Fotografía de Manuel Alejandro

He estado leyendo un libro de título muy pretencioso, Everything you always wanted to know about Lachmann’s Method de Paolo Trovato. De la misma manera que el libro de D. C. Parker, The Living Text of the Gospels, Trovato sale con ejemplos del periódico en el que hay errores que son obvios para cualquier lector, arguye que todos, de alguna manera u otra, somos editores críticos porque somos capaces de resarcir el sentido original de los textos cuando los errores son muy evidentes. No sólo somos capaces, sino que de hecho buscamos hacerlo. Bien, que nos den diplomas de editores.

El problema, desde luego, y la razón principal por la que la ecdótica sigue siendo una disciplina en torno a la cual se publican artículos y se escriben libros, es porque hay veces que los errores no son obvios, en ocasiones ni siquiera son errores sino variantesinnovaciones. Hay veces que no entendemos lo que escribimos. Esto le pasó al periodista Javier Aranda Luna del periódico La Jornada el miércoles primero de octubre de 2014 (esto se siente más como una denuncia formal; perdón Javier, no te conozco, pero diste en el clavo con tu error y quiero escribir de él). Javier escribió un texto acerca de Nicanor Parra en el que lo llama “el poeta de la demolición”. No es poco frecuente que a un poeta que dijo “no soy derechista ni izquierdista / Yo simplemente rompo con todo” se le caracterice como tal, disruptor, anti-lo-que-sea, y claro, en buena medida lo era.

En el 63, Parra publica Manifiesto, un poema en el que habla mal de Neruda, de Huidobro y de Pablo de Rokha. En su Manifiesto, Parra dice que denuncia (aquí sigo la edición disponible en el sitio Memoria Chilena de la primera edición de Obra Gruesa) “al poeta demiurgo / Al poeta Barata / Al poeta Ratón de Biblioteca”. El primero debe ser Huidobro porque él creía en esa cosa del poeta-creador. El tercero, no tengo idea, una busqueda en Google no me alcanzó para averiguarlo. Quizá sea Miguel Arteche que no era muy fan de Parra y su antipoesía, de la que dijo que iba a pasar de moda, que estudió literatura en Madrid, etc. A mí me hizo pensar en “Quédate con tu Borges” en donde Parra dice que en oposición al argentino que “te ofrece el recuerdo de una flor amarilla / vista al anochecer”, el antipoeta tiene “un yogur es lo + que podría ofrecerte”. Y sí, no tiene sentido que sea Borges porque no es parte del parnaso chileno, pero quién más libresco que Borges. En fin, lo que sí es que sin duda alguna hay un poeta al que le decían “barata”, este es Luis Cerda Barrios, amigo de los dos Pablos Poetas.

En el poema, “barata” y “ratón” animalizan a los autores de los que Parra se quiere quejar, pero también están en mayúsculas, lo que a mí me hizo pensar que eran alusiones a personas reales. Pero a Javier se le hizo raro o qué sé yo. No sé de dónde sacó su paráfrasis, pero él escribe en su texto:

Para el autor de El hombre imaginario el pensamiento no nace en la boca sino “en el corazón del corazón”. Por eso denuncia al poeta demiurgo, al poeta barato, al poeta ratón de biblioteca que practica surrealismo de segunda, un decadentismo de tercera…

Notamos que los tres versos que yo reproduje anteriormente están en el texto de Javier. También vemos que él cita un verso del mismo poema y lo pone entre comillas, pero los otros versos no están entre comillas. Eso puede querer decir que está interpretando el texto de alguna manera personal y prefiere, por ejemplo, no ser fiel al poema y no usar las mayúsculas porque se ven raras o los matices que sugieren no le interesan. También puede ser que su copia del poema no tenga las mayúsculas, o que un corrector del periódico del que no sabemos le haya bajado las mayúsculas e incluso haya cometido algún pecadillo más. Y es que en México no decimos “barata” sino “cucaracha”, pero el texto de Javier dice “barato”. Me pregunto dónde estuvo el error. ¿Fue Javier quien al copiar las palabras se las iba dictando a sí mismo y simplemente en vez de ver “barata” vio “barato”? ¿Fue Javier quien pensó que eso era un error y en vez de citar el texto como estaba, lo corrigió? ¿Algo de esto le pasó a quien hizo el texto de Javier? ¿Fue el corrector del periódico? ¿Fue el crítico literario que quiere insultar a los que se hacen llamar poetas?

El error de transmisión, sin embargo, no es obvio. Mil veces he escuchado la frase “poeta barato” como un insulto bastante eficaz: todos los poetas quieren (aunque sea secretamente) valer mil. “Poeta cucaracha” puede ser un insulto más efectivo. Si es que tenemos un poeta al que llamamos el Cucaracha, pues lo usamos a él para representar todo lo que está mal: bien poquitos creo que quieren ser como el Cucaracha. El texto de periódico de Javier me dio la oportunidad de jugar al editor crítico. Dice Trovato, y la verdad, cualquier profesional de la ecdótica, que es bueno hacer estos ejercicios para poder restituir el sentido “original” del texto. En cierto sentido, aquí sí sirvió porque “Barata”, así con mayúscula, es mucho más denso y rico que “barato”. Eso sí, con decirle “barato” a un colega/adversario también se consigue aquello de hacerlo sentir menos, que es como sabemos, uno de los juegos favoritos de los poetas.

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Escrito por:paginasalmon

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