Cada que uno escribe o lee sobre arte se pregunta, o sabe de antemano, desde dónde lo está haciendo. El tipo de texto que va a encontrarse es distinto en cada caso. Cuando nos asomamos a un periódico, a una revista, a Facebook, a Twitter, encontramos cada día unos cuántos artículos sobre las exposiciones recientes o sobre sus escándalos, sobre bienales y sobre artistas fallecidos, entre otras cosas. Podemos también acceder a un sinnúmero de documentos más especializados que van de catálogos hasta revistas académicas. Muchas veces ni siquiera es humanamente posible asistir a la mayoría de nuevas muestras en la infinidad de museos que nos las ofrecen; y a pesar de esto, porque todo mundo escribe (escribimos) sobre tal o cual de ellas, sabemos qué hay en cada uno y, más todavía, de qué tratan y qué podemos opinar al respecto. La razón es muy simple: cualquier persona un poco informada en las artes sabe que la práctica va de la mano con su crítica (y me refiero no sólo a la práctica de los artistas, cineastas, pintores o lo que sean, sino también a las prácticas de sus espectadores) de manera que no hay interesado en el arte que no quiera también participar en ello y no hay espectador que no se encuentre bajo el influjo de lo que los medios le proporcionan antes de llegar al museo. Y claro, si esto así, al escritor debe exigírsele algo más que un interés por estas cuestiones.

       El problema entonces no es si decidimos leer un artículo académico en una revista especializada o un artículo sobre una exposición en el primer blog que nos encontremos; la cuestión es, mejor, para qué nos estamos acercando a esos textos o para qué escribimos sobre ciertos temas. Si me aproximo a una reseña buscando información sobre lo que podría encontrar en una exposición, estoy consciente de que eso es: material informativo, pero no una crítica que me ayude mucho a formarme una opinión respecto a su contenido. Si me asomo a un artículo de un catálogo de esa muestra, podré saber más sobre sus intenciones y sobre aspectos más íntimos de las obras. Lo que a veces resulta preocupante, en ese sentido, es que los mediadores entre el público y las obras o exposiciones arrojen opiniones desinformadas. Pero esto es algo menor, porque quién no tiene algo que decir, sepa poco o mucho sobre cualquier cosa; lo grave, me parece, es que como lectores no estemos conscientes de que esto funciona así y que nuestros juicios se vean guiados fácilmente por esas posturas.

       Los textos sobre arte, como los boletos del museo, como las piezas, como la educación artística, son una mercancía que forma parte del circuito cultural y que es aprovechada muchas veces para obtener ganancias de diverso tipo: prestigio, dinero, poder de opinión, ya sea de forma personal, colectiva o ambas. Como lectores o escritores, formamos parte de ese sistema. Si no nos demoramos un poco en comprender el papel que tenemos, por menos funcional que parezca, no nos daremos tampoco la oportunidad de elegir cómo escuchar qué cosas y por qué; y después de esto, no podremos decidir tampoco qué ver y cómo lo vemos. Pensar lo que leemos nos lleva a pensar lo que miramos, y viceversa. No estoy abogando por que cada uno de nosotros deje de leer lo primero que se nos aparezca en una red social (yo mismo lo hago muy felizmente). Estoy más bien sugiriendo que reflexionar en cómo lo hacemos y decidir qué leer para cada cosa que nos interese también nos hará ocuparnos de la manera en que vemos. ¿Para qué? Para pararnos frente a una obra con menos nubes y más intuición e inteligencia de por medio. Y quizá, así, la percibamos de otro modo.

       No es otra cosa lo que intento yo mismo desde la escritura de Los ojos de Eurídice y desde las lecturas que decido hacer. No busco ni buscaré otra cosa que demorar la experiencia frente a un fenómeno artístico, hasta que se nos pueda aparecer como algo comprensible o, mejor dicho, siquiera pensable. Un texto acerca del arte siempre tenderá hacia esto, independientemente de la seriedad o calidad que tenga, y quiéralo o no. Al lector le corresponde descubrirlo y hacer que suceda.

Imagen tomada de Yeux

Posted by:paginasalmon

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