What a mess a little time makes to us when time and place collide,
operator, operator, dial her back
operator, operator, don’t take her too.

Según The Kills en la canción Satellite

El sol me daba vueltas. Vi imágenes en infrarrojo al abrir los ojos. No comprendo mucho, o mejor dicho nada. Encontré esta libreta en el bolsillo donde se suponía estaba mi celular, supongo que hice un intercambio.

Con la tierra roja a mis pies. En estos días ya no creo en nada. No sé qué fue lo que me pegó, sólo sé que me duele, y mucho. No tengo idea de dónde estoy, pero sé que no es lejos de casa. Llevo seis horas, aproximadamente, caminando por esta carretera vacía: sólo han pasado dos camionetas que me han ignorado con descaro junto con un camión de pasajeros… Lucía, me llamo Lucía, me dijo un día una muchachita de lo más frágil, se sentó a un lado de mí y lo dijo, me pidió un cigarrillo. No se lo di, le compartí del mío y en efecto, como lo había diagnosticado, no sabía fumar.

YO LE
enseñe a fumar. Discutimos un buen rato sobre por qué los jóvenes como ella no debían hacerlo, y que no debería de haber infelices como yo que les enseñaran. Sentadas las dos en una banca del parque, ella con su vestido de rayas horizontales y botas negras, yo, yo, yo no recuerdo que llevaba puesto ese día… era una sudadera azul marino con estampado de un bulldog y jeans oscuros demasiado holgados, tenis desgastados y feos, acuérdate, Susana, que me reí horrores del pobre bulldog. Reía mucho. Demasiado. Desde ahí supe que ocultaba algo, nadie ríe tanto de oquis, quería averiguar de qué.

Ambas estaban nerviosas, Lucía se había escapado de su casa tras pelearse con su madre porque, según su madre, masturbarse es malo. Susana estaba en su ronda de dealer, aún le faltaban otras dos estaciones, pero la risa intoxicante de su nueva acompañante la hizo cambiar de opinión. Hablaron de nada con naturalidad fingida. El cabello negro de Lucía generaba un contraste enorme con el castaño claro de Susana, si tan sólo el humo de los cigarrillos no se hubiera interpuesto ante la toma frontal, se verían sus miradas con pánico amigable. Ahora, en la toma de la carretera, las ondas de calor desértico, distorsionan la figura de Susana a lo lejos, pareciera una bestia que ha escapado del circo y ahora muere por agua.

LA FUI
a buscar a su casa. Su madre me vio con extrañeza y horror. Fue hasta que le dije mi nombre que notó mi feminidad. Eso ya no me molesta, pues sé bien que desde los catorce tengo la voz ronca y desde los seis ya me hacían burla en la primaria, pinche machorra, vas que vuelas para tortillera, ¿me prestas tus tijeras? Total, que la doña me veía y me veía y me volvía a preguntar: ¿cómo? Y yo: Susana, señora, mucho gusto. Me dejó con la mano extendida.

Un ligero choque eléctrico se produjo en el interior de las bragas de Lucía cuando Susana le contó el encuentro con su madre, entre risas le pidió de favor que la próxima vez mejor quedaran de verse en un lugar neutro. Mi madre es una maleducada y no quiero que te haga más desplantes. Pero a mí no me molestan esas cosas, no te preocupes. No, de verdad, mejor mira, aquí está mi número, me mandas un mensaje y listo.

ME ENCANTABA
salir con ella, a pesar de que su risa me ponía demasiado nerviosa. Era chillona pero silenciosa: no era un jaja sino un jiá jiá, le gustaba reírse de la nada, pero no de los chistes…

Colores: rojo y naranja.

Escenografía: nopales afloran, ningún árbol, el aire es áspero y genera terregales y remolinos que atacan a nuestra protagonista, la visión de la cámara es con contraste alto, para así exagerar el naranja del sol, el rojo de la tierra, el amarillo del cabello susanezco y el brillo negro de su chamarra, pantalón y botas de cuero. La imagen es borrosa, pues el calor asciende a los 40 grados centígrados lo que causa un mal funcionamiento de la cámara, la cual debe de permanecer oscilante pues el soundtrack lo demanda.

COSAS PEQUEÑAS
sin importancia, pero repletas de significado, son las que acontecieron en mi vida con Lucía… Pero ahora lo único que importa es que ella ya no ésta aquí y yo sigo en esta jodida carretera… esta mañana, sólo sentí el trancazo contra el chapopote, los tipos del bar sacaron las pistolas y navajas y ora si cabrona tortillera, vas a ser vieja de a de veras y dejarás de andar convirtiendo a inocentes. No había necesidad de tortura, pues yo quería que me mataran, merezco que me maten… Recuerdo una noche en que Lucía se apoyó en mis pies, era enanísima y yo muy alta. Quedamos de frente, yo no sabía qué pasaba, sólo que algo me impulsó para tomarla de la cintura, cargarla y besarla, ella se colgó de mi cuello y juro que una chispa brotó de nuestros labios. Días después hicimos el amor por primera vez (hice el amor por primera vez) y me di cuenta de qué era lo que ocultaba. La chispa que brotó de nuestros labios no fue casualidad, pues mientras la complacía con sexo oral, una serie de rayos eléctricos iluminaron mi rostro y su monte de venus, eso ocultaba: ella era electricidad pura.

Sonido inicial: Electricidad. La toma inicia apuntando a los postes de alto voltaje, después recorre rápidamente durante tres segundos el cable para así ver el azul intenso y despiadado del desierto, al enfocar a la protagonista el soundtrack comienza.

LOS CABLES
y su zumbido tan neutral, tan castrante. Ya no aguanto los pies, no sé por qué sigo caminando, debería de aventarme en un matorral y esperar a un escorpión o una cascabel, pero no, soy una cobarde, por eso traté de huir, pero sin éxito, claro. Daría lo que fuera porque lloviera. No sé por qué sigo escribiendo, como si tuviera algo qué decir.

Escena del bar: La toma inicial nos indica que es un bar de carretera, Lucía adentro, cerrando un trato de cristal con tres camioneros, uno de ellos, el de la cachucha, nota algo extraño en ella, descubre que es un ‘ella’, le dice algo, Susana no está de humor, lo golpea en la cara. La cámara enfocará únicamente a la gorra que cae en el piso. Desde el mismo ángulo, al fondo borroso se ve la riña, los vasos se rompen, cae sangre sobre la cachucha, la puerta se abre, una silueta delgada aparece, una sombra alta, negra, furiosa, camina hacia ella.

ESO DE
que los momentos felices se pasan volando es un mito, te asombras y te adaptas, después ya lo haces sin darte cuenta, todo se pasa en cámara lenta, se vuelve rutina. Lucía era nerviosa, yo también lo sería si descargará electricidad cada que toco plásticos, telas, latas… Muchas veces, ya al final, la gente se enojaba con ella por las descargas eléctricas, creían que lo hacía a propósito, con una pistolita y sabe cuántas mamadas más inventaban. Yo me ponía a defenderla y entonces se armaba el gran pedo. Cálmate, Susana, mira que no pasa nada. Pero cómo no va a pasar nada, si vienes aquí y me dices que te acabas de escapar de tu casa para huir conmigo, yo tengo negocios que hacer, Lucía, la vida no es como en las películas.

La historia transcurrida en la ciudad no descrita se pasa en secuencias de movimiento y serán presentadas en el siguiente orden:

1. Lucía llora en el auto que Susana ha robado. Se ve a Susana dentro de la tienda comprando algo. Lucía sale del auto, toma el teléfono, llora, cuelga y corre. Susana regresa al auto, al no encontrar a Lucía vuelve a la tienda, compra whiskey del más barato en grandes cantidades.

2. Susana está terminando de fumar un cigarrillo, escucha la puerta, pero nosotros no, la abre y encuentra la sonrisa de Lucía pidiéndole que se escapen.

3. Susana cierra un trato con unos chavitos, los estafa, es claro, el cristal que les vende está rebajado. Su rostro encapuchado demuestra una feminidad nunca antes revelada por ella.

PERO ESO
ya no importa, lo que importa es que la amé, y ella a mí, pero la cagó. ¿Por qué tenía que seguirme, si su mamá ya la había perdonado por escaparse? ¿Para qué llegó al bar? Con sus labios eléctricos. Sabía que eso iba a pasar, ella lo sabía. ¿Yo qué podía hacer? Yo no quería evitarlo, la furia me cegó, algo se apoderó de mí. Ella me decía que no y que no y yo sólo: cállate hija de la Chingada que esto te pasa por pendeja. Y sí le pasó por pendeja. Yo la maté y volvería a hacerlo porque pendejitas como ésa, llenas de electricidad, no debe de haber en este mundo… mientras tanto, seguiré avanzando por esta carretera vacía, que quién sabe a dónde lleva, seguiré hasta que me conozca y me exaspere como con Lucía…

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Escrito por:paginasalmon

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