Olayet Cabrera Carranco era trabajadora de la presidencia del municipio de Pachuca de Soto, Hidalgo, desapareció sin dejar rastro cuando se encontraba trabajando, a plena luz del día, en el primer cuadro de la ciudad y a la vista de todos. Fue bombardeada con el menosprecio del suceso y la culpabilización sin fundamento por medio de rumores que mermaron el apoyo en la búsqueda y esclarecimiento del caso; lamentablemente, mes y medio después de su desaparición fue encontrada sin vida.

Olayet Cabrera Carranco fue víctima de un nulo esquema organizacional dentro de la presidencia municipal para llevar a cabo el traslado de valores para el pago en efectivo de una parte de la nómina. Fue víctima de sus compañeros de trabajo que vieron en la debilidad del sistema la oportunidad de sacar provecho. Fue víctima de los miembros del sindicato que mangonean a la autoridad y son renuentes a los cambios. Fue víctima de la poca pericia y un inexistente protocolo de actuación en casos de desaparición por parte de los encargados de la seguridad municipal y estatal. Fue víctima de injurias dolosas emanadas de su propio centro de trabajo al atribuirle, en primera instancia, y sin haber llevado a cabo las investigaciones pertinentes, que se había robado el dinero para huir con su amante. Fue víctima de la indolencia de la presidenta municipal que envió al encargado de finanzas a levantar una denuncia ante la Procuraduría en contra de quien resultará responsable, atribuyéndole el crimen y también al emitir un comunicado en redes sociales por su desaparición y presentar una fotografía de la alcaldesa sonriendo. ¿Qué motivo había para reír? Fue víctima de las circunstancias que la dejaron sola como mujer y como trabajadora. Fue víctima de acoso laboral y, aunque éste fue reconocido por sus superiores, no fue sancionado ni resuelto, se solapó a los maltratadores y la cambiaron de adscripción, el castigo fue para ella.

La violencia contra las mujeres se ejerce de múltiples formas, pero todas ellas entrañan la intención de aislarnos, amedrentarnos, hacernos dudar de nuestras capacidades, invisibilizarnos, romper nuestro espíritu, hacernos tener miedo y destruirnos.

¿Quién será responsabilizado por su muerte? ¿Quién resarcirá para Olayet y su familia el infierno que este feminicidio les significó? ¡Justicia para Olayet!

Fotografía tomada de Noticias Énfasis

 

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Escrito por:paginasalmon

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