“La movilidad social existente en la esfera del arte
corresponde a la marcha total de la historia”
Arnold Hauser

Para Theodor Adorno el artista es un sujeto libre en la medida en que su interés está en el arte en y para sí, es decir, en su producción con conciencia libre (producción no en sentido mercantil). Este planteamiento aporta importantes pistas sobre la función real y posible del artista y, en esa medida indica cómo abordar el estudio del arte, constituyéndose así en una fuente interesante para provocar lo que podría denominarse una epistemología del arte. Cabe anotar que la aproximación que aquí propongo parte de la idea de Adorno sobre la importancia de entender el arte como un fenómeno complejo intervenido por actores y situaciones complejas y, en esa medida, entra en diálogo con otros autores y líneas de pensamiento.

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Si se parte de la idea de que el arte constituye la máxima abstracción de un ser humano acerca de su sentir en el mundo, y que ese sentir está condicionado por el medio en que se produce, entonces se tiene una actividad individual y colectiva a la vez, productora de sentidos y producida por un medio y un momento histórico particular; de modo que el arte y la sociedad se crean y se retroalimentan mutuamente. Pierre Francastel en su libro Sociología del arte plantea sobre esta relación que en todo objeto de arte es posible hallar puntos de vista sobre el hombre y su mundo. Vale la pena resaltar el hecho de que el autor habla de puntos de vista y no del mundo como tal, o sea, que el arte no es una copia del mundo material o natural, sino que se trata de la manera como el hombre percibe dicho mundo, así, el mundo en el arte tiene múltiples representaciones. En tal sentido, el arte, el espacio de la representación, afecta a la sociedad y la sociedad lo afecta a él, y es el artista, su historia particular y la historia de su espacio físico y cultural, quienes van develando el mundo, pero también es éste, el que permite comprender dicha representación. En Sociología del arte, Arnold Hauser expone de manera muy clara esta simultaneidad entre arte y sociedad: “A cada cambio ocurrido en una esfera corresponde una alteración en la otra, y este produce a su vez un cambio ulterior en el sistema del que partió la alteración” (201).

Una forma de estudio sociológico contemplaría el análisis de una obra y la comprensión de su momento histórico, necesitaría de una mirada integradora que le permitiera ver la complejidad de las relaciones que se dan tanto en la esfera social como la de la obra misma. Se trata de no reducir el análisis bien sea al factor natural (geo-físico), generacional, étnico, a la posición social o a la psicología del artista y al factor cultural y, de igual modo, de no prescindir del papel que desempeñan cada uno de estos aspectos en la vida histórica de un pueblo.

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Al abordar un espacio físico en particular, por ejemplo, se deben tener en cuenta los movimientos poblacionales y migratorios de diferentes grupos étnicos y socio-culturales pues afectan ese entorno, que a su vez produce cambios en las dinámicas sociales y por supuesto artísticas. En otras palabras, el espacio debe concebirse como el estudio de las revaloraciones de las condiciones materiales y socio-culturales producto de estos movimientos.

Un campo de abordaje altamente complejo lo constituye el artista, su posición social, su condición política o su psicología. En primer lugar, se trata de superar la relación artista-obra que desconoce en éste su historia social y su posición frente ella. La obra de arte, en términos de lo que plantea la estética marxista, no habla de ese artista, ni siquiera de su realidad, habla en términos de la ideología que contienen las imágenes, en otras palabras, plantea que la obra de arte es una concreción ideológica. Desde otro ángulo, la obra le pertenece, por ejemplo, al artista que no comparte ideas políticas cercanas a su posición social y al que dista de las ideologías de su público, de allí que buscar estudiar una obra estableciendo sólo la relación con la clase social del artista podría llevar a grandes equívocos. Hauser lo expone de la siguiente manera: “Mas el hecho de que el artista sea incapaz de disimular su pertenencia a una clase no significa en modo alguno que su posición de clase se deduzca claramente de su estilo. Theodor Adorno ha mostrado, por ejemplo, lo poco que una situación financiera parecida condiciona un lenguaje formal semejante entre los compositores y lo a menudo que el carácter de su estilo artístico contradice esa situación” (258). En resumen, no se conoce al artista sólo por su obra, ni a ésta sólo por el artista. Para ello es necesario llegar a la esencia de la obra, es decir, a aquella que, a partir del análisis de forma y contenido, nos permite develar los signos de un momento histórico y de su sociedad, y con ello las formas de producción dominantes en las que se inscribe, por supuesto, la producción artística.

Tanto en el caso del estudio del arte en un espacio físico determinado, como en el caso de la posición social del artista, se pretende mostrar lo peligroso de las reducciones y las generalizaciones y la necesidad de un trabajo de carácter histórico, complejo y dialéctico.

El punto al que se quiere aterrizar aquí subyace en la responsabilidad del arte como transmisor o no de la ideología dominante. En este sentido expresa Francastel: “El arte ha terminado por transformarse, a través de algunas de sus formas, en uno de los instrumentos de propaganda más eficaces y que han informado ampliamente la conducta de las multitudes durante varios siglos” (33). Dejamos de lado el llamado arte por el arte, cuyo interés estriba en la coherencia interna de sus constituyentes, trátese de un cuadro, de una composición o una escultura, en otras palabras, en el valor estético de una obra como fin y como medio de sí misma.

Para hablar de sociología del arte en el sentido al que apunta esta aproximación, hay que referirse al tratamiento que da el artista a los temas de la ideología dominante, su posición frente a ella, a los motivos que llenan de contenido su obra y a la forma en que ha decidido comunicarlos. Aquí vale la pena detenerse para hacer énfasis en que si bien hay unos contenidos que deben ser tratados, el punto clave está en cómo se han dispuesto, así entonces, las ideologías no se encontrarían tanto en el contenido de las imágenes como en la forma, o sea, en el estilo que se emplea en el tratamiento de un tema. De acuerdo con Nicos Hadjinicolaou en su libro Historia del arte y lucha de clases, el estilo se entiende como la ideología en imágenes: “Una combinación específica de elementos formales y temáticos de la imagen a través de la cual los hombres expresan la manera en que viven sus relaciones con sus condiciones de existencia, combinación que constituye una de las formas particulares de la ideología global de una clase” (97). Aquí aparece la relación imagen-ideología-clase social, que es una de las maneras de abordar este estudio.

Para llegar al punto central de un estudio sociológico del arte como el que aquí se propone, es indispensable comprender el lugar de éste en las estructuras del Estado.

Siguendo a Marx, Louis Althusser entiende que en toda formación social hay un modo de producción dominante detentado, a su vez,  por una clase dominante, y el objetivo de dicha clase es mantener su hegemonía y para ello debe procurar, por todas las formas y vías posibles, la reproducción de sus modos y relaciones sociales de producción, pues sólo así se materializa la esencia de la existencia y naturaleza de un Estado: la cual mantiene el monopolio del Estado a través de las instituciones o aparatos de éste. El Estado, según Marx, se define como la fuerza de ejecución y de intervención represiva al servicio de las clases dominantes. Es decir, hay un Estado que cuenta con unos aparatos de Estado para asegurar la permanencia de unas clases dominantes en el poder y garantizar la reproducción de un modo de producción particular; estos aparatos de Estado se sirven de la coerción, represión de la fuerza para tal fin. Pero también existen los aparatos ideológicos del Estado que se presentan ante la sociedad como instituciones independientes y especializadas, encargadas de imponer un pensamiento dominante mediante el estímulo emotivo y sensible; entre los muchos aparatos ideológicos se hallan las bellas artes.

 En el caso de Hadjinicolaou, que se mencionó anteriormente, toda formación social está compuesta de tres instancias: el nivel económico (que es el básico y determinante en esta formación), el nivel político y el nivel ideológico. Los dos últimos niveles determinados por la relación entre ellos con base en el nivel económico, que es el que determina la clase social y por supuesto, el modo en que se da la lucha de clases. El campo de la lucha de clases se evidencia también en el nivel ideológico, en el que se manifiesta una adecuación o inadecuación de lo real, es decir, que las tres instancias coexisten, siendo la ideológica la que trata el tema de la representación. Tanto en la tesis de Althusser como en la de Hadjinicolaou, se corrobora la idea de que el arte no es reflejo fiel del mundo, sino de cómo se ve el hombre en él, de cuál es su relación, específicamente hablando, con la ideología dominante.

Volviendo a Althusser y en concordancia con Hadjinicolaou, la relación entre ambos aparatos (o instancias) es de simultaneidad, es decir, que los aparatos de Estado y los aparatos ideológicos de Estado se dan a la par: toda acción represiva del primero va acompañada de una ideología y en cada aparato ideológico hay un componente de coerción. Así como el aparato de Estado procura la permanencia de unas formas de producción dominantes mediante la coerción y la fuerza directa, los aparatos ideológicos procuran la permanencia de las ideologías dominantes, o sea, aquellas formas de pensamiento de la clase que ostenta el poder. Es entonces por intermedio de estos últimos, que se logra la armonía falsa, o hegemónica que justifica la permanencia de una clase en el poder; un ejemplo claro de ello es la iglesia. Esta armonía la expresa Hadjinicolaou en el sentido en que la ideología tiene por función disimular las contradicciones reales; reflejar unidad. En otras palabras, ignorar o fingir ignorar la existencia del antagonismo de las clases sociales para perpetuar la dominación de una de ellas a través de la afirmación de sus valores, que se presentarían como los valores del todo social. De esta manera, la ideología representa al mundo positivamente, mientras que las imágenes que subvierten tales valores están representando al mundo críticamente, el autor las ha denominado ideología positiva e ideología crítica. Pero para comprender el sentido de lo positivo y lo crítico es preciso revisar el concepto de ideología.

Para Marx, ideología es el sistema de las ideas, de las representaciones que dominan el espíritu de un hombre o un grupo social; no son las relaciones reales de los hombres con sus condiciones de existencia, sino las representaciones que se hacen los individuos sobre esas relaciones. Dichas representaciones se dan en lo concreto, la ideología tiene una existencia material, siendo una de éstas la obra de arte. La ideología dominante, a fin de lograr su cometido, toma rasgos de los modos y formas de vida de los dominados, disimula así ser dominante y mimetiza la dominación. Este proceso de mimetización se logra precisamente por las formas que toma, Hadjinicolaou lo llama “ideologías estéticas”. En el caso de este trabajo, ha de denominarse ideología estética de la música.

Luego entonces, se va comprendiendo la importancia de estudiar el momento histórico y el modo de producción dominante en tanto su expresión ideológica: “El arte es un importante medio de educación ideológica […] en la sociedad de clases el artista no puede hallarse independiente de la sociedad, de los intereses de determinadas clases y, ante todo, de los intereses políticos de las mismas” (255). No obstante, la lucha de clases no es visible –en mayor grado‒ en las obras de arte, es el efecto que producen éstas lo que se hace visible.  Se trata aquí de analizar en un espacio y tiempo determinados a los sujetos y sus representaciones sobre la relación con ese espacio y ese tiempo, pero no es un análisis vertical, sino más bien dialéctico, en espiral, por cuanto ya habíamos planteado que la afectación se haya determinada por la interrelación de una sobre la otra en constante movimiento.

Al retomar aquí el punto de vista marxista encontramos que el campo ‒en el sentido en que lo advierte Bourdeau como un espacio de tensión entre los dominados y los que dominan, unos para cambiar su posición, los otros para permanecer en ella‒ que se pretende abordar, está caracterizado por una lucha de clases que en su antagonismo no siempre -reiteramos- es visible en el contenido de las imágenes, pues, como se ha dicho, la ideología intenta cubrir las diferencias, suavizar las tensiones. ¿Dónde entonces hacer el rastreo por una ideología crítica o positiva? En la forma, o mejor en el estilo, en el instrumento y la técnica y por supuesto en el tratamiento de un cierto tema.

A manera de ilustración se puede presentar el caso concreto de la música, en el que es necesario retomar lo dicho sobre una de las estrategias de las que se vale la ideología dominante: la apropiación de formas o estilos de la clase dominada. Esta apropiación le permite devolver una imagen trastocada pero no diferente de la relación entre clases, una imagen positiva con una sutil modificación estética, que depende del modelo estético validado por la clase dominante y, un ligero cambio en el contenido de la misma. Vale aclarar que las palabras “sutil” y “ligero” no se corresponden con el efecto que tienen para el campo de la lucha de clases y para la formación o estructura social, ya que es justamente lo que logra detentar el poder de la clase dominante. Así, el estilo se convierte en una expresión ideología de imágenes, y es por medio de su análisis histórico y social que se define cierto tipo de manifestación ideológica como positiva o crítica.

Ahora bien, una vez se ha devuelto la música a la clase dominada (si el artista pertenece a esta clase social mayor efecto tendrá sobre ella), ésta hace una apropiación de ella logrando así el objetivo del aparato ideológico de Estado o de la ideología dominante, esa música le pertenece sólo en parte y con ella no logra más que hacer parte de un todo social positivo, sin grandes diferencias y conforme con el aparato de Estado o con la instancia política de la que habla Hadjinicolaou. Así pues, la música de origen popular es la candidata para convertirse en la música nacional, con imágenes idílicas de una nación, una estética y unas formas validadas por la clase dominante.

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La aproximación que aquí se propone sobre cómo llevar a cabo un estudio sociológico del arte, parte de considerar las tres instancias de toda formación social o en términos de Althusser, los aparatos de Estado y los aparatos ideológicos de Estado (estructura y superestructura) para tratar de dilucidar la ideología de imágenes, que en este caso en particular refiere a imágenes sonoras, con base en los modelos estéticos validados por la clase dominante.

La base dialéctica y compleja que subyace en esta aproximación permite una mirada amplia y crítica de la cuestión del arte en tanto fenómeno social. Develar la historia a partir de la obra de arte es develar una estructura social y unas lógicas de producción y dominación, y ello implica necesariamente, no dar lugar a las reducciones o a las generalizaciones y asumirse, en tanto investigador, como sujeto también de una u otra posición ideológica.

Podría decirse que una obra de arte constituye en cierta medida una autobiografía del artista y a su vez, un rasgo de la historia social de una época, puesto que el artista propone un punto de vista desde el cual él y un colectivo miran el mundo (bien en sentido positivo, bien en el crítico). Ante la ausencia cada vez mayor de un arte movilizador del espíritu y el pensamiento crítico, en el sentido y términos en los que es planteado por Adorno, surge el arte de mercancía o la música ligera, que sirve al sistema dominante en tanto coloniza y aliena dicho pensamiento por cuenta de la estandarización y repetición de sonidos y ritmos. De lo anterior, se deduce la imperiosa necesidad de asumir desde la sociología una mirada de vuelta al materialismo histórico y dialéctico, de modo que le confiera a ésta una posición desde la cual sea posible develar el sistema de dominación que se ejerce desde y con el arte.

La música, un tanto relegada de esta mirada crítica, es precisamente uno de los instrumentos predilectos para la perpetuación de un sistema de dominación, so pretexto que el arte en tanto música está fuera de toda relación, influencia y vinculación con la totalidad social, es decir, con la lucha de clases que se da veladamente en la pretendida visión única del mundo y por supuesto de la música. Sin embargo, como se ha tratado de constatar, esto no es del todo así. En este sentido es que se propone la orientación crítica para este trabajo.

Imagen tomada de Pinterest

Posted by:paginasalmon

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