En una carrera de letras, las primeras lecciones son las más ominosas. Aún antes de abrir un solo libro, de memorizar una declinación, los estudiantes aprenden que en esas aulas no van a formarse para escribir literatura. Entienden, en cambio, que no deberían aspirar a expresarse más que con la escritura académica –porque entrar al SNI es menos arduo y menos improbable que conseguir una beca del FONCA. Se les mete luego en la cabeza que los productos de su labor no deben responder a la realidad cotidiana, “porque el arte y la política son dos cosas diferentes”, y más tarde, la mayoría acaso ya definitivamente pervertida, se vuelven campeones de la pureza de la ¡Lengua!, la ¡Literatura! y la ¡Gramática! Así: con mayúsculas y exclamaciones porque son asuntos de peso y porque se defienden con vehemencia.

Este sádico propedéutico a la vida literaria tiene en común con el totalitarismo dos imperativos como dos columnas: la quietud y el silencio. Con esos gestos se busca que los recienllegados acepten el estado de las cosas y callen; por ello nos parecen preocupantes, porque pueden fácilmente convertirse en instrumentos de censura y encumbramiento. James Orbinsky leyó en 1999, ante la Academia Sueca, un valiente discurso en contra del silencio, que bien podría convertirse en un epígrafe de nuestro trabajo editorial: el silencio, explica, se ha confundido desde hace mucho tiempo con la neutralidad, una neutralidad que parece condición indispensable para intervenir en los asuntos con objetividad y asepsia; sin embargo, el silencio pocas veces es neutral y es las más de las veces cómplice: “We are not sure that words can always save lives, but we know that silence can certainly kill.” ¿Cómo pensar la voz, entonces, sino como el ejercicio de una rebeldía (aún si es ésta inútil; aún si está desesperanzada)?

Hablar, escribir, publicar no es para Página Salmón un mero asunto de difusión; es un acto obligado por sus valores, entre los que la transigencia disfrazada de neutralidad no se cuenta, pero sí la participación y el rigor. Hoy, en México, estamos frente a una ocasión incomparablemente propicia para poner en juego estos principios: las elecciones presidenciales de 2018. Conscientes de que nuestros principios nos obligan a entrar en esta discusión, pero sin particularizar nuestras búsquedas a un hecho de coyuntura, hemos decidido dedicar nuestro sexto número a reflexionar sobre “Gobierno, idealismo y poder en América”. Con ello queremos convocar la opinión de los interesados en el proceso electoral de nuestro país, pero también la de aquellos que vuelven su mirada hacia otros fenómenos políticos del orbe americano. Esto no significa que nos haya dejado de interesar la creación literaria en favor del ensayo de actualidad; antes, esta línea nos parece especialmente valiosa en un número tan políticamente cargado, ya que asumimos que la literatura, el arte, y toda expresión de la creatividad humana son relevantes en tanto que rompen el silencio y la quietud, en tanto que se oponen al mundo tal cual es.

Este número, pues, no quiere sólo responder a la actualidad de nuestras naciones; quiere ser también un reclamo contra esa pedagogía del miedo y de la restricción por la que los miembros de este comité, como tantos otros, pasaron en su educación universitaria. Que sean estas páginas una respuesta activa, un testimonio de que el arte y la política no son territorios tan lejanos, una contestación sostenida a la neutralidad y la pureza.

Posted by:paginasalmon

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s