La gramática generativa y el problema del lenguaje

La gramática generativa (GG) se ha desarrollado enormemente en los últimos sesenta años, por lo menos desde su concepción aceptada, es decir, a partir de la publicación de Syntactic Structures en 1957. Los cambios que se han suscitado al interior de la GG han tenido como base una declaración de principios comunes (cuestionados de manera constante) que constituyen el núcleo de lo que se presume debe ser la indagación en torno al problema del lenguaje.

Lo que ahora he denominado el problema del lenguaje, consiste en la búsqueda e integración de las propiedades centrales del lenguaje en términos de lo que sabemos (o no) que ocurre en tres niveles: (i) dentro del organismo individual, (ii) en la interacción del individuo con su medio y (iii) mecanismos de organización no explícitamente relacionados con el lenguaje. A esta manera de aproximarse al problema del lenguaje se le ha conocido como el programa biolingüista (o biolingüística) y a los tres puntos que he parafraseado arriba se les conoce como los tres factores del diseño del lenguaje (Chomsky).

El núcleo de este programa de investigación es el programa minimalista (PM) que es un conjunto de asunciones acerca de cómo dar cuenta de las propiedades internas de la lengua (Lengua-I) a partir de su manifestación en lenguas particulares (Lengua-E). Las propiedades innatas que la especie humana posee para desarrollar lenguas-I deberían ser bastante simples (de acuerdo con las investigaciones hechas hace poco más de medio siglo). Uno no debería encontrar gran complejidad cognitiva en el centro del funcionamiento de la capacidad lingüística, por lo menos no el tipo de complejidad que uno esperaría típicamente de las lenguas. Ahora bien, ¿qué tipo de complejidad o simpleza deberíamos ser capaces de observar? La idea central (el tercer factor del diseño de la lengua) es que deberíamos observar, dentro de un órgano mental, la operación de los principios básicos de las leyes físicas: eficiencia y economía computacional. ¿Cómo sabemos que esto es así?

Uno de los principios base de la GG ha sido que el lenguaje puede y debe ser investigado como un objeto más de la naturaleza, esto es, que sus propiedades constitutivas pueden derivarse de las propiedades generales del resto de los objetos del universo. Bajo esta perspectiva se asume una metodología de investigación que aproxima la indagación del lenguaje y de sus propiedades centrales a la investigación del resto de los objetos de la naturaleza. Este objeto de la naturaleza relevante para el lenguaje, como apunta Cedric Boeckx (2006), ha recibido varios nombres: facultad del lenguaje, instinto del lenguaje, el órgano del lenguaje o gramática universal (GU). Para los fines de esta exposición, nos ceñiremos al concepto de gramática universal y lo intercalaremos con el de facultad del lenguaje y, si alguna precisión necesita ser hecha entre uno y otro concepto, la haremos oportunamente.

Sin duda el concepto GU es uno de los más debatidos (y posiblemente de los peor entendidos) dentro de esta disciplina: hay muchas creencias alrededor de su papel en la capacidad lingüística y, en general, sobre qué es. Parafraseando a Boeckx (2006), la habilidad que tenemos para convertir ruidos en sonidos y los sonidos en significados ‒nuestra habilidad para extraer palabras a partir de la desordenada señal acústica y organizarlas en frases y oraciones, la habilidad para expandir cualquier oración en otra oración u oraciones más largas o la habilidad que tenemos para percibir diferencias de significado sutiles pero robustas‒ no puede ser explicada sin la ayuda de un componente innato que guíe dicho proceso, tanto que no es posible explicarlo únicamente con procesos de reforzamiento, instrucción, memorización, corrección o imitación. En otras palabras: “The term Universal Grammar (UG) is simply a label for this striking difference in cognitive capacity between ‘us and them’” (Chomsky, Gallego y Ott, por publicarse [1]). La GU no es otra cosa, sino el objeto de estudio de la gramática generativa, por lo tanto, el problema no es si existe una facultad del lenguaje, sino determinar qué contiene, qué es y cómo evolucionó en nosotros, esto es, en nuestra especie.

La biolingüística y la tesis minimalista fuerte

Para dar forma asible a esta idea investigativa, los biolingüistas se han planteado lo que actualmente se conoce como la tesis minimalista fuerte: “la lengua es la solución perfecta/óptima para los problemas de interface” o, citando una formulación reciente de Berwick y Chomsky: “(…) the generative process is optimal: the principles of language are determined by efficent computation and language keeps to the simplest recursive operation designed to satisfy interface conditions in accord with independent principles of efficient computation”. (71) Pero, ¿a qué condiciones se refiere? ¿Qué son estas interfaces? Antes de contestar estas dos preguntas es necesario aclarar cuál es uno de los supuestos de la GG en torno a qué es la lengua y qué es lo que permite en nosotros.

Sin duda, una de las primeras respuestas sobre la función primaria de la lengua que daría el no lingüista (y la mayoría lingüista) sería, citando a Robert van Valin Jr. : “(…) the overwhelmingly most common answer would be, ‘language is used for communcation’. This is the commonsense view of what language is for.” Y continúa: “It might come as a surprise to many people that some of the most prominent linguists in the field reject this view (…)”. (319) ¿Acaso siempre tiene razón la mayoría? ¿No constituye esa línea de argumentación una falacia ad populum? Desde luego no estoy en posición (y tampoco es mi intención) falsear lo que propone el autor, simplemente quiero apuntar el hecho de que, si pudiéramos llegar a la verdad de cualquier cosa por medio de la encuesta pública, hace rato que la investigación en cualquier campo hubiera concluido.

No parece ser una idea incontrovertida que la lengua sea un instrumento para la comunicación desde un punto de vista teleológico, (si me presionan, tampoco parece que deba ser entendida teleológicamente). ¿Acaso las niñas pequeñas no son capaces de transmitir sus deseos e ideas de maneras que no necesariamente requieran el uso de un sistema doblemente articulado? ¿Qué decir de los casos de afásicos fluentes quienes conservan intacta su capacidad comunicativa (incluso la que tiene forma lingüística), pero son incapaces de hacer funcionar el sistema computacional de la lengua humana? La comunicación es un fenómeno que permea en la existencia de los seres vivos y, sin duda, los primates no somos la excepción, por lo que no es sorprendente que los seres humanos tengamos necesidades comunicativas pero, ¿son estas necesidades condiciones necesarias y suficientes para justificar la emergencia de la lengua en nuestra especie? Las necesidades comunicativas son centrales en nuestra especie y, en particular, en nuestro modo de vida actual y, sin duda, éstas pueden ser satisfechas por medio de la lengua; sin embargo, debemos reflexionar que si la lengua fuera un sistema comunicativo (desde un punto de vista teleológico) deberíamos observar en él características de un ‘buen sistema de comunicación’: i) unívoco, ii) no-ambiguo, iii) inmutable. Sabemos de manera empírica que la lengua no siempre parea una ‘señal’ con un mensaje, que no siempre es el caso que lo que se quiere decir sea entendido de una manera que no permita más de una interpretación: “José vio a Miguel llorando”, o que las señales sean estáticas en el tiempo (desde donde yo puedo recordar el rojo de los semáforos siempre ha contenido el mensaje ALTO, mientras que GÜEY era algo que ni por asomo podía decir en presencia de mi madre).

La comunicación o las presiones ambientales derivadas de la necesidad comunicativa no parecen estar en el núcleo del diseño de la capacidad lingüística entendida como la posibilidad de generar y comprender un conjunto potencialmente infinito de oraciones. Por supuesto, cuando hablamos de ‘diseño’ no presuponemos la existencia de un dios que da una forma primigenia a las cosas y que prevé su desenvolvimiento; es una manera más o menos metafórica de referirse a las condiciones externas que delimitan el desenvolvimiento de cualquier objeto que se encuentre dentro de los confines del universo.

Volviendo al tema de las interfaces, la idea es que la facultad del lenguaje permite crear objetos legibles para otros componentes cognitivos. De manera informal, podríamos decir que esta facultad permite que los sistemas de pensamiento (conceptual-intencional) puedan estructurar pensamientos complejos de manera productiva y, al mismo tiempo, que sea utilizable por los sistemas de externalización (sensorio motores), sean estos signados u orales. Estas interfaces, por su naturaleza, imponen diferentes tipos de condiciones a la facultad del lenguaje. Parece ser que la lengua es un ‘objeto’ relativamente nuevo que se ha montado sobre estructuras (cognitivas y motoras) viejas y que se ha adaptado de la mejor manera posible a estas estructuras preexistentes. Chomsky opina que la facultad para el lenguaje se ha adaptado, y, en ese sentido, es óptima para el C-I y “tan buena como puede ser” para la interfaz SM.

La facultad lingüística y el tercer factor del diseño del lenguaje

Dentro de esta concepción de la facultad del lenguaje, la interfaz SM impone condiciones más fuertes al sistema computacional, esto es, dado que por necesidad física (y fisiológica) no es posible externalizar estructuras sintácticas con relaciones de dependencia y distancia jerárquica, vaya, ni siquiera es posible producir un verbo y su complemento simultáneamente (aunque en la mente estén representados como una misma unidad), es decir: los sistemas SM de externalización (tal vez de manera más clara por vía oral) obligan a una linealización de estructuras jerárquicas. Por utilizar una imagen similar a la usada por Juan Uriagereka (1999, véase), es como si tuviéramos un número de gente dentro de una habitación y todos necesitaran salir de ahí, pero la vía para hacerlo es una pequeña ventana en la pared: esas personas tendrían que salir uno por uno de manera secuencial, independientemente de que dentro del cuarto haya relaciones de diferente tipo entre las personas: novios, hermanos o esposos.

El rol de merge y la recursividad como auto-referencia

Cuando hablamos de simplicidad en el núcleo de las operaciones que dan forma a la facultad del lenguaje, nos referimos a que estas operaciones deberían poder ser descritas en términos de economía y eficiencia computacional. En trabajos recientes, muchos autores (no sólo Chomsky), se han referido a esta operación como merge o ensamble. Ensamble tendría dos consecuencias: 1) la formación de objetos nuevos a partir de dos objetos dados: (A, B) → [A[A-B]], de este modo se da cuenta de la emergencia de la jerarquía de los constituyentes; y 2) esta operación puede dar cuenta de la propiedad de la recursividad presente en las lenguas naturales. La recursividad debe ser entendida en el sentido más técnico de la noción, no sólo como auto-incrustamiento, sino como auto-referencia.

En el sentido anterior, la recursividad como autoreferencia se encuentra en una jerarquía superior con respecto a la autoincrustación por lo que, por implicación, puede haber gramáticas que hagan uso de la recursividad como autoreferencia, pero opcionalmente, como autoincrustación. Este es un debate que actualmente ha ‘revivido’ a propósito de los datos de Dan Everett y el pirahã.

A manera de conclusión, debo aclarar que esta breve exposición no es, bajo ningún concepto, exhaustiva y que los temas que actualmente interesan a los biolingüistas cubren un espectro amplio que no sólo involucra propiedades gramaticales de las lenguas humanas, sino que van hasta la investigación de las propiedades recursivas de otras especies, la evolución de la capacidad a partir de evidencia paleo-antropológica, la coevolución de otras propiedades cognitivas y la capacidad lingüística. De ninguna manera podríamos decir que la investigación de la capacidad lingüística ha concluido, más bien me atrevería a decir que realmente ha iniciado con un programa de investigación amplio y de principios sólidos.

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Contacto: renatoggonzalez@gmail.com

[1] Chomsky N. Gallego Á. J. y Ott D. (por publicarse) Generative Grammar and the Faculty of Language: Insights, Questions, and Challenges’. En Á.J. Gallego y D. Ott (2018). Generative Syntax: Questions, Crossroads, and Challenges. Special issue of Catalan Journal of Linguistics.

Imagen tomada de Wired

Posted by:paginasalmon

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