel.
Es difícil saber de dónde viene el orgullo de los poetas,
cuando su fragilidad ya revelada los avergüenza a menudo.

¿Qué hombre sensato viviría en una ciudad de demonios,
que se comportan como en casa, hablando en muchas lenguas,
e, insatisfechos con robar su mano o sus labios,
se esfuerzan en cambiar el destino a su favor?

Es cierto que hoy lo mórbido se valora mucho,
y han de pensar entonces que bromeo
o que se me ha ocurrido otra manera
de alabar el Arte valiéndome de la ironía.

Hubo un tiempo en que sólo los libros sabios se leían,
nos ayudaban a lidiar con el dolor y la miseria.
Esto, después de todo, no es lo mismo
que hojear miles de obras de las clínicas mentales.

Y aún el mundo es diferente de lo que parece ser
y somos distintos de como aparecemos en nuestros delirios.
La gente, por lo tanto, preserva íntegro el silencio,
ganándose el respeto de parientes y vecinos.

El propósito de la poesía es recordarnos
lo difícil que es ser una sola persona;
nuestra casa está abierta, no hay llaves en las puertas
y los huéspedes invisibles entran y salen a su antojo.

Lo que estoy diciendo, es cierto, no es poesía,
pues los poemas deben ser escritos con escasez y renuencia,
bajo presión insoportable y sólo con la esperanza
de que los buenos espíritus, no los malos, elijan que seamos su instrumento.

Berkeley, 1968

 

VENI CREATOR

Ven, Espíritu Santo,
doblando o no la hierba,
cerniéndote o no sobre nosotros como lengua de fuego,
en la cosecha del heno o cuando surquen los huertos o cuando la nieve
cubra los inmóviles abetos en la Sierra Nevada.
Soy sólo un hombre: necesito señales visibles.
Me canso fácilmente, construyendo la escalera a la abstracción.
Muchas veces pedí, tú bien lo sabes, a la estatua de la iglesia
que levantara para mí su mano, una vez, sólo una tan siquiera.
Pero entiendo que deben ser humanas las señales,
entonces llama a otro, de cualquier rincón del mundo,
no a mí, —después de todo tengo un poco de decencia—
y déjame, al mirarlo, regocijarme en ti.

Berkeley, 1961

DEDICATORIA

Tú, a quien no pude salvar,
Escúchame.
Trata de entender este simple discurso, pues otro me daría vergüenza.
Juro que no hay magia en mis palabras.
Te hablo con silencio, como un árbol o una nube.

Lo que me dio fuerzas, fue letal para ti.
Mezclaste el adiós a una época con el principio de una nueva,
la inspiración del odio con la belleza lírica;
la fuerza ciega con la forma lograda.

Aquí hay un valle con riachuelos polacos. Y un puente inmenso
yendo hacia la blanca niebla. Aquí, una ciudad rota;
y al hablar contigo, el viento arroja unos graznidos
sobre tu lápida.

¿Qué es la poesía que no salva
naciones ni personas?
Un pacto con mentiras oficiales,
La canción de unos borrachos a quienes les cortarán pronto la garganta,
Lecturas para muchachas.
Que anhelaba la buena poesía sin saberlo,
Que, tarde, descubrí su meta benéfica,
En esto y sólo en esto encuentro salvación.

Solían esparcir sobre las tumbas mijo o semillas de amapola
Para los muertos que vendrían disfrazados de aves.
Aquí pongo este libro para ti que alguna vez viviste,
Y así no tengas que volver jamás.

Varsovia, 1945

ENCUENTRO

Al alba estábamos en un vagón a través de campos congelados.
Un ala roja se alzó en la oscuridad.

De repente una liebre se atravesó corriendo en el camino.
Uno de nosotros la señaló con la mano.

Eso fue hace mucho. Hoy ninguno de ellos vive,
Ni la liebre, ni el hombre que hizo el gesto.

Ay amor, dónde están, a dónde van
El destello de una mano, la franja del movimiento, el murmullo de las piedras.
No pregunto afligido, sino absorto.

Vilna, 1936

♦♦♦

TO RAJA RAO
(Originally written in English)

Raja, I wish I knew
the cause of that malady.

For years I could not accept
the place I was in.
I felt I should be somewhere else.

A city, trees, human voices
lacked the quality of presence.
I would live by the hope of moving on.

Somewhere else there was a city of real presence,
of real trees and voices and friendship and love.

Link, if you wish, my peculiar case
(on the border of schizophrenia)
to the messianic hope
of my civilization.

Ill at ease in the tyranny, ill at ease in the republic,
in the one I longed for freedom, in the other for the end of corruption.
Building in my mind a permanent polis
forever deprived of aimless bustle.

I learned at last to say: this is my home,
here, before the glowing coal of ocean sunsets,
on the shore which faces the shores of your Asia,
in a great republic, moderately corrupt.

Raja, this did not cure me
of my guilt and shame.
A shame of failing to be
what I should have been.

The image of myself
grows gigantic on the wall
and against it
my miserable shadow.

That’s how I came to believe
in Original Sin
which is nothing but the first
victory of the ego.

Tormented by my ego, deluded by it
I give you, as you see, a ready argument.

I hear you saying that liberation is possible
and that Socratic wisdom
is identical with your guru’s.

No, Raja, I must start from what I am.
I am those monsters which visit my dreams
and reveal to me my hidden essence.

If I am sick, there is no proof whatsoever
that man is a healthy creature.

Greece had to lose, her pure consciousness
had to make our agony only more acute.

We needed God loving us in our weakness
and not in the glory of beatitude.

No help, Raja, my part is agony,
struggle, abjection, self-love, and self-hate,
prayer for the Kingdom
and reading Pascal.

Berkeley, 1969

ARS POETICA?
(Translated from Polish by Czesław Miłosz and Lillian Vallee)

I have always aspired to a more spacious form
that would be free from the claims of poetry or prose
and would let us understand each other without exposing
the author or reader to sublime agonies.

In the very essence of poetry there is something indecent:
a thing is brought forth which we didn’t know we had in us,
so we blink our eyes, as if a tiger had sprung out
and stood in the light, lashing his tail.

That’s why poetry is rightly said to be dictated by a daimonion,
though it’s an exaggeration to maintain that he must be an angel.
It’s hard to guess where that pride of poets comes from,
when so often they’re put to shame by the disclosure of their frailty.

What reasonable man would like to be a city of demons,
who behave as if they were at home, speak in many tongues,
and who, not satisfied with stealing his lips or hand,
work at changing his destiny for their convenience?

It’s true that what is morbid is highly valued today,
and so you may think that I am only joking
or that I’ve devised just one more means
of praising Art with the help of irony.

There was a time when only wise books were read,
helping us to bear our pain and misery.
This, after all, is not quite the same
as leafing through a thousand works fresh from psychiatric clinics.

And yet the world is different from what it seems to be
and we are other than how we see ourselves in our ravings.
People therefore preserve silent integrity,
thus earning the respect of their relatives and neighbors.

The purpose of poetry is to remind us
how difficult it is to remain just one person,
for our house is open, there are no keys in the doors,
and invisible guests come in and out at will.

What I’m saying here is not, I agree, poetry,
as poems should be written rarely and reluctantly,
under unbearable duress and only with the hope
that good spirits, not evil ones, choose us for their instrument.

Berkeley, 1968

VENI CREATOR
(Translated from Polish by Czesław Miłosz and Robert Pinsky)

Come, Holy Spirit,
bending or not bending the grasses,
appearing or not above our heads in a tongue of flame,
at hay harvest or when they plough in the orchards or when snow
covers crippled firs in the Sierra Nevada.
I am only a man: I need visible signs.
I tire easily, building the stairway of abstraction.
Many a time I asked, you know it well, that the statue in church
lifts its hand, only once, just once, for me.
But I understand that signs must be human,
therefore call one man, anywhere on earth,
not me—after all I have some decency—
and allow me, when I look at him, to marvel at you.

Berkely, 1961

DEDICATION
(Translated from Polish by Czesław Miłosz)

You whom I could not save

Listen to me.
Try to understand this simple speech as I would be ashamed of another.
I swear, there is in me no wizardry of words.
I speak to you with silence like a cloud or a tree.

What strengthened me, for you was lethal.
You mixed up farewell to an epoch with the beginning of a new one,
Inspiration of hatred with lyrical beauty;
Blind force with accomplished shape.

Here is a valley of shallow Polish rivers. And an immense bridge
Going into white fog. Here is a broken city;
And the wind throws the screams of gulls on your grave
When I am talking with you.

What is poetry which does not save
Nations or people?
A connivance with official lies,
A song of drunkards whose throats will be cut in a moment,
Readings for sophomore girls.
That I wanted good poetry without knowing it,
That I discovered, late, its salutary aim,
In this and only this I find salvation.

They used to pour millet on graves or poppy seeds
To feed the dead who would come disguised as birds.
I put this book here for you, who once lived
So that you should visit us no more.

Warsaw, 1945

ENCOUNTER
(Translated from Polish by Czesław Miłosz and Lillian Vallee)

We were riding through frozen fields in a wagon at dawn.
A red wing rose in the darkness.

And suddenly a hare ran across the road.
One of us pointed to it with his hand.

That was long ago. Today neither of them is alive,
Not the hare, nor the man who made the gesture.

O my love, where are they, where are they going
The flash of a hand, streak of movement, rustle of pebbles.
I ask not out of sorrow, but in wonder.

Wilno, 1936

Imagen tomada de Janusz Marciniak

Posted by:paginasalmon

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