Rodrigo Reyes es director de cine de origen mexicano, que reside en Estados Unidos. Su filme 499 fue estrenado en 2020 en el Tribeca Film Festival. Entre sus películas se encuentran el documental Purgatorio y el drama Lupe bajo el sol. Nombrado una de las 25 nuevas caras del cine independiente por Filmmaker Magazine, en 2016 fue elegido como miembro de la Fundación Nacional para las Artes en MacDowell Colony, y en 2017 fue seleccionado para la beca National Mediamaker Fellowship que otorga Bay Area Video Coalition. El trabajo de Rodrigo ha recibido el apoyo de Tribeca Film Institute, Sundance Institute, California Humanities Council, Film Independent, IFP Narrative and Documentary Labs, Instituto Mexicano de Cinematografía, entre otros.

Eduardo San Juan Breña trabajó en el sector de la construcción como pintor, albañil; mini-reformas a todos los niveles (fontanería, electricidad, etc.), y de cartero por distintas zonas de la ciudad de Madrid. Fundó distintas asociaciones para el desarrollo del teatro y del cine. Formó parte de equipos de producción haciendo labores técnicas en el sonido e iluminación. En 2017 debutó a nivel profesional como actor en el papel de Juan Rodríguez de Fonseca en la serie Conquistadores: Adventvm.

Rodrigo Reyes y Eduardo San Juan Breña (en personaje) en el Zócalo de la capital mexicana.

Ximena Jiménez: Rodrigo, anteriormente ya habías trabajado con los mecanismos de descolocación temporal de la ciencia ficción, para ti cuál es la importancia de las posibilidades de la ciencia ficción. ¿Crees que esta guarda una relación homóloga con el género de la docuficción?

Rodrigo Reyes: La ciencia ficción está muy imbricada con la idea de la no ficción, con la idea de representar el mundo y de reimaginar otro. Porque si tú le preguntas a un documentalista que hace una película sobre violencia o sobre medio ambiente, te va a decir «es que quisiera propiciar otro universo, otro mundo», y eso es un acto de ciencia ficción; de alguna manera estamos tratando de dar el salto. Lo que hace 499 es algo por el estilo al insertar una ficción que genera la idea de pasado, presente y futuro que se va conjugando en la película.

Es importante que les tengamos algo de cariño a los géneros porque los géneros contienen ideas, son un universo de conceptos que nos pueden ayudar a entender mejor. Siento que la parte ficcionada de 499 no nos separa de la realidad, sino que nos acerca a otra parte que no hemos podido ver porque justamente no teníamos los recursos. Dentro de las reglas del documental clásico no aplica ficcionar, sin embargo, entra esta ciencia ficción: un personaje del pasado tiene que confrontarse con una acción que es un privilegio: el poder tener 5 siglos de perspectiva. Entonces, los debates sobre la conquista de México se materializan. En mi opinión, funcionó muy bien.

XJ: ¿Cómo se tuvo que transformar tu idea del estilo de un conquistador? De una idea del conquistador (bastante quijotesca, bastante uniforme) que en estos aniversarios ya no da cuenta del presente. Me gusta la escena de las tres pistolas puestas en la mesa y siendo descritas. Después de concluir su viaje volvería el conquistador a escoger ese estilo de pistola. ¿Es posible que un conquistador abandone las armas?

Eduardo San Juan Breña: Tuve la ventaja, entre comillas, de no tener una idea tan clara de la conquista. A mi la historia nunca se me dio bien de pequeño y tampoco es que se enseñe mucho en el colegio. En España se pasa muy por encima la conquista de América. No sé cómo andará en estos tiempos, aunque intuyo que no muy allá. En mis tiempos se estudiaba a Colón y se nombraban otros conquistadores, pero no se profundizaba nunca en el tema. Eso sucedió al crecer y tener contacto con la cultura mexicana, con otros medios de información y de aprendizaje, que sí te empiezas a enterar que no fue tan gloriosa como cuentan los libros. Con esa «ventaja» de que yo no tenía una idea muy clara de lo que fue la conquista, tenía un lienzo bastante en blanco para adquirir todo lo que este proyecto pretendía contar. Y también tuve el privilegio de tener a Rodrigo mostrándome.

Recuerdo los tres primeros días nomás llegar a México cómo me expuso a todo de lo que quería que me empapara y me hizo un recorrido por toda la Ciudad de México. Subimos a la torre Latinoamericana para que tuviera la dimensión de lo que es la ciudad. Vistamos la Universidad, el Museo de Antropología e Historia, y muchas más cosas que por ahora no puedo enumerar. Fue un privilegio tener la información de primera mano y de Rodrigo, qué tan sabio es en estos temas. Además, ya llevamos un mes hablando de la película, de lo que debía ser un conquistar y tal.

La ventaja que tiene para mí 499 es que por supuesto que va de la conquista, pero no se pierde en detalles, no se pierde en nombres. Un acierto es que no es nadie en concreto pero sí es alguien que estuvo aquí. No te hace debatir o perderte en cómo pasaron las cosas al detalle, pero sí ir al fondo de lo que es la conquista.

Yo creo que sí, que volvería a elegir, como conquistador volvería a escoger la misma pistola de las tres. A mí se me presentaron. Abordábamos las escenas desde la improvisación. En esa escena las materializamos en ese mismo momento, no sabía qué pistolas había ahí, fue el interactuar con el personaje del sicario y empatizar con él. Está la perspectiva de que el conquistador también es un soldado igual como lo fue él.

XJ: Particularmente me interesaron mucho las narrativas paralelas a la trama de la película: las hijas de los desaparecidos, los intereses académicos y ambiciones para el futuro de Fátima Quintana, porque complejizan su vida más allá de la única narrativa de víctima. Siguiendo la publicación de su último libro, El invencible verano de Liliana, Cristina Rivera Garza habla sobre la investigación (la investigación de archivo para todo trabajo documental) como cuidado. Platícanos cómo intervino el cuidado en el proceso del documental y si se contrapone a la monumentalización de la víctima, por ejemplo, el caso de Tlalli, monumento a la mujer indígena que sustituirá a la estatua de Colón en el centro del país.

RR: Todo parte de la intención con la que te acercas a una persona que ha sufrido una violencia. Si llego como un señor cineasta que va a ganar premios y tal o llego a escuchar y a aprender algo. Esto es algo que yo mismo me preguntaba: «¿llego a aprender o llego a pedir algo para mi idea, mi concepto?», ahí es donde nace la monumentalización. Lo que debemos hacer nosotros que estamos fuera del umbral de ser víctimas es arriesgarnos también a entrar a un espacio donde no quedan claros cuáles son los límites y las interpretaciones que podemos hacer. ¿Qué le vamos a decir a alguien como Lorena Gutiérrez, la mamá de Fátima Quintana? «Oye, el homicidio de tu hija, su violentación se va a interpretar de esta u otra manera.» No puedes, tienes que escuchar, y en este acto de escuchar se expande tu conocimiento y también te das cuenta de que no tienes respuestas. Al ver la película nos quedamos con esas interrogantes: ¿qué va a pasar con la hija de Luis Alberto, policía desaparecido en Veracruz? ¿qué va a pasar con la familia de Jorge Sánchez, el hijo de Moisés Sánchez, que era amigo de Rubén Espinosa? ¿qué va a pasar con todas esta historias? Como en todo viaje de verdad el conquistador se las topa y no las logra resolver

Un monumento es colonizante, especialmente en nuestro contexto. Preguntabas si un conquistador puede dejar de serlo, la única manera que podemos dejar de encarnar algo violento es escuchar y permitirnos entrar en otros puntos de vista, otras formas de ser, que nos exigen incomodarnos. Lo veo a una escala mayor con el ejemplo que das sobre quién va a reemplazar a Cristóbal Colón, qué significan estos monumentos, y, sin embargo, las feministas, concretamente, no han sido escuchadas, no han tenido el poder de la palabra (oficial) para ellas construir una agenda y plantear una visión desde dentro del dolor y la resistencia. El detalle es no salir reconfortado de este viaje. Hay narrativas que nos arropan y nos ayudan a tener una catarsis muy superficial que queremos que el mundo sea así, que cuando se aborda un tema complicado queremos que haya un bueno y un malo y al final lo que es más fácil es no escuchar. Eso incide en el tema de los monumentos, se trata de no generar otro héroe, otro salvador, otro Jesucristo, sino de dejarnos con muchas preguntas y muchas interrogantes, pero propositivas.

XJ: «499» es equivalente a una herida que no cierra, es una construcción poética con la que es muy fácil de conectar, sobre todo cuando tu vida se ha visto afectada por las tragedias de la colonización, el emprobecimiento y el machismo. En ese sentido, en la película hay un fuerte trabajo poético en la voz narradora ¿tenían una idea particular de hacia dónde llevar la poesía de la película?

ESJB: En el proceso de la voz en off fui partícipe sobre lo que había que hacer y tal. El proceso final tuvo que ser decisión de Rodrigo y de quien se encargaba del guión. Yo, particularmente, pude dejar en este aspecto de la película esa idea de que la voz en off tenía que ser desde el pensamiento y había que diferenciarlo un poquito. Es difícil porque a la hora de pensar, la estructura de nuestro pensamiento no es la misma que a la hora de hablar, aunque no lo captemos así. Cuando piensas se concreta mucho más; tú a ti mismo te entiendes mejor. Así quedó en la película el pensamiento del conquistador un poquito diferente a como se habla.

RR: Yo agregaría que escribimos esa voz desde el universo del personaje, no desde mis prejuicios, sin nacionalismos, sin una crítica desde el confort de mi época; entender que él veía el universo de otra manera. Hay veces que dice cosas que te ofenden, pero él está viendo el mundo y te está compartiendo su interioridad y puedes ver las fisuras de su manera de existir y conforme va avanzando la película, en su monólogo, trata de darle sentido a la vida. Esa fue la clave para mí, yo lo tenía que respetar de una manera muy humana, él es un ente de su tiempo y él ve.

Fotografías cortesía de PIANO

Escrito por:paginasalmon

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