Me acerqué a las películas de Agnès Varda con una pregunta: ¿por qué nunca había visto una de sus películas, pero sí muchas de otros directores de la muy bien conocida Nouvelle Vague? Esta misma pregunta nos la podemos hacer muchas mujeres sobre cualquier otro arte: ¿por qué no he leído a casi ninguna escritora?, ¿por qué no conozco a muchas pintoras? La respuesta es que no nos enseñan el arte hecho por mujeres.

            No soy una neófita en el tema, he tomado dos clases de “Historia del cine” en mi paso por distintas universidades en dos continentes. En ambas, los profesores (el primero un profesor joven y la segunda una profesora anciana), al llegar al tema del cine francés en los años 50 y 60, mencionaron a Agnès Varda “de pasada”, para cumplir con el programa. Vimos en clase películas de los famosísimos Godard y Truffaut, incluso de directores menos conocidos como Rohmer y Resnais. El canon machista no sólo se crea en los libros de textos y en los ciclos de cine, también al divulgar solamente esta información sin incluir a ninguna voz disidente.

            Esta falta de referentes femeninos en nuestra formación hace que sucedan dos cosas: o una absoluta fascinación por la perspectiva femenina, o su completo rechazo. Por mi parte, pertenezco al primer grupo. Durante el año pasado devoré como una adicta productos audiovisuales donde las mujeres son protagonistas y creadoras: Girls (2012-2017), The Handmaid’s Tale (2017-), Alias Grace (2017), Fleabag (2017-), Happy Valley (2014-) y Top of the Lake (2013-). No podía creer lo identificada que me sentía con todas, lo mucho que me hablaban a mí, como mujer y como creadora.

            Por supuesto me hice más preguntas: ¿quiénes son los malditos que me negaron durante toda mi vida acercarme a las historias contadas por mujeres?, ¿quiénes son los malditos que nunca me las enseñaron?

            Algunas de mis preguntas se pueden contestar con el famoso texto de la historiadora de arte, Linda Nochlin: “Why Have There Been No Great Women Artists?” (1971). En él, la autora describe que la “Historia del arte” (y en este caso la “Historia del cine”) se escribe desde un punto de vista masculino, occidental y blanco, a partir del cual se crean instituciones que establecen quién tendrá o no éxito en el mundo del arte, lo que hace imposible que las mujeres (o cualquier otra minoría) sean reconocidas. Plantea además que todas las mujeres que sí son reconocidas (como el caso de Agnès Varda), además de ser talentosas, tienen que hacer un esfuerzo doble todo el tiempo: trabajar en su obra y luchar contra las dudas hacia sí mismas, contra la culpa, así como contra el ridículo y el estímulo condescendiente (el moderno “mansplaining”) a los que son sometidas.

            Si en mis clases universitarias (que son parte de las instituciones “masculinas, occidentales y blancas” descritas por Nochlin) no me enseñaban el cine hecho por mujeres, ¿dónde lo iba a poder ver? Por suerte, existe el internet, la fuente de información infinita (esto muy bien podría ser un tema para otra columna: los que se quejan del internet y del streaming no saben que muchos de mi generación nos educamos sobre cine [y no sólo sobre cine] con ayuda del internet, y específicamente, gracias a la piratería, a los torrents).

            Por todo esto, mi 2018 tenía que iniciar viendo (al fin) tres películas de una de las cineastas más importantes en la historia del cine, de la gran Varda: Cleo de 5 a 7 (1962), Les Glaneurs Et La Glaneuse (2000) y Les Plages D’agnes (2008). La selección es más o menos aleatoria, intentando abarcar distintas etapas de su producción (su segundo largometraje, una película de su etapa madura y uno de sus documentales más recientes), y de los dos géneros presentes en su obra: la ficción y el documental.

Les Glaneurs Et La Glaneuse (2000)

Traducida al español como Los espigadores y la espigadora, es uno de los documentales más representativos de la directora. En él, como en muchos de su obra, Varda aparece frente a la cámara, es una de las protagonistas y narradoras de las historias que contará, así como el punto de vista que da estructura al documental. Vemos a detalle su cuerpo, su rostro, sus manos, y escuchamos su voz.

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Capturas de pantalla del documental donde aparece la directora durante su visita al Musée des Beaux Arts d’Arras, donde se encuentra la pintura de Jules Breton: La Glaneuse (1877).

            El tema principal es el acto de “espigar” en la Francia actual, tanto en el campo como en la ciudad. Seguimos a personajes desfavorecidos y a vagabundos, pero también a artistas, a profesores y a chefs reconocidos, todos ligados de alguna forma al acto de “recolectar” (del campo, de los mercados citadinos y de la basura). En este sentido, el documental se estructura a través de apuestos: lo urbano y lo rural por un lado, y por otro las motivaciones por pobreza y necesidad en oposición a las artísticas y de pasatiempo.

            El documental hace un recorrido histórico, legal, artístico y personal del tema, unido todo por la propia asociación de ideas e imágenes de la directora. En este sentido es un tipo de montaje ensayístico: la directora une sus encuentros (los sujetos que entrevista) y sus referencias (de la historia del arte y de las leyes francesas) con su propia historia de vida y con su poética cinematográfica.

            Hay dos ideas en el documental que me parecen brillantes: la celebración de las cámaras digitales y la idea del cine como “recolección”. Varda no se lamenta (como muchos otros directores) por el paso del celuloide a lo digital, al contrario, celebra todas sus ventajas, en especial el hecho de que puede salir con una cámara en la mano a grabar por su propia cuenta todo lo que ve, todas las imágenes que irá recolectando para su documental.

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Capturas de pantalla del documental, las manos son de Agnès Varda en una escena donde juega con su cámara digital.

            Para la directora francesa el cine es una forma más del acto de espigar, y filmar su documental la vuelve a ella la “glaneuse” del título. Es una poética moldeable, abierta a todo tipo de posibilidad y juego que se vaya presentando en el camino. El resultado final es una película donde conviven los errores (Varda incluye una escena donde la cámara se queda encendida por equivocación) y los grandes hallazgos.

 Les Plages D’Agnes (2008)

 Aunque el documental anterior es de alguna forma autobiográfico, es en Las playas de Agnès donde la directora nos cuenta concretamente sobre su vida. El documental es una autobiografía lineal, pero también episódica, hecho más por medio de la relación libre de ideas que por un orden absoluto. Por ejemplo, si bien nos cuenta su vida desde su infancia hasta el momento en que filma esta película, algún episodio de su niñez hace que demos un salto hasta alguna de sus películas o video-instalaciones.

            Al igual que Los espigadores y la espigadora, estamos frente a un documental ensayístico donde seguimos la perspectiva de la directora en todo momento. Para Varda, hacer cine está ligado a las acciones: visitar lugares (en este caso los sitios importantes en su vida), escenificar sucesos (de forma realista y simbólica), e involucrarse con las personas y los objetos. Por eso sus documentales se estructuran por traslados (Varda viaja por distintos medios: automóviles, barcos y aviones) y encuentros (con personas, con lugares, con ideas y objetos).

            El cine de Varda es muy consciente del lugar desde el cual hace cine: el hecho de que es una creadora mujer y que tiene que luchar en un mundo dominado por hombres. Cuando nos cuenta sobre sus primeras experiencias en la universidad dice lo siguiente: “No conocía a muchos hombres. Era nerviosa, reservada, insegura, intimidada por todo. Y tenía un problema por resolver: cómo entrar al mundo de los hombres, quienes me asustaban, me intimidaban. Tenía malas imágenes de los hombres.”

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Capturas de pantalla del documental: secuencia donde Agnès Varda nos cuenta sobre su película Sans toit ni loi (1985) y sobre su experiencia con los movimientos feministas de los años 70.

            En una de las partes más brillantes del documental, donde habla de su relación con los movimientos feministas de los años 70, Varda declara lo siguiente: “Intenté ser una feminista alegre, pero estaba muy enojada.” Esta frase puede resumir muy bien al feminismo de la actualidad, y a mi propia relación con el movimiento: intenté ser una feminista conforme, alguien que buscaba el tan mencionado “igualitarismo”, pero estoy muy molesta por todos los asesinatos, por todas las injusticias. Un poco como la propia Varda, quien al hablar de cualquier tema incluye su propio punto de vista, al hablar de su cine hablo también de mí.

Cleo de 5 A 7 (1962)

Aunque Cleo de 5 a 7 está hecha en el contexto de la Nouvelle Vague y tiene muchas características de otras películas del movimiento, sigue manteniendo una firma que es sólo de Varda. La película cuenta dos horas de la vida de Cleo, una bella cantante preocupada por un posible diagnóstico de cáncer a raíz de unas pruebas médicas que le realizó su doctor. Algunas similitudes con otras obras de la época son el hecho de que está filmada con poco presupuesto, un tipo de montaje fragmentado o discontinuo, así como el cameo de grandes figuras del movimiento como Jean-Luc Godard, Anna Karina y Jean-Claude Brialy.

            Pero como ya mencioné, la marca de la directora nunca desaparece. Por ejemplo, en una de las primeras escenas, Cleo y una de sus amigas toman un taxi conducido por una mujer. Durante el viaje, la conductora vive un episodio de acoso por otro conductor que le grita por la ventana. Este abordaje del tema es muy femenino y moderno, ya que se enfoca por unos momentos en un tipo de incidente que es constante en la vida de todas las mujeres (hasta la actualidad). El personaje de la taxista nos muestra la violencia de habitar las calles cuando eres una mujer.

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Capturas de pantalla de la película, en las primeras dos vemos a un hombre acosar a una taxista y en la tercera a Cleo preguntar a la taxista: “¿no te da miedo por las noches?”.

            Una imagen que se repite a lo largo de la película es la del personaje de Cleo mirándose en los espejos. Lo que bien puede ser interpretado como un gesto de constante vanidad, es también una exploración de temas como la belleza y la mirada femenina de la época. Hay en la película una tensión constante entre lo femenino y lo no femenino, entre los actos de una mujer y los de un hombre.

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Capturas de pantalla de la película, en las que aparece la actriz Corinne Marchand.

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El cine de Agnès Varda es dulce, divertido, inteligente y experimental. Es una de las grandes representantes del documental auto-biográfico o auto-representativo, que parece estar cada vez más de moda en el documental contemporáneo. Otra cineasta importante de este subgénero es Chantal Akerman (quien por casualidad es originaria de Bélgica como Varda) con su News from Home (1977) y No Home Movie (2015). ¿Las cineastas tienden tanto a la auto-representación para confirmar su presencia en un mundo predominantemente masculino?

            Varda es una de las cineastas que mejor han hablado de lo femenino desde una perspectiva personal y autobiográfica, sin esconder sus propias experiencias y su propia voz. La teórica feminista de cine Laura Mulvey, en “Placer visual y cine narrativo” (1975), describe que la mujer en el cine mainstream “permanece encadenada a su lugar como portadora de sentido, no como productora del mismo.” La mujer vista como objeto, no un sujeto. Además, Mulvey se pregunta lo siguiente: ¿cómo puede la mujer en el cine comenzar a producir sentido por sí misma? Agnès Varda, cámara en mano, responde a esta pregunta con sus películas.

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Como nota final, este año se estrenará en México el más reciente documental de Agnès Varda: Visages, Villages (el título en español pierde sonoridad: Rostros y lugares), estrenado por primera vez durante el Festival de Cannes del 2017. Será distribuida por Nueva Era Films, quienes aún no han publicado su fecha de estreno (al menos por redes sociales), pero esperemos que sea muy pronto.

Escrito por:paginasalmon

One response to “El fracaso de la “feminista alegre”: el cine de Agnès Varda | Por Flora Sandoval

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