––¡Tienes que salir!

Podía escuchar a mi psicólogo hartarse de mí. Usualmente a la media hora de nuestras sesiones liberaba un suspiro que antes encubría en un bostezo. Ahora, a los diez minutos de consulta abre su boca como una aspiradora tratando de arrebatarme la energía que le estoy robando. No lo culpo, hace meses que tengo el mismo problema: no poder salir de mi casa. Tenía una gran ansiedad que me decía que si pisaba la calle, me iba a morir. 

––Te he dado tiempo, ejercicios que no has hecho, reflexiones que olvidas, diagnósticos y consejos que decides no escuchar. ¿Entonces para qué estás aquí, desperdiciando tu tiempo, tu dinero y mi paciencia?

El gigantesco bostezo suavizó el putazo verbal que me lanzaba. Era verdad, había olvidado adrede la función de nuestras sesiones. En un principio sí quería cambiar, pero toma tiempo y esfuerzo, y eso me aterra, por lo que transformé nuestras consultas en monólogos de una hora sobre problemas disfrazados de mala poesía amateur, ni siquiera profesional.  

Por ejemplo, de cómo al ver a un señor ya grande desde mi ventana quedarse dormido en una banca del parque me impactó tanto que me quedé paralizado en mi cama por dos semanas. O sea, no me da vergüenza que me haya afectado emocionalmente, solo que debió de ser una hora, no dos semanas. Fue un exceso por el que me dejé llevar, mi peor debilidad. 

Me he convertido en una caja de cartón aplastada, amontonada junto con todo el desastre antihigiénico que llamo vida. No sé cómo empezó todo esto, solo sé que cuando salgo, veo visiones de mi muerte. Me han atropellado, apuñalado, dos pianos han caído en mi cabeza. La más recurrente es que en mi camino para ir a la tienda, BAM, una bala me da en la nuca. Cualquier otra persona en otra parte del mundo me diría que exagero, y ojalá pudiera confiarme de sus palabras, solo que me tocó ser mexicano y mi pesadilla sucede día a día. He aquí el problema de porqué he aplazado tanto el tiempo de ponerme a prueba, me he suprimido de los placeres de vivir por temer por mi propia vida, y el significado de vivir es tocar la puerta de la muerte como si te debiera una manutención. En ningún caso salgo ganando. 

El Doc quería ayudarme, trataba de darle un giro proactivo donde yo dejara de ser la víctima de las circunstancias, pero cuando me meto en un papel, te aseguro que es difícil quitarme el micrófono. Lloraba, gritaba, pataleaba, me paraba y caminaba mientras recitaba cuanta pendejada se me venía a la mente. La verdad es que estaba solo y necesitaba que alguien me escuchara por una hora sin poder huir o callarme. 

––Tiene razón. Lo lamento. Tomaré acción, en dos semanas verá el cambio que tanto le debo.

––De hecho, te pido que sean tres semanas, voy a adelantar mis vacaciones este año.

Usualmente, si uno quiere mejorar, lo hace por sí mismo, solo que si por mí fuera, no mejoraba nunca. Otro día tengo que buscar esas ganas de verme triunfar, ahora la motivación que necesito es no ahuyentar a la única persona que todavía no me abandona: mi psicólogo.

Era un domingo a las 5:18 p.m., todo estaba tranquilo, soleado, bello para pasear e ir por un helado al parque. Ese era el plan. Unos veinte minutos, ida y regreso. Desde mi ventana me imaginé cómo caminaba por ese sendero, viendo los árboles (cuyos nombres no me sé) de un verde tan chillante, presumiendo su belleza y su osadía de estar en el presente sin caer en fantasías mórbidas. Tal vez saludara a los vecinos que ya se habían olvidado de mi existencia. ¿No te habías mudado? Jurábamos que ese lugar estaba vacío, “Hasta le decía a mis hijos que no pasaran por ahí, que de seguro espantan, y risas fuertes, como si un perico tuviera un megáfono. 

No, no, mucho empleo, ¿sabe? Tenía que decir una excusa como esa, las cortas, fáciles de entender. Podría incluso acariciar a esos perros que no me dejan dormir en la madrugada, dejándome enamorar de sus cabellos para evitar esos sueños violentos donde los despellejo a ellos y a sus dueños. Poco a poco me convencía de salir, lo tenía que hacer ahora mismo, antes de que cayera en ese hoyo de espejismos donde vivo cada una de mis vidas en mi mente, gastando todo el esfuerzo y las ganas de hacerlo en realidad. Di respiros hondos mientras caminaba lentamente en mi pasillo lleno de basura. Me dije que con este nuevo paso en mi vida, podría limpiar todo mi desorden. Giré la perilla y abrí bruscamente la puerta. 

El sol era demasiado brillante, más de lo que recordaba. Sentí una gran agitación en todo mi cuerpo. Por reflejo, cerré la puerta antes de que lo que estuviera afuera entrara. Era un mini terremoto, pasaron como dos horas antes de que me pudiera controlar, todo lo que podía pensar eran las mil maneras de morir que podía enfrentar, y con gran paciencia, gracia y entendimiento tenía que refutarlas. 

––¿Qué pasa si me balean justo cuando salgo? 

––Pues te mueres y ya, ¿cuando has visto que baleen a alguien aquí?

––No, pues no, pero el señor Fabio fue apuñalado en la madrugada. ¿Qué pasa con eso?

––Tenemos nosotros una navaja y eso fue en la madrugada, y quien lo hizo fue su hermano borracho que quería robar su auto. 

––¿Qué pasa si el hermano borracho sigue ahí?

Dos horas de esto, no entendía como mi psicólogo no se daba un tiro al oír cada palabra bañada de paranoia, locura y sugestiones. Volví a tragar aire. Ya había estado bueno, era un hombre de 30 años, podría salir sin ningún problema. Me convencí de que la mejor manera de que pudiera salir era cerrando los ojos y, aunque sonaba ridículo, lo hice. Abrí nuevamente de par en par mi puerta, salté sin pensar y sin ver a la acera, y ahí estuve unos minutos hasta que abrí mis ojos. Parecía que me iba a derretir, todo estaba con la saturación del brillo al 101%. Casi lloro de la emoción, no podía esperar a contarle mi logro al doctor Ruiz, y qué mejor logro que llevar a cabo todo mi plan.

Caminé torpemente, no sabía qué hacer con mis manos, pero no me importó tanto. La brisa me tocaba todo el cuerpo, estaba de ¿dónde te habías metido, loco? Te extrañé. Eso me dio más calma, no había nadie a quién saludar, lo cual me alivio un poco. Sería para otro día. Había desperdiciado tanto tiempo en mi encierro; debía de compensarlo, y pronto.

Vi el cielo tan celeste que parecía falso, los árboles tan coquetos bailando al ritmo del aire, el silbido de los pájaros que se andan persiguiendo unos a los otros. Todo era. Y en un segundo todo se fue. 

Y en otro todo regresó. La nada se reconstruía vomitivamente ante mis ojos, como si estuviera revelando una foto, sin que el flash se detuviese. Las manchas se encogían, se agrandaban,  pasaban de líneas a círculos, de círculos a rectángulos, de rectángulos a caras gigantescas derritiéndose junto con el espacio. 

Un flash del blanco más blanco puso todo en su lugar.

Estaba en una oficina muy pequeña, en especial para todas las personas que estábamos ahí. Los sonidos tardaron en oírse claramente. No recuerdo si me preguntaron algo antes y si yo dije algo después, solo que una de las personas tomó su laptop y me mostró el video de mi muerte.

Una camioneta de desconocidos estaba peleando con otros, mientras que la policía los perseguía. En su persecución pasaron al lado mío, lo que fue unos cinco segundos. En ese tiempo recibí 46 balas por parte de los tres bandos, aún se discute la propiedad de cada uno. 

––¿No debería de estar muerto? ––Mi voz se sentía rara, como si ya no fuera mía. A juzgar por sus caras, debí de estar gritando.

––Tienes que cumplir el juicio para decidir si los dejamos morir o no, tanto el grupo de criminales A, como el grupo de criminales B y el gobierno han entregado una demanda de toma ilícita de municiones y por tirar basura en espacios públicos–– dijo la misma persona que me mostró mi muerte.

Toqué mi cabeza para ver si tenía alguna gotera, pero nada escurría, solo había una cosa de metal arriba de mi ceja izquierda; probablemente era una bala. Mientras mis abogados hablaban, jugué un poco con esa bala hasta que la saqué. No sentí nada, no pensé nada, era yo, pero ya no me sentía yo, solo quería ir a caminar y tomar el aire dieciochesco.

––Solo quiero caminar y tomar aire dieciochesco. ––Vomité, y parecía sanguijuela de esas de río que habían comido a un bebé. ––¿Basura? ¿Tiré basura?

––Se refiere a ti, por estar contaminando el lugar por tres días seguidos ––dijo otra persona que se presentó como abogado tal, pero decidí llamarlo 55. Nunca memoricé sus nombres, así que los llamaba por los números que se parecían a sus caras. Al parecer todos eran mis abogados ahí. 

––Oh. ––Mis ojos salieron disparados de mi cara, vi todo el piso sucio, mal lavado, con manchas de tierra, ceniza y lo que parecía grasa. Unas manos muy delicatessen los devolvieron a mi cabeza. 

––Necesito ir a caminar y tomar el aire, ya se pueden ir. ––Me levanté, pero todas las manos de esas personas hicieron la pantomima de que debía sentarme. Podía ver la cara de incomodidad y tabasco con el que me miraban. 

Lulú, la interna de los abogados, a la que luego me enteré que no le pagaban nada, me acercó a mi silla y continuó matando las moscas alrededor de mi cabeza con una raqueta.

––Lamentablemente, no podemos dejarte ir debido a las circunstancias ––dijo el abogado número 44. ––Debemos trabajar la estrategia que tendremos que presentar para que el gobierno te deje en libertad post-mortem. 

El abogado 72 trajo una pizarra escrita con letra que no entendía.

––Si tu psicólogo no te hubiera influenciado con esas ideas hippiosas de vivir tu vida, de poder ser dueño de tu propio destino, estarías todavía encerrado en tu casa, vivo, haciendo lo que hacías, a tu manera.

––¿No sería mejor ir contra el gobierno y los que me dispararon?

––¿Para qué? ¿Para que nos maten y te terminen de matar? ––dijo Abogado 77; nada que comentar, en todo el proceso solo dijo esta oración.                                                                   

––La verdad no me quejaría de que me rematen, no siento nada, nunca antes no había sentido nada, usualmente sentía todo. ¿Es risible? ¿Horr? ¿Cómo es esa palabra? Se está mezclando todo como una licuadora eterna. ¿Da paz? Debería de estar gritando. ¿Lulú, puedes gritar por mi?

––Con gusto.

––No grites, Lulú –– dijo el abogado número 44 de forma despectiva.

––Ves, es esto la influencia de tu tal psicólogo–– dijo la abogada 8.21 ––. Pesimismo, depresión, sin ganas de vivir, esto es lo que hace el mundo de la medicina que olvida humanizar a sus pacientes, que solo quieren que su chequera se llene más y más a costa de la sanidad y salud de sus pacientes.

––El doc literal no me cobraba nada, tiene uno de esos apoyos para el vecindario, ya está retirado, por eso podía hacer eso. ¿Están seguros que no me pueden meter en una tumba? Siento que la negrura del olvido haría maravillas a mi ser. ¿No ser? ¿Pseudo ser?

––¡ESO ESTÁ PEOR! ¿Cómo se atreve a ayudar a personas sin licencia? Te aseguro que conseguiremos justicia ––la abogada 8.21 me dio una palmada muy suave en el hombro, pero con la presión suficiente para atravesar toda mi piel que se estaba hundiendo. Sacó su mano aterrada y se limpió en la corbata de otro abogado. 

Si uno está muerto en vida, los días se pegan como calcetas con semen que nunca se lavó. Yo tenía que decidir cuándo empezaba un día y cuándo terminaba para darle sentido a todo, aunque me llegué a acostumbrar que todo pasará todo al mismo tiempo, alhajas de seres muertos. 

Las reuniones de los abogados eran las cosas que yo podría recordar más. Digo “recordar” porque es esa palabra la que mejor describe esa situación, ya que yo dejé de sentir cualquier tipo de sentimiento, a menos que vomitara o fumara. Vomitar se sentía mal y ocioso y divertido, mientras que fumar causaba los más cercano a un faje con la muerte.

Por eso en las reuniones me la pasaba fumando o vomitando solo para distraerme, mientras que los abogados de manera similar guacareaban palabras solo para sentirse bien consigo mismos. Basándome en mis recuerdos, me decía que a pesar de haber desperdiciado mi tiempo vivo, era preferible mi destino que ser esas lacras que se aventajaban de cada cadáver que encontraban. El Abogado 909 era la persona que más me provocaba ese deseo de bañarme en gasolina y prender un cerillo. 

––Lo que trato de decir es que tienes que dar más vibra de vivo que de muerto. A nadie le gusta hablar de muertos, es un tema muy brusco para que cualquiera nos ponga atención, más a ti. Además ya se está convirtiendo en algo trillado, deprimente y abrumador para todos nosotros, a menos que se trate del mismo Jesucristo. Pero mejor no meternos en esas pendientes rocosas, por eso debemos recordarles que estás lleno de vida, debes sudar carisma para que nos hagan caso y este caso se haga más fácil para todos los involucrados. ––ranteaba Abogado 909

Cuando ya no había nada que fumar o nada que vomitar, empujaba su voz muy detrás de mi nuca hueca y me concentraba en mi cuerpo, en mis manos, en cómo nada funcionaba y sin embargo seguía aquí. Es algo que no te dicen en vida, que si dejas de sentir, lo llegas a olvidar, todo ese pozo lleno de suciedad y flores que somos. Yo había deseado, pedido al dios en el que no creo, que me dejara no sentir, por lo menos unas horas, y cuando lo conseguí, no ya no supe si era bueno, si era malo, si era un castigo onírico o una bendición misericordiosa de los dioses. Lo único que podía hacer era recordar los significados de los sentimientos, cómo tal vez el antiguo yo hubiera reaccionado ante todo este desmadre. 

Un ataque volcánico, más volcánico, error, horror, ¿eso no era lo mismo? Pues eso en doble. Tal vez apenado, frustrado, con ganas de convertirme en un pozo donde la luz no saliera nunca. Claro, claro no olvidemos el gorgojo, pero uno más fuerte, el que te hace TEMBLAR, que todos sientan esa vibración y se caigan en pedazos. 

Me iba miles de horas recordando todos esos sentimientos que se me iban de mi lengua, era brillante eso de sentir tanto. 

Poniendo el objeto en mi mente, mi situación está jodida, lo peor había pasado y seguía aquí. La justicia no me traería a la vida, ver a mis ejecutores perder la cabeza solo ensuciaría las calles ya puercas. Ningún resultado me afecta ya. 

––O me dejan morir, o me dejan ir a caminar. Ya no puedo estar encerrado. 

––Debes de confiar en el proceso legal ––decía el abogado 232––. No podrás hacer nada de esto hasta que se acabe el juicio, y créeme que haré todo lo posible para conseguir que te mueras sin perder el poco gramo de dignidad que tienes.

Daba creo que ro..ri..sa, cómo cada uno de mis abogados dio su propia versión, su propio plan, actuando como el mesías descubriendo el agua caliente. Necesitaban ese sentimiento de que ELLOS habían hecho el plan magnífico que los pondría en el mapa, pero solo eran las mismas palabras hechas puré, pasando de boca a boca para que fuera masticada una y otra vez. Al final no había plan, no había una estrategia porque cada día lo cambiaban, como a la mitad de todo este proceso ellos se rindieron con mi caso, haciendo el juicio más por compromiso.

A veces mi cuerpo cooperaba conmigo y vomitaba chorros de líquido negro cada vez que un abogado no paraba de hablar. Asqueados, huían y no volvían en días. La única compañía que tenía casi todo el día era la de Lulú. Ella se encargaba de que no huyera y limpiaba los desastres que hacía, pero no paraba de hablar de ella misma. 

De cómo todavía le faltaban tres semestres para acabar su carrera, de que su novia le había regalado un Rottweiler de la calle y ella no tuvo el valor de decirle que es alérgica a los perros, así que desde ahora hasta que terminen tendrá que tomar vacunas para su alergia cada semana. Ella no confía en la gente a lla que no le gustan los perros.

Por Lulú supe que solo Abogado 39 era el único licenciado de mi equipo legal, todos los demás seguían estudiando.

––La UXTG tomó cartas en el asunto porque creyó que tú eras todavía estudiante, tienes de esas caras como de duende, bueno tenías, perdón, casi se desmayan cuando revisaron los archivos y supieron que te habías graduado hace seis años. Para no quedar mal y verse medio incompetentes, decidieron seguir con el proceso, pero con un equipo legal menos costoso.

No entendía cómo tenía tiempo para estar conmigo prácticamente todo el día, tomar sus clases y ayudar en otros casos de su buffet, ¿se le dice así?

––Déjalo en asociaciones.

Asociaciones de pseudos licenciados de Derecho.  

Una vez se quedó dormida en la silla, infausta de sacarme los gusanos de mi cabeza. Traté de huir, pero la puerta estaba maldecida por cinco candados, con las llaves en algún bolsillo de Lulú. No era viable ni que me atrapara en el acto o que despertara. Lo que sí pude hacer fue ir a su computadora, que tenía prendida “porque me encanta poner esa música relajante con lluvia para ponerme en calma”. 

Ya tenía rato que le había pedido usarla para ver si alguien en Reddit tenía el mismo problema que yo, pero me lo negó.

––Mis órdenes son alejarte del internet.

––¿Qué van a hacer, matarme?

––Peor.

Busqué muertos en vida, sin poner el Reddit, y me vinieron todas las noticias sobre mi caso. 

Como era mi culpa por salir de casa. Mi culpa por no cambiarme de colonia. Mi culpa por juntarme con personas de mala vibra. Al pobre doc lo habían arrestado y golpeado gravemente dándole un coma todo incluido. Gente a la baba, a mis padres por haberme desheredado por mis tendencias homosexuales y de resurrección, otros los republicaban y les echaban la culpa de mi situación. Ellos habían hecho una rueda de prensa para públicamente ponerse del lado del gobierno y pedir que pagara por mis crímenes. Y parece que mi papá se pinto el cabello, se veía estatal.

Había debates enteros sobre si todo este caso era un cortina de humo para evitar que habláramos de la reforma a las ventanas, otros preguntaban que si yo en verdad era mexicano porque no parecía, otros comentarios se peleaban sobre cuál era mi sexualidad exacta por la forma en que me desplomé en el suelo, grupos religiosos de todo tipo se peleaban diciendo que era el anticristo o que esto no era posible y que era una burla más a sus sagradas escrituras, exigiendo mi cabeza en llamas. Sonaba algo abundante. Muy pocas personas se cuestionan cómo el gobierno podría evitar que cualquiera pudiese morir y los que lo hacían eran los videos más ignorados por todos. 

––Creo que ni el gobierno sabe cómo hizo esto, la verdad ––decía AndreaDd22, y tenía sentido. Parecía que la gente estaba re-abusando todas sus emociones de tener a un muerto con quien podían joder sin que se contagiaran de lepra. 

Si estuviera vivo, esto me mataría. Ya muerto, me doy cuenta de que todos son niños sin correa, gritando, subiendo y bajando las escaleras mientras se golpean la cabeza unos a los otros. No sé porque me comía mis talones de no poder salir a la vida. Si estas personas pueden estar libres, ¿por qué yo me lo había negado? 

Pero Reddit no tenía nada sobre mi situación. Fui de nuevo a mi silla favorita y traté de morirme. Cerré los ojos, pero en vez de ese negro que recuerdo haber visto, de esos que te vas y vas y vas y luego eres y no eres, solo estaba ese negro de quédate té té

No me quedó de otra. A veces no hacer nada es lo mejor y lo único que puedes hacer. Olvidar que una persona existe toma tiempo, pero se puede hacer, no tengo ninguna prisa, si no funciona, otra cosilla podría pensar.

Digamos que para ahorrar batería me quedé quieto, dejando que todo alrededor mío se acelerara por mí. A los demás parecía no importarles, me trataban como ventrílocuo o como piñata, con la mente metafórica y con literas también.  

En mi plan de escape, dejé que el tiempo se aplastara en mí, veía algunos recursos ya quemándose: un niño esperando en el autobús, como cualquier otro día, la temporada de mi encierro donde ví todas las películas que me había dejado mi tía ya muerta, luego pasaba más adelante, de cómo rodaba libre en la pradera, del juicio que no tuvo mucha audiencia, los abogados de ambos lados discutiendo a gritos cuál pito iba a salvar la democracia en este país y el juez, ya hartó, ya listo con su sentencia, incluso antes de que todo este concierto empezara.

––Debería de darte vergüenza, jovencito. Muerto aquí, sin las ganas de mostrarte vivo, lo que hiciste no tiene excusas. Por ese motivo, lo mejor que podemos hacer es sentenciarte a 50 años de prisión anti post-mortem, en la cual no podrás morirte hasta que pagues tu deuda con las personas que ha afectado tu incidente, además del medio millón de pesos que tienes que pagar por daños a la moral, a la patria y a mí, la justicia de este país, porque se supone que debería estar comiendo las mejores milanesas de la ciudad, pero en vez estamos aquí contigo. Ante esto termino esta sesión, y les recuerdo que el gobierno mexicano no le debe ni razones ni justificaciones de nada, que dios los bendiga y buen día. 

Dejé que me movieran de cárcel, a la tumba, de fiesta; igual que mis abogados, ni la justicia sabía qué hacer conmigo. Estaba en el asiento de atrás de una camioneta de policías, mientras ellos golpeaban a unos estudiantes por estar sentados y verse sospechosamente sospechosos. Era mi oportunidad. Huir era sencillo, necesitaba cualquier excusa para que ellos se deshacieran de mi cuerpo y dejarle la explicación a alguien más, solo tuve que estornudar y a esos dos policías les bastó para tirarme en la calle de madrugada y golpearme, patearme y dispararme.

––Que te crees muy listo, ¿no? Volviendo a la vida, nombre, nosotros nos encargamos de que ya no despiertes, carnal. Aquí te devolvemos con dios. 

Fue el acto más putinezco de piedad que me dieron post-mortem. Dije gracias por la ayuda chicos, pero eso los carbono más. Nunca entendí a estas gentes.

El que más se parecía a un toro embarazado pateo mi cabeza como una pelota de fútbol y salí disparado al monte donde me perdí entre todos esos árboles. Creo que lo que aquí debí sentir fue un gran torbellino que te hace invencible ante la vida.

Mi cara aplastó el coqueto empedrado, desfigurando aún más la cara iuiuiuiu que ya tenía. Me moví boca arriba, siguiendo el fantasma de la lógica que me perseguía, y miré el cielo. 

Parecía más real que de costumbre, con varios tonos de azul peleándose quién era el personaje principal de esa pintura, los árboles estaban inmóviles, asados del aire que claramente los había despellejado y no se escuchaba ningún pájaro. 

Era libre, rodé y rodé y rodé, rodeando todo el mundo, a todo mundo, haciendo tiempo mientras que la muerte me recuerda, y si no, aquí con la vida también se está.

Imagen de Elke Verstraeten.

Marco Coutiño (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, 1997). Comunicólogo Audiovisual. Ha trabajado como community manager y content creator para diferentes empresas y clientes, produciendo diseños, videos, y reels. Amante del gym, música, cine, y ver a otras personas divertirse. No le gustan las piñas coladas, ni caminar bajo la lluvia, no le agrada el yoga, y sí, de hecho, tiene medio cerebro.

muerte, zombi, sátira, leyes

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