Fue al mar

y trajo una fotografía

de sonidos

del mar

en la cámara de un caracol

Luis de Lion

Perderse dentro de su cuerpo le hizo ver que las peores tragedias son invisibles a los ojos de los demás. Una espiral de movimiento continuo tiró de sus pies arrastrándola a través de paredes sangrantes, órganos en función, de la respiración de alguien que ella creía envuelta en una sábana de ecos del ulular de un búho, células óseas, macrófagos, linfocitos, eritrocitos. Cayó sobre unos bultos similares al abdomen de las hormigas. Sus manos se asieron a unas extensiones que cosquilleaban. Pudo ver, a través de la poca luz que entró en el lugar, las paredes ondulantes de tejido blando, había un olor ácido que le hacía difícil respirar. Tocó la pared más cercana a ella, sintió la vibración provocada por el tacto, el suelo tembló, las paredes se mecieron, expulsaron un líquido que la empujó de espaldas para ser absorbida por el cementerio de hormigas, intentó navegar con las piernas y brazos entre los bultos, hasta lograr asirse con fuerza de una especie de apéndice mucoso. Al salir a la superficie intentó gritar, pero el grito no salió de su boca, sino de la boca del cuerpo que la tenía dentro. Escuchó una voz. Alguien, del otro lado del cuerpo que ella creía suyo, dijo que el cuervo llegaría pronto a hacer el trabajo. El cuerpo recipiente asintió y los labios de Rocío se movieron agradeciendo. Parecía ser la titiritera de su propio cuerpo, pero ¿cómo poder salir del vientre del títere que al parecer había decidido engullirla?

Desde niña comenzó a coleccionarlas en pequeños frascos. Tenía la manía de tomarlas con los dedos, arrancarles la cabeza, tirar los troncos, guardar los trofeos en una servilleta que luego abría para dejarlas caer en una sartén. Su madre siempre le decía que no friera ni comiera hormigas porque le iba a crecer un hormiguero dentro.

–Las hormigas no son para comerse, aunque tu abuela diga que sí.

Las hormigas que ves acá son pequeñas trabajadoras que llevan el alimento a los nidos, obreras que mantienen la colonia.

–Hija, tu papá y yo nos estamos divorciando.

Las reinas son distintas a las demás hormigas, son más grandes. Su abdomen y tórax están mucho más desarrollados. Su única tarea es poner huevos para incrementar el número de individuos en la colonia.

Su abuela le contó una vez de una plaga de abrojos que tenían forma de cucaracha. Viven en la oscuridad, humedad y suciedad. Los abrojos causaron muchos problemas en la casa donde ella había vivido con el abuelo y desde que se cambiaron, no volvieron a pelear.

–Mi abuela me habló de los abrojos.

Existe una hormiga que coloca plumas de aves alrededor de la entrada de su nido como trampa para que otros insectos caigan en su hormiguero y ahí puedan ser devorados.

Rocío pensó que debía conectar con ellos, convencerlos de no crear el nido. Dejó de comer hormigas y comenzó a almacenarlas en frascos para observarlas. Todas parecían hormigas normales, trabajadoras, temerosas de la especie humana.

–La abuela murió en ese pequeño cuarto rodeada de velas, hechizos e imágenes por esas cosas. Eso no puede traer nada bueno en la vida.

Rocío despertó una noche con una necesidad imperiosa de comer hormigas. Notó cómo, semanas después, sus padres poco a poco parecían entenderse de nuevo. Reafirmó la teoría de los abrojos, pasaba todo el día con la oreja pegada a las paredes, en las esquinas, buscando bajo la alfombra, la estufa, la refrigeradora, en el sótano.

Los abrojos suelen ubicarse en sitios estratégicos, sitios donde uno nunca buscaría.

El mueble donde se guardan los álbumes de familia era tan antiguo que empezaba a poblarse de termitas.  Rocío se acercó a los retratos y notó algo extraño: las imágenes parecían moverse de forma sutil. Uno de ellos desprendió unas ligas espesas en cuanto lo levantó y la imagen del retrato cambió por completo. En realidad, eran cuerpos de hormigas mimetizando y simulando las fotografías de familia ubicadas sobre el mueble. Tiró con fuerza y pudo ver un agujero que desembocaba en un abismo con millones de cadáveres de hormigas. Sobre ellos, una hormiga de mayor tamaño arrancó el cráneo de otra que, aparentemente, estaba dormida, al sentir la mirada ajena volteó e hicieron contacto visual.

Los abrojos no temen, te muerden de frente.

Rocío se estremeció ante ese ser tan pequeño, extraño e inquietante. Colocó sal alrededor del mueble. Sus padres volvieron a discutir y ella se sentía cada vez más débil, una espiral de movimiento continuo tiraba de sus pies en sueños mientras la palabra sacrificio flotaba en el aire, su cuerpo parecía estar suspendido en una especie de saco que la agitaba y la hacía sentir cada vez más pequeña, la llevaba a través de túneles, entradas hasta que se encontraba en una especie de cámara donde la respiración se le dificultaba.

Todos los días despertaba con arcilla en uñas y labios, hasta esa noche que escuchó el vuelo del cuervo, ella lo sintió posarse sobre el abdomen del cuerpo que la albergaba, sintió la vibración, el canto, un espiral de movimiento continuo succionó la tristeza dentro de la casa y dejó a Rocío perdida dentro de su propio cuerpo, su propio cementerio, rodeada de cráneos de hormigas y tierra.

Sus padres decidieron tener otra hija desde que Rocío quedó sobre la cama con los ojos abiertos, sin vida, con una leve sonrisa.

A veces, solo a veces, el cuervo puede traer de vuelta el alma para enmendar el mal.

Escrito por:paginasalmon

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