Vivimos en un mundo en constante cambio y hoy más que nunca son inciertos los problemas que se tendrán que afrontar, los diferentes escenarios para los que se debe estar preparado y la dirección hacia la que se dirigen las comunidades. Teniendo esto en mente, resulta evidente que una manera más adecuada de mejorar la situación y prepararnos para lo incierto del futuro es separar los múltiples conflictos y montar equipos con integrantes expertos en diferentes disciplinas, que sepan abordar cada situación desde diferentes puntos de vista.

Formalmente definimos el estudio interdisciplinario como aquel en el que se juntan a dos o más expertos en alguna rama del conocimiento y colaboran estrechamente entre ellos para analizar una situación en particular: pienso en problemas actuales como la bio-seguridad, la seguridad nuclear o el cambio climático. Es intuitivo, incluso, que reunir expertos en diversas áreas y hacerlos trabajar juntos es una mejor forma de priorizar cada situación e innovar con respecto a cada tema específico, que sólo juntando mucho de lo mismo esperando obtener distintas ideas.

Pero, aunque teóricamente suene como una excelente alternativa, en la práctica siempre se pueden señalar algunas instancias en las que la interdisciplina aún no es del todo aceptad en lugares donde ciertamente hace mucha falta, como en el sector de la salud. Cada año, en cientos de hospitales en el mundo, se ingresan miles de pacientes a quienes se les asigna un equipo de médicos con diferentes especialidades, cuyo único propósito es cuidar de su salud. Pero, en un afán por cuidar la salud física de su paciente, no es nada raro que se presenten situaciones en las que se descuida su salud mental: ha habido cientos de casos de pacientes terminales, en los que el equipo de médicos se rehúsa a aceptar que su paciente no puede ser curado y omiten mencionarles la seriedad de su caso, evitando que el paciente decida incluir en el equipo a algún especialista en psicología, tanatología o cuidados paliativos para poder afrontar su muerte o mejorar la calidad de vida que le queda.

Es importante hablar de las virtudes y limitaciones que tiene cada rama del conocimiento, de cómo las diferentes intuiciones que puede llegar a tener algún experto en tal tema a veces limitan su visión respecto a cuál sería la mejor forma de atacar una situación específica, y de cómo tendemos a suponer que ciertos objetos de estudio sólo se pueden estudiar bajo una forma en especial. Por ejemplo, un científico, que ha pasado años educándose acerca de cómo ocupar el “método científico” como una herramienta para resolver los problemas que se le presenten, puede ser muy rápido en desestimar alguna idea proveniente de las humanidades. Podríamos pensar también en el caso inverso, donde un humanista pase su tiempo buscando una respuesta, y que ésta tal vez provenga de la ciencia.

El punto es permitirnos considerar aquellos casos en los que parezca que una cosa no tiene nada que ver con la otra: la política desde un enfoque psicológico; la medicina desde un enfoque matemático; la física desde un enfoque artístico.

Pero estas ideas, más allá de si pueden ser catalogadas como buenas o malas desde alguna métrica en particular, se sabe que no son algo que sucede en un momento de iluminación, sino que se gestan durante cierto tiempo y sólo se presentan cuando fomentamos que se den las condiciones necesarias para que se nos ocurran. Mismas condiciones que en muchos casos son la suma de diferentes pedazos de ideas compitiendo entre sí, provenientes de diferentes personas con diferentes contextos, y que se juntan para formar algo más complejo que la suma de sus partes.

En el Instituto de Ciencias Forenses de la UNAM, por ejemplo, físicos, matemáticos, biólogos, genetistas, abogados, lingüistas, psicólogos, ingenieros y demás académicos se han juntado para atender problemas que ninguno de ellos hubiera podido resolver por separado o con ayuda de expertos en sus mismas áreas. Al implementar nuevas metodologías y formas de análisis tanto cuantitativas como cualitativas propias de cada materia, generan una búsqueda por determinar las mejores formas de aproximarse a cuestiones demasiado complejas como para ser tratadas desde un solo punto de vista. Resultado de esto ha sido la creación de nuevas disciplinas como la lingüística forense y la química forense.

Al igual que el Instituto de Ciencias Forenses, se pueden señalar otros ejemplos como el Consejo Europeo de la Investigación Nuclear (CERN), donde colaboran físicos, ingenieros, matemáticos, computólogos y demás expertos en el campo de las ciencias, provenientes de decenas de países y contextos diferentes: esta institución ha otorgado grandes contribuciones en materia de descubrimientos científicos desde su fundación en 2009.

Éstas son sólo un par de muchas otras instancias en las que el desarrollo interdisciplinario ha llevado a las diferentes comunidades a soluciones innovadoras de sus propios problemas; suponen también una invitación a que todos los expertos en sus propios campos consideren implementar el conocimiento de otros, que fomenten la búsqueda de compatibilidades entre disciplinas y, principalmente, que rompan con los diferentes prejuicios de considerar que los estudios de ésta o aquella disciplina no tienen nada que aportar a la suya.

Imagen tomada de EP Newsletter

Posted by:paginasalmon

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