“Espelho das Trevas” de Janys Oliveira

Ciudad de México, 2002

El frío de la ciudad traspasaba mi ropa, calándome los huesos. La gente caminaba por las calles sin ver realmente hacia dónde se dirigía, ignorando todo a su paso y dejando el camino libre para mis pensamientos.

Llegué a mi casa para buscar nuevo contenido en la web, pero no había nada que me excitara en las imágenes y videos de las páginas usuales con sus fórmulas gastadas. Normita me había recomendado una nueva página que estaba causando sensación entre los pervertidos que, como yo, ya no encontrábamos placer en las producciones comerciales de las grandes casas productoras. En otras circunstancias la hubiera mandado a la chingada, pero me encontraba tan terriblemente desesperada que no dudé en seguir su recomendación.

Tecleé el nombre del sitio y me lanzó a una página con el fondo completamente blanco y lo primero que pensé es que Normis me había agarrado de pendeja con un link falso. Ya se me estaba derramando la bilis del coraje cuando a los pocos minutos un aditamento extraño comenzó a salir del monitor de mi computadora haciendo que me tragara los insultos que en ese momento consideré dedicarle a mi amiga.

El aditamento tenía la apariencia de un tentáculo hecho de metal recubierto por una capa de tela parecida al terciopelo, lo cual hacía que tuviera un tacto muy agradable. Lo toqué temerosa de que el artilugio reaccionara de manera violenta a mi tímida caricia, pero se presentó dócil. Lo agarré con todos los dedos de mi mano y lo sujeté con más firmeza de la necesaria.

Sin saber cómo, acerqué mi boca al tentáculo, como si una extraña fascinación o impulso me hiciera querer tener contacto oral con el artefacto.

El extraño sabor de la sustancia pegajosa que el artefacto había depositado en mi cavidad bucal no tenía nada que ver con el gusto del semen, era mucho más intenso, causaba sensaciones surrealistas que jamás había experimentado. Era como si llenara mi cerebro de humo púrpura.

Pensé que el artefacto me dejaría en paz una vez que hubiera “eyaculado” como cualquiera otro hombre. Mi sorpresa fue bastante grata cuando el aditamento rodeó mi cuello y continuó explorando el resto de mi cuerpo causando sensaciones cálidas a su paso, acariciando en el camino cada trozo de piel que encontraba a su alcance.

Me sentía como una extraña dentro de mi propio cuerpo, este cúmulo de sensaciones me tenía completamente desbordada. Lo más inquietante no era experimentar esto por primera vez a mis treinta años, sino que un simple artilugio de metal y tela estuviera causando tales estragos. Era como si el aparato y yo fuéramos un mismo cuerpo. Era una locura experimentar tal nivel de cercanía con un objeto inanimado y, aun así, ¿por qué me parecía tan natural?

No quería despegarme de la computadora por ningún motivo. El artefacto vino a llenar un gran vacío en mi vida que ningún ser humano había sido capaz de solventar, pues me había brindado cariño incondicional.

Experimentaba un calor humano increíble y prácticamente imposible de conseguir en esta ciudad tan fría, de caricias frías y sentimientos vacíos. Era increíble que el metal pudiera proporcionarme mayor cercanía que la carne y el hueso. Ningún hombre me había tocado como el aparato, el tentáculo simplemente reptaba sobre mi piel produciendo escalofriantes sensaciones. El metal ganaba con una ventaja apabullante.

Después de un tiempo, ya no comía ni dormía a gusto sin estar permanentemente conectada con el artilugio. Perdía la noción del tiempo cuando estaba con ÉL.

A duras penas asistía al trabajo. La sensación de angustia al estar separada de mi amante biónico era insoportable. Lo añoraba a cada instante. Siempre andaba ansiosa de más placer. Siempre que me encontraba alejada no podía esperar por el siguiente encuentro con el aparato. Era desesperante cada minuto lejos de él.

Decidí dejar mi puesto en la oficina y vivir pegada con el artilugio sin otra ocupación que experimentar el gozo de cada encuentro. Vivía obsesionada por el placer y no podía, ni quería, despegarme de la computadora ni un sólo instante. No sólo el placer era delicioso, también las sustancias alucinógenas en mi cabeza eran la base de nuestra dicha a todas horas.

El monitor servía de intermediario entre mi amante y yo. Sentía que los ojos se me secaban cada día más con la luz incandescente de la pantalla, pero nada me importaba con tal de acariciar por un momento la gloria del éxtasis que vivía al lado del aparato. Estaba deteriorándome, lo sabía, pero no podía parar de vivir conectada a ÉL. A cada instante necesitaba más y más.

Terminé pegándome tanto al monitor que, en mis desvaríos, quise atravesarlo para que esa molesta barrera física no se interpusiera más en mi camino para estar con mi querido artefacto. No deseaba tener intermediarios, únicamente debíamos ser ÉL y YO.

Crucé el camino y quemé las naves sin remedio, sin arrepentimientos. Dolió un poco, pero al fin el camino a mi felicidad estaba completo, todo se quedó completamente oscuro en mi cabeza.

Informe policiaco 8327:

Al cabo de unos días, un olor nauseabundo se esparció desde el departamento tres del edificio Villa Flora y hubo que revisar el lugar debido a las constantes quejas de los vecinos. En el momento de entrar al departamento, la ciudadana Andrea Lizárraga de treinta años de edad estaba descomponiéndose dentro del monitor de su computadora.

Posible causa de muerte: Paro cardíaco y posterior electrocución.

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Escrito por:paginasalmon

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