Después de haber vivido tantos años en la superficie,

he descuidado cómo llegar a la raíz.

Astrid López Méndez, Frontera interior.

¿Qué es lo primero que piensas cuando escuchas o lees “cuidado”? Parece una palabra muy familiar. Tal vez estás acostumbrada a oírla en tu esfera social cotidiana para prestar apoyo o ayuda: “te cuido los frijoles”, “te cuido a la niña”, “te sostengo en lo que haces tal cosa”, “cuido las plantas”, “cuido a mi mamá”. Por otro lado, podría caber dentro de una especie de imperativo cariñoso: “cuidado con el chihuahua”, “¡Cuidado! Está caliente”. Algunas de las oraciones más utilizadas son “te me cuidas”, “cuídate”; en estas dos convergen deseos de precaución, apoyo y cariño.

De todo deseo y necesidad se deriva la acción de cuidar porque, aunque de distintas maneras, todas somos, seremos o fuimos vulnerables: cuando enfermamos, cuando nos relacionamos con alguien, cuando estamos sanando, incluso cuando escribimos y cuando creamos. Durante todos estos procesos, ¿quién nos cuida?, ¿a quién cuidamos? y ¿por qué cuidamos? Los cuidados nacen de la aceptación de vulnerabilidad, de admitir: soy vulnerable y necesito ser cuidada; eres vulnerable y necesitas ser cuidada. Cuidar no es una actividad individual, es abrazar a la colectividad, encajar lo que las demás pueden ofrecernos con lo que nosotras podemos retribuir: es un rompecabezas de acompañamiento.

Cuidar es una “actividad genérica que comprende todo lo que hacemos para mantener, perpetuar, reparar nuestro mundo de manera que podamos vivir en él lo mejor posible. Este mundo comprende nuestro cuerpo, nosotros mismos, nuestro entorno y los elementos que buscamos enlazar en una red compleja de apoyo a la vida” (Fisher y Tronto 40). Todas somos vulnerables en algún momento y “sin cuidados no estaríamos aquí. Cuidar sostiene la vida” (Eme Vázquez).

Los cuidados están en todas partes, es importante reconocer dónde los vemos, quién los lleva a cabo y qué actividades implican cuidados. Queremos insistir en su lectura desde la colectividad, porque aquello que nos sucede a nosotras, le sucede a alguien más. Hasta aquí tal vez lo primero que pienses es en todas las actividades que se realizan dentro de una casa, que se reflejan en lo que comemos y lo que limpiamos. Pero los cuidados no solo son tareas domésticas. Se viven en la maternidad, desde el embarazo y el parto, y hasta las relaciones afectivas que construimos con familias (tanto de sangre, como las escogidas).

Pensar los cuidados nos invita a reflexionar sobre las dependencias que transcurren durante todo el ciclo de la vida, nos lleva a preguntarnos quiénes hacen todas estas actividades, sobre quién recaen y qué podemos hacer para repartir las responsabilidades de manera más equitativa.

Cuidar nos lleva a pensar sobre la salud, no solo como ausencia de enfermedad, dialoguemos sobre los procesos de sanación, pero también sobre cómo los vivimos y los experimentamos en nuestro cuerpo; cómo reaccionamos a las sensaciones que nos sacuden de pies a cabeza; cómo disfrutamos y qué cosas nos duelen; cómo aceptamos o rechazamos nuestras emociones, los sentires que derivan de ellas y cómo, a raíz de eso, nos relacionamos con lo que sienten otras personas; cómo abrazamos nuestros enojos, tristezas y alegrías.

Los trabajos de cuidados los podemos comprender, incluso, desde el mundo literario. El objetivo de la escritura no es solamente la publicación, sino también los procesos alrededor de ella. ¿Cuál es el sentido de escribir literatura sino la creación en sí misma? A fuerza, una de las actividades de los procesos de escritura es la lectura, saber que alguien más que tú misma entiende y siente lo que quieres decir. El acompañamiento es el trabajo de la editora y también es cuidado. Los cuidados editoriales no son imposiciones jerárquicas, son parte de un proceso sano de escritura.

La división del trabajo de cuidados es desproporcional porque recae, en mayor medida, en las mujeres, no son remunerados y no se les considera más allá de la esfera privada, a pesar de que todo proceso personal y político implica cuidados en su desarrollo, tanto como actividades visibles, como intangibles. Los cuidados son acompañamiento, preservación, sostén y trabajo.

Con este dossier buscamos resignificar los cuidados, pensarlos como una propuesta de resistencia y sostenibilidad para vivir bien desde el acompañamiento, el cariño y la consciencia. Proponemos cuestionar qué podemos hacer para que los trabajos de cuidados sean reconocidos.

¿Qué pasaría si dejamos de cuidar y ser cuidadas? Si como dijimos, todo proceso político y personal es gracias a los cuidados, sin ellos no hay nada.

Referencias

Eme Vázquez, Alejandra. (2021) “¿Qué es lo que sostiene la vida?”. Ted Talk. Julio 2020, minuto 0:59.<https://www.ted.com/talks/alejandra_eme_vazquez_que_es_lo_que_sostiene_la_vida?language=es&gt;. [08.09.2021]

Tronto, Joan. (2018) “La democracia del cuidado como antídoto frente al neoliberalismo”.  El futuro del cuidado. Comprensión de la ética del cuidado y práctica de enfermera. Carmen Domínguez Alcón, Helen Kohlen y Joan Tronto. Barcelona: Ediciones San Juan de Dios.

Escrito por:paginasalmon

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