Aquel que rechaza la moral no es abyecto –
puede haber grandeza en lo amoral y aun
en un crimen que hace ostentación de su falta de respeto a la ley,
rebelde, liberados y suicida
.
Julia Kristeva

Hay momentos en la vida en los que no te queda más que decidir. Y siendo parte de esa minoría que puede elegir sobre su cuerpo, me enfrenté ante la posibilidad de dejar de ser yo, para ser nosotros. Podrías pensar que tu pregunta no tenía relación con esa facultad de poder crear vida dentro de mi cuerpo, pero la experiencia me enseñó que si cabía la probabilidad de que cambiaras de opinión ante la idea de ser padre, yo debía tomar la decisión mucho antes de que la duda surgiera de tus labios. El horror en su raíz latina es la expresión misma de los vellos y la piel que se eriza. Debo admitir que la idea de ser una familia me horrorizó más que si me hubieras pedido el acto más atroz que pudieras imaginar. Todas las películas gore que construyeron nuestro imaginario durante años aparecieron detrás de mis ojos incrédulos y supe que no te ibas a quedar sino aceptaba ser parte de la experiencia humana más primigenia. 

No me puedes culpar ante la aversión de tener una vida creciendo en mi interior. No eres tú el que iba a sacrificar tanto por crear una familia. Las experiencias más cercanas a nuestra naturaleza primitiva son las que más nos aterrorizan, mirarnos solo como cuerpos nos hace sentir frágiles. ¿Por qué debería avergonzarme de temer a la invasión de mi cuerpo y su inminente destrucción mientras otra vida se abría paso? Estoy muy cansada de la expresión de decepción que aparece en tu cara cada vez que me niego a aceptar tu plan. Al final, te cansaste antes y decidiste por ambos, o por los tres o cuatro que pudimos ser.

Intento recordar cuál era una de tus películas favoritas de horror y viene a mi mente Martyrs. Ni toda la sangre, los golpes y el sufrimiento por parte de Ana o Lucie me aterraron tanto como los videos de los vientres maternos que se contorsionan por el movimiento de la vida en su interior. La vida puede asustar más que la muerte, sobre todo si esa existencia está sujeta a las cosas que estás dispuesta a ceder por ella. Laugier llegó muy tarde a mi vida, mi madre, abuela y tías se habían encargado ya de aterrorizarme con historias de cuerpos en decadencia y seres que se alimentan de ti física y emocionalmente. Claro que todas eran descartadas por tu mano en el aire mientras te regodeabas de la medicina. 

Para Linda Williams el horror, la pornografía y el melodrama se intersectan en la respuesta de asco generada en el espectador por el exceso ya sea de violencia, sexo o emoción. ¿No es justo decir que la maternidad reúne los tres géneros cinematográficos que más repulsión generan en nuestra sociedad? Los tres géneros giran en torno al cuerpo y apelan a emociones que fácilmente se pueden asociar a respuestas corporales que generan excreciones: sudor, lágrimas, sangre, semen, saliva, mocos, vómito, excremento. El exceso y los fluidos corporales son las cosas que más nos aterran, pues nos recuerdan que somos frágiles y animales. Por mucho que usemos los pulgares y discutamos sobre arte, al final solo somos cuerpos en descomposición. El horror corporal bien podría ser la mejor manera de reunir estos tres géneros corporales fílmicos, y, por lo tanto, la ejemplificación por excelencia de la maternidad. 

El horror corporal fue mencionado por primera vez por Phillip Brophy en su artículo “Horrality: The Textuality of the Contemporary Horror Film”. En este texto se cimienta lo que más adelante se entenderá como horror corporal. Y que no es otra cosa que el horror ante la carne, su fragilidad y su contraposición a lo que entendemos por humanidad. La deformación corporal, la pérdida de humanidad, la metamorfosis y la psicología detrás de estos cambios físicos son los elementos que inquietan a través de la pantalla. Todos elementos que se desarrollan durante el embarazo, parto y maternidad. 

¿Cómo pretendías que me sintiera tranquila ante la idea de mutar en un ente que deja de ser dueño de sí mismo para abrir su carne a un extraño? Desde expandirme como incubadora, pasando por el movimiento de mis órganos a partes de mi cuerpo que no les corresponden, las náuseas, las prohibiciones, la pérdida de mi propio ser. El horror de dejar de ser yo para ser madre. Quizá estés poniendo los ojos en blanco ante mi diatriba a la maternidad y tu urgencia de construir algo juntos, pero no pude ser el hogar que deseabas. Así como tú no supiste ser compañero y colega hacia el final. 

Pero lo peor no es el asco, pues sin miedo, este es solo desagrado a lo ajeno. Mi aversión y rechazo a ser madre no cabe en el primer disgusto, sino que se afirma en el miedo de lo que podría significar para mí la experiencia. Se abre paso de la reacción hacia el objeto de disgusto hasta el miedo profundo del ser, de lo abyecto. El miedo y la amenaza del horror corporal y su exceso de violencia, sexo y melodrama. Si lo abyecto es esa particularidad de ser y no ser al mismo tiempo, ¿hay algo que lo ejemplifique mejor que la maternidad? Experiencia que nos vuelve un ser que no es en sí mismo, sino a través del otro. Lo abyecto no solo se establece en mi rechazo a la maternidad, sino a la maternidad misma como rechazo social. La exclusión de las madres y los niños que nos recuerdan nuestra fragilidad, nuestra humanidad corpórea y sus limitantes físicas. El terror a la baba y el excremento, al olor de la leche materna, al vómito infantil sobre nuestras impolutas vidas. No es el rechazo directamente a la suciedad o la enfermedad lo que nos hace rechazar a los infantes, es su figura como seres que perturban un sistema y un orden. Son la encarnación de lo abyecto, lo que no respeta límites, lugares ni reglas.

Sé que me tacharás de infantil, con mis miedos sin fundamentos sobre algo que no terminaste de pedirme, pero no puedo ser casa, hogar, familia, madre. Mi imposibilidad de desprenderme de mi intento de personalidad puramente conceptual y alejarme de la carne y lo corpóreo de la maternidad, no debería ser motivo de sentencia. Sobre todo, por alguien que no tiene la cercanía a un cuerpo que te exige cada mes abandonar todo para crear a otros. Mi indignación y oposición a lo que se esperaba de mí ante tu insistencia solo es muestra de la necesidad de salir de la historia maternal que se cierne sobre mí. Mi obstinación nunca fue hacia ti o nuestra vida juntos, sino a repetir una historia que no me corresponde: la historia de la línea materna de mi familia, la historia de las niñas-madre, de las mujeres que dejan de ser de sí para ser de nosotros, cuyos hijos, como bocas abiertas, devoran vidas. 

Yo no puedo con eso, y prefiero tu rechazo, al mío propio. 

Ilustración de Junji Ito

Escrito por:paginasalmon

Un comentario en “Ten cuidado jovencita: El horror corporal de la maternidad | Por Silvia Santaolalla

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