En septiembre del 2010 Natalie Di Resta inauguró un blog personal en Tumblr que continuaría alimentando hasta el 7 de agosto del 2016, fecha en la que le pareció pertinente escribir un último post donde expuso, entre otras razones, su creciente falta de interés por el proyecto que había iniciado hace 4 años, tiempo en el que Chewmark pasó de la lógica generalizada de compartir lo que me gusta, whatever I like a conformarse como una colección de imágenes y comentarios con un sentido muy claro: la hibridez entre objetos artísticos y científicos.

Diagramas, portadas y portadillas de libros científicos, digitalizaciones de pinturas, respuestas a comentarios personales, selfies y escrituras científicas conforman, en líneas generales, esta antología que tiene como extensión varios años y épocas de su vida. Nat es de origen costarricense y al parecer su identidad transita entre este espacio y el de su residencia en Orlando, Florida. Como filtro hacia el punto que me gustaría extender, cabe decir que los apuntes autobiográficos, menos numerosos, tienen la misma relevancia que el resto de las publicaciones, pues a través de la autofotografía y el retrato, por ejemplo, cohesiona con el poder de su imagen el blog: se apropia, produce afectos y pone claro quién dedicó tiempo al trabajo asociativo.

─How do you find all this art? ─Mostly by browsing Flickr and artists websites. I always post a link with the images to the source if you’re interested.” [abril 17, 2013]

“─Are you studying science/maths/philosophy/physics/chemistry or something related to the field of investigation around the human being? ─On my own, yes. I do not study it in school. I’m just interested in a lot of things.” [31 marzo, 2012]

En este tipo de preguntas y respuestas los datos biográficos se compaginan con el contenido. En publicaciones subsecuentes uno se entera de que la autora entró a la universidad para obtener un grado en ciencias computacionales y eso afecta en el aumento de esquemas y representaciones de secuencias lógicas. Los paratextos que intitulan al blog son unívocos: “Blog about Art, Science, & Myself” es la descripción y un subtítulo que marca una intencionalidad: “Visual learning”.

Lo que Nat muestra, más que una propuesta de curaduría digital, como todo lo relacionado a la estructuración, elementos y disposición de un blog, es una poética que logra atravesar por lo menos dos discursos. En la misma dinámica del arte contemporáneo que descontextualiza objetos al desplazarlos, en Chewmark encontramos piezas que presumiblemente formaban parte de otro conjunto. Para no hablar en abstracto: el 13 de enero de 2014  reblogueó una pieza que tradicionalmente había visto como ilustración de un texto científico que proponía como ejemplo un sistema aislado llenado con gas, cuyas moléculas estaban acompañadas por una flecha de dirección irreversible, todas apuntando hacia áreas distintas. Desprovista casi de escritura (excepto por la intereferencia de un título a pie de foto como no queriendo estar: “Atomic diagram”) puede aceptar un número de interpretaciones fuera de ese código: ser metáfora, funcionar como un poema visual o simplemente ser una imagen, la lógica de una trama por llenar, etc. Es decir que puede ser estudiado bajo el término de transpoética, o sea un objeto que fue movido de un contexto en el cual tenía un código y pertenecía a un discurso más o menos específico y que al ser trasladado adoptó el código del contexto recipiente sumando funciones y a la vez perdiendo otras; es un conjunto de círculos y flechas, es la representación de la dinámica de un gas: dos cuadros separados que conservan un cierto número de elementos iniciales que en la segunda imagen aumenta y que, en una potencial tercera imagen, podría aumentar más.

El prefijo trans- apunta directamente al proceso de conversión que sufriría una pieza al ser traducida a otro medio. Entonces transpoética apuntaría al proceso de traducción de una poética a otra, considerando que el discurso científico (en general) posee su propia poética.

“También supo que observaba en las ciencias a la poética del nuevo siglo, y que, también igual que él, compartía punto por punto los versos de la canción de Astrud, ‘Qué malos son nuestros poetas’. En esa página web también pudo descubrir que practicaba con furor una tendencia estética denominada por el mismo narrativa transpoética consistente en crear artefactos híbridos entre la ciencia y lo que tradicionalmente llamamos literatura.” (Fernández Mallo 32)

En este momento no me atañen las decisivas condiciones tecnológicas para la proliferación de estos discursos híbridos, sino que busco explorar un fenómeno extendido en tiempo y medios, una preocupación que hicieran, por lo menos ya explícita, los autores realistas: “Por descontado que el análisis que he intentado realizar en Thérèse Raquin no los sorprendería; verían en él ese sistema moderno, esa herramienta de investigación universal a la que recurre con entusiasmo nuestro siglo […]” (Zola)  Del término transpoética sólo tengo aquella definición inserta en el libro del escritor español Agustín Fernández Mallo, Nocilla Experience (2008). Claro que se anuncia en él más la acuñación del término postpoética, pero como otros artículos que encontré, este término anota a cierto estado avanzado y renovador que no me preocupa de momento: “Fernández Mallo viene a decirnos que la “postpoesía” es un producto avanzado de la posmodernidad y algo así como la nieta rabisca y vivaz de Vattimo y compañía.” (De Villena)

A manera de introducción a este tema sintetizo en 3 intenciones, 3 direcciones, sin descartar las propuestas que habitan los intersticios y las variantes de las mismas: que son un intento de proporcionar categorías para estudiar los objetos que puedan considerarse como parte de un discurso híbrido.

1) La inclusión de lo científico como tema, imagen, metáfora, referencia o mención.

2) La estructuración bajo la aquí supuesta poética del discurso científico.

3) La validación intencionada con miras a transitar por ambos discursos, una obra que además de incluir (1) y (2) hace explícito su funcionamiento.

El primer punto, aunque trillado, es la división debido a la intencionalidad de estos dos discursos, artístico y científico, en donde el argumento de mayor peso siempre ha sido una supuesta aplicabilidad que busca uno y no otro. La aplicabilidad de todas las ciencias ─al menos hasta ahí estoy enterada─ depende de otros departamentos o llámense disciplinas que aquí englobaré como ingenierías, medicinas y pedagogías; y en otra división el destino que han sufrido las ciencias para validarse a través de la aplicabilidad ha sido a consecuencia de los grandes o pequeños presupuestos (por lo general gubernamentales) necesarios para llevar adelante sus trabajos e investigaciones. Pero sin tratar de generalizar por ignorancia, en algunos laboratorios a lo más que llega la aplicabilidad como afán es a seguir observando tal o cual fenómeno apegándose a una tradición de estudio o buscando innovar dentro de la misma, y por supuesto crear textos (‘objetos creados’) que la mayoría del tiempo pasan por la actividad de ‘generar conocimiento’. Por alguna de estas constricciones (me explico) el discurso científico ha transitado por otros medios. Lo que algunos artistas científicos buscan es intercambiar esa supuesta validez de la ciencia por la supuesta trascendentalidad del discurso artístico.

Los dispositivos que me interesan son aquellos que han dejado de lado estas suposiciones y existen autónomamente sin dar cuenta de una hibridez artificial o que han sido trabajados como superposiciones. El punto que quiero describir aquí es aquel del argumento y la trama. He observado que los objetos que pueden considerarse transpoéticos están por lo regular conformados por un cómo-trama aportado por el discurso científico y un qué-argumento descrito por una narativa literaria, como si las secuencias particulares del texto abrevaran de tradiciones científicas y los elementos fueran caracterizados por los recursos literarios. El efecto estético se produce al saber que se está ante una observación (representación pasada por observación), dígase simulacro y no una interpretación o representación ficcional declaradamente. Una imagen no degradada, no una copia, sino una imagen liberada de una versión original.

Mallo dice que cualquier intento de literatura que actualmente no tome en cuenta la visión científica carece de toda validez, esta oposición me pareció en principio anacrónica, más bien anacronizante, pues el género de la ciencia ficción (y textos fuera de él) al menos desde hace dos siglos ha trabajado (a veces no con tanto éxito) bajo estos principios sin parar a excusarse en su validez. Sin embargo, y como postura ante la ligereza con que algunos estudiosos toman esta etiqueta, no haré menciones ulteriores, pues la ciencia ficción como un universo tiene cabida para expresiones que no necesariamente estudiaría como transpoéticas.

Para ejemplificar las tres direcciones que enumeré, tengo un puñado de narraciones (aparte del blog de Nat) en obras y fragmentos que inicialmente estarían todos dentro de (1), pero que sin mucho esfuerzo las veo moverse y fundirse de nuevo entre dos poéticas, que acaso en principio nunca se pensaron separadas.

a) (Y sólo porque la acabo de ver) Only lovers left alive (2013) de Jim Jarmusch: la penúltima escena cierra el argumento con la que metáfora o no, comprobada o no, de la existencia de ciertas partículas entrelazadas que, como los amantes que se encuentran en lugares distintos del universo, sobreviven, mueren o bailan paralelamente. La película estaría en el número (3) sólo hasta estos necesarios y últimos minutos.

b) La primer parte de “La ardilla” de José Watanabe: “Una ardilla, cumplida, diaria, viene a mi balcón./ Recoge nerviosamente el pan que le dejo y huye al bosque./ Su huida es como guiada/ por otra ardilla que sale de sí misma y la antecede/ un segundo/ siempre,/ y aún detrás de ella va dejando otra, un ágil trazo/ que se desvanece milagrosamente en el aire ordinario./ Así la ardilla va como un curioso juego óptico de veloces figuras/ que nunca encajan./ Es como la vibración de alguien que corre detrás de una verja […]”. Para mí la palabra clave es “vibración”, sustituyamos al animal “vibrátil” por alguna partícula detenida para su observación, su multiplicidad aparente estaría dada por la representación que la distribuye en el tiempo y nos permite predecir el punto al que se dirigirá. El obstáculo que representan las partes de la reja (en dialecto mexicano) nos permitiría ver la multiplicación de la partícula y el cambio sufrido en su movimiento que la hace distinta en cada momento. Este poema sería un inintencionado (2)

c) Nocilla experience (2007). El libro está dividido en 112 textos numerados y entre ellos encontramos, al principio de la lectura, un alto grado de desconexión. Por un lado tenemos una especie de estampas literarias, microrrelatos, citas y diálogos de películas. Aunque son textos diferentes, estas diferencias tan marcadas se neutralizan por el hecho de ser un número cerrado de temas, formas, y campos semánticos que empiezan a establecer redes en su periferia. También descubrimos estructuras imaginarias basadas en relaciones, experiencias y economías científicas que buscan dar profundidad al texto y que contrastan muy bien con “la irrelevancia humana”. La tesis más anunciada del texto es la de destruir la consagrada analogía borgiana de concebir al universo como un juego de ajedrez. Para Fernández Mallo el ajedrez en términos de posibilidades es un sistema cerrado cuyas jugadas ya están todas dadas por las reglas del mismo, en vez propone al parchís como modelo de su poética porque en él los encuentros (los encuentros entre las personas tal vez) de las fichas modifican más allá de lo predecible y lo cognoscible los sucesos. Sería un número (3) al leerse por completo.

d) La elegía “In Memoriam A.H.H.” (1850) de Lord Alfred Tennyson, que toma parte del debate teológico y científico que representó la teoría de la selección natural de Darwin en la época victoriana. “Are God and Nature then at strife,/ That Nature lends such evil dreams?/ So careful of the type she seems,/ So careless of the single life;/ That I, considering everywhere/ Her secret meaning in her deeds,/ And finding that of fifty seeds/ She often brings but one to bear, […]”, y que en su canto número 56 (de 113) se apropia de la frase “Nature, red in tooth and claw” usada tanto como por los defensores como por los detractores de la evolución. Un (1) que con el tiempo devino en (3).

All of the above more or less dear to my heart.

Ximena Jiménez

Fotografía de Isma León

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Posted by:paginasalmon

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