Espectral

Las hijas de eco y narciso
somos quebradizas
insistimos en la derrota
trazamos planes ficticios
en los diarios tendidos al sol.

Perdemos la humedad
vagando
de cuerpo en cuerpo
desayunamos migajas
para vomitar
el azúcar
de los postres. 

 

Menarquia

En
la matriz
permean relámpagos

bestias enjauladas
se cuelan por la vejiga
lloran.

Las niñas
tiemblan de frío
aúllan al descubrirse huérfanas.

El desmembramiento
anuncia la oscuridad del origen
ajusta el brillo anterior a la ceguera.

Las niñas
desnudas
regresan al mar.

 

Acto de contrición

No basta con ver el dedo
ensangrentado
en el piso.

Hay que descubrir
las falanges fantasmas.

Descifrar el primer paso
hacia el descuartizamiento
la elección del objeto
punzante.

Indagar en la chispa divina
capaz de expandir el útero
antes de la fruición.

 

Perspectivas

Cuando mi abuela Aura murió
sentí una parte de mí ensancharse.
Caminaba por las calles
con los sentidos alterados.

Mi espíritu se elevó
sobre la copa de los árboles.
Eventualmente cayó
en busca de un nuevo impulso.

El viento se volvió liviano
      —como nunca—
recordándome el ardor.

Cuando mi abuela Estilita murió
sentí el peso del frío.
Su alma amazónica
se aferró al colchón de la cama
y a los cuerpos de sus hijas
como una gata al filo del precipicio.

Nunca saltó.

El aislamiento
      su pulso
le fue arrebatado.

 

Cuarto de baño

¿Dónde estás?
la casa se evapora
las lágrimas cruzan para caer.

El verbo quedó oculto

sumergido en la foto de la abuela
tendido en la bañera
flotando en la voz de la nieta

que pregunta:
¿Abuela, yo sorbí tu leche?

 

Sepsis

Sus pulmones convertidos en bonsáis
agonizaron en terapia intensiva.

Con la máxima sedación
ahogamos el sufrimiento
las dosis de remdesivir
se quedaron dormidas

su cuerpo fue desahuciado
por la enfermera.

En las casas aledañas
los bombillos titilaban
sin motivos aparentes.

Olas de frío
se colaban entre las sábanas.
Las hornillas se encendían
después de haber sido apagadas.
Las puertas abiertas galopaban
en ausencia de viento.

Mi abuela visitó
cada una de nuestras casas
antes de salir al crematorio.

Los galones de sangre que perdió su hijo
no se comparan
con las tres gotas
que brotaron de su nariz
al desconectarla.

Mi abuela florece entre rosas
esperando aún la extremaunción.

Fotografía de Graciela Iturbide

Escrito por:paginasalmon

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