[La siguiente columna fue escrita para horarios diurnos. Toda lectura más allá de dichos horarios queda bajo la responsabilidad del lector.]

Quería poner unos links aquí y evitarme la fatiga de explicarles, pero como ya pasó el depósito de los jefes [saludos jefatura], agárrense que ahí les va con ganas. Primero hay que aprenderle a la onda interactiva, porque, como diría mi abuelita, no es nomás enchilamésta. La interacción del receptor es un elemento que, a pesar de encontrarse pasivamente en varias [neta no sabemos cuántas] obras del siglo XX, hemos alcanzado a concebir [de un modo complementario (o por decirlo fácil: con la tecnología de ahorita)] hasta hace un par de décadas [ni festejen, que todavía nos falta un chingo]. Más allá de los videojuegos, hay un espectro amplio de interactividad, en el cual también encontramos niveles. Podemos ir desde build it yourself como Super Mario Maker, hasta see it for yourself. Durante algún tiempo fui tropezándome con estas historias, pero fue hasta hace muy poco que me he dado a la tarea de analizarlas. La multimedialidad es un ente reformador de este tipo de narraciones. Al principio advertí que no me haré responsable por el horario en que decidas leer la columna, sin embargo, te pediré que, a partir de ahora, pongas tus audífonos a un volumen adecuado antes de entrar a cualquier hipervínculo.

Y ustedes se preguntarán: Querido Pez, ¿dónde está la parte gráfica de esa narración si nomás son unos mensajes apareciendo en la pantalla? Bueno, en este modo humilde [pero no corriente] de interactividad, lo que parece simple es un mecanismo complejísimo [bueno, no tanto] de narración. Esta cosa de los mensajes y los nombres de colores que aparecen como si fuera WA, el modo en que algunos mensajes se retardan o cuando parece que alguien está escribiendo, eso es lo gráfico de la narración. ¿O mejor vamos por partes? Sale.

Esta cosecha de historias [de Gran Reserva, tonalidad oscura, buen cuerpo, bouquet intenso y sabor acidulado] se dio de la mezcla de dos uvas del mismo viñedo: la leyenda urbana y el terror folklórico. Dos uvas, sí, al final distintas, pero uvas. Digamos que su buena mezcla es resultado del avance tecnológico y la tradición oral. A pesar de que parten de la viñeta como unidad mínima de narración, lo que cambia radicalmente es su efecto en el receptor. Gracias a la multimedialidad (bendita tecnología), la viñeta se resuelve en sí misma cuando el creador lo considera estética o argumentativamente necesario (como cuando el personaje se acerca bien dramático). Del mismo modo, elementos externos a la configuración espacio-visual del cuadro [elementos que antes solamente podíamos insertar de modo casual no medido por su carácter temporal (o sea música y efectos de sonido, pacabar pronto)], que pertenecen a la categoría temporal y de perspectiva de la obra, ahora los programamos para que suenen en el momento justo (como que tiemble el personaje y así). El resultado es una experiencia completamente diferente a la que habíamos tenido como lectores desde la creación de la narrativa gráfica. Así, con estas armas se puede reinventar la narración y llegar a un lugar diferente (y aunque no les parezca, como dicen: yo no inventé la lluvia, solamente tengo un muy buen paraguas). Aunque mentiría si dijera que esto no se puede replicar físicamente en soporte papel [o sea en libro], mediante mecanismos complejos como pop-ups musicalizados, ¿pero ya habrá alguno?

Mira, no todo es miel sobre hojuelas: en este modo narrativo hay pocas posibilidades de experimentación, sé que te sorprendí y todo, pero velo críticamente. Es un método lineal que va del punto A al punto B y ya. Igual, una vez que has experimentado suficientes historias hechas así (digamos 5) todo se torna predecible. No niego que su efecto al momento del impacto sea el mismo [pinche sustote tamaño laxante de caballo], solamente digo que… ya se veía venir. ¿Podríamos decir que estos comics multimediales son un puente entre la cinematografía y la narrativa gráfica? Más o menos, pero la columna de cine es en el depa de al lado, ahí le preguntas al vecino.

Ahora vamos a lo verdaderamente chido. Quiero que entres al siguiente hipervínculo, sin miedo [que solamente Judas temió] y quiero que tengas en mente la propuesta después de los dos puntos (¿te sientes con suerte?) va: No necesitas ningún diálogo, es más, no necesitas ninguna señalización más allá de tu sentido común para entender la historia. ¿No me crees? Apuéstale. Qué bueno que elegiste esta opción porque en la otra no hay ni puntos. Pero, a ver, pásale por acá que vas a la salida.

Opción Pez

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Escrito por:paginasalmon

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