A pesar de ser la más comprada dentro de la industria editorial, la literatura infantil y juvenil es muy menospreciada. Todas las razones que nos llevan a tomar esta actitud frente a ella convergen en un punto en común: con frecuencia olvidamos que al desdeñarla no atacamos las obras que la componen, sino a su principal interlocutor. Este problema no nace únicamente con el lector esnob, sino que radica, principalmente, en la concepción que tenemos de la niñez y la adolescencia.

No podemos negar que seguimos enfrentándonos a un mundo hostil contra toda obra que no pertenezca al canon literario. El menosprecio o la consideración de que la LIJ es una variante menor dentro del arte se refuerza con la falsa creencia de que ponerse al servicio de los niños es algo indigno, y que la cultura es un privilegio que solo se puede aprovechar en la etapa adulta.

Varios autores considerados clásicos han dedicado con éxito parte de su producción a los niños, como Karen Blixen, Mark Twain, Lev Tolstoi y Oscar Wilde. Sus textos comparten una valiosa actitud frente a ellos: los tratan como seres pensantes, críticos y llenos de curiosidad por el mundo. Todos estos escritores han sabido que los niños y los jóvenes pueden pensar en problemas sociales, y han buscado acercarlos a mundos sumamente complejos, expandiendo la consciencia que tienen de sí y de los otros. Las literaturas dirigidas a los niños de estos grandes escritores lanzan una pregunta interesante: es fácil transmitir ideas a adultos que comparten el mismo bagaje cultural y conceptual que nosotros, pero en el ámbito infantil ¿de qué recursos podemos asirnos para hablar de trastornos mentales, violencia contra grupos marginados, o para entender la diferencia de clases y sus consecuencias?

Por supuesto, no todo el acervo de literatura infantil y juvenil busca tener un acercamiento de este tipo con los niños, pero sí se proponen algo aún más difícil: divertirlos. El humor reflejado en los libros infantiles es complejo porque entiende la posición de los niños frente a situaciones que van de lo cotidiano a lo paradójico, y porque captura las partículas de lo ridículo que hay en ir a la escuela, hacer tareas y tener que comer verduras.

La literatura infantil y juvenil pretende acercar a sus lectores a la realidad por medio de la fantasía, misma que enseña que un mundo distinto a éste, con sus valores, es posible, y los incita a tomar un papel activo dentro de la realidad. La industria editorial y los escritores poco dedicados al conocimiento de sus lectores son los responsables de que, a pesar de haber tantos sellos editoriales dirigidos al mismo público, la bibliodiversidad se vea atacada por el mercantilismo que está dispuesto a vender antes que satisfacer las necesidades de los críticos literarios que representan los niños, debido a la nulidad que se les otorga como un público capaz de discernir las obras que dialogan con ellos.

Se necesita una ampliación en la producción de recursos literarios para los más jóvenes, que los asuman como seres racionales que pueden enfrentar al mundo por medio de la lectura. Por eso, en este número de Página Salmón, los invitamos a participar en nuestro nuevo dossier “Infancias conscientes” para ahondar en la discusión sobre esta vertiente literaria y, por supuesto, para conocer las historias que acercarán a los más pequeños a diferentes componentes de realidades distintas.

Escrito por:paginasalmon

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s