Hace un mes, el 14 de agosto, se conmemoraron los 70 años de la creación del estado de Pakistán. Desconfiando un poco de que esta consideración se deba más a un proceder paranoico, cabe decir que detesto las conmemoraciones, más cuando se trata de eventos trágicos. Es como si al situar cronológicamente esa fecha se aislara el tiempo y los espacios en donde uno puede hablar y pensar las cosas que sucedieron. Parece ser que el modo en que se busca que las noticias pasadas en los medios tengan relevancia es por medio de la efeméride. Como si la verdadera influencia de los eventos obedeciera la lógica de los acontecimientos fechados haciendo que la escritura de las resonancias complejas que detonan pase a ser considerada como discursos alternos y forzados. La efeméride en su modo de ser absurdo, siempre tiene nombre y cara individual.

La creación del estado de Pakistán en 1947 fue resultado de una limpieza étnica y de un ánimo separatista en el marco de la Independencia de la India de Gran Bretaña. Una elite de hablantes de urdu promovió la creación de un país cuya base fuera una idea homogeneizada de lo que es el Islam en el Sur de Asia y para regocijarse en el homenaje al antiguo Gran Mogol, provocando así una masacre de 1 millón de personas en su éxodo hacia el norte. Al igual que las políticas de deportación del gobierno de E.E.U.U. en 2017, la separación y clasificación de la población de una nación no está tanto en función de sus espacios vitales o de sus sufrimientos económicos y su propósito no es la deportación completa de los migrantes, sino el de establecer públicamente quiénes califican como ciudadanos y quiénes como población de segunda, estas dos posiciones son necesarias en un proyecto de nación moderna y de un esclavismo aristotélico: mientras tú limpias los baños yo produzco la ciencia.

¿Para qué le sirve la identidad nacional a un país? En primera pienso que para marcar como propiedad todos los cuerpos que se encuentran dentro de sus fronteras violentadas e inestables. En segunda para cobrar el usufructo de esos cuerpos a título nacional (a título de los ciudadanos). La propiedad como término de relación en la lógica del capital marca la diferencia entre sujeto y objeto; sin propiedad no hay sujeto y sin propiedad no hay nación.

[…] the sentiment of vulnerability of Pakistán vis-á-vis India. In the beggining this sentiment (which would be exploited by the army subsequently) stemmed from the conditions in which Partition took place. Pakistan resented the slow and incomplete matter in which India gave the country its share of the military equipment and the treasury of the defunct British Raj. (Jaffrelot, 36)

En tercera, la nacionalidad sirve para ser exportada, sirve para crear formas estables y propicias para la simbolización, con las cuales se pueda competir en el terreno proyectivo. Donde la nacionalidad se valúa como los productos, como valor agregado, es decir, en la virtualidad del mercado, también aprovecha otros espacios, como la ficción para desplegar y probar la resistencia de sus engendros y símbolos. La ciencia ficción tiene y reconstruye las herramientas retóricas y mediales para, a través de una lógica causal, establecer interacciones entre símbolos; si dichos símbolos no tienen de por medio un trabajo intertextual previo terminan siendo subvertidos o asimilados. La ciencia ficción también se ha constituido como el lugar en donde la nacionalidad ha ensayado el paso de lo virtual a lo orgánico de lo orgánico a lo virtual de sus símbolos para que estos se encarnen estables y comerciables.

Así como “Bollywood” representa una respuesta a “Hollywood”, la casa fílmica GYR Films de Pakistán decidió probar suerte en los géneros de superhéroes y ciencia ficción en el cine con Project Ghazi (2017). “The official trailer of Pakistan’s first superhero movie ‘Project Ghazi’ has been launched which is directed by Nadir H. Shah and produced by Syed Mohammed Ali Raza. To the surprise, whole movie has been filmed in Pakistan” (The Nation).

Previendo hacer una película con todas las variables y requerimientos de una producción occidental: efectos especiales, diseño de personajes, mobiliario y escenografía tecnológicamente acordes, Project Ghazi, ─ghazi significa ‘héroe’ en urdu─, había sido proyectada para estrenarse y distribuirse a partir del 14 de julio de este mismo año. Pero en la premiere al parecer la calidad del diseño de sonido era tan mala que volvía los diálogos entre los personajes ininteligibles. El actor y productor de cine Humayun Saeed platicó en una entrevista los principales inconvenientes que él detectaba en el proyecto fílmico: “Saeed shared that most local films suffered from bad sound because ‘we are not good at it.’ That’s why, we go abroad to fix our sound. ‘We dub the dialogues usually. Even India does, because we don’t have the equipment and expertise to sync it on location. For Project Ghazi, we didn’t do dubbing so I knew something was going to go wrong.’ (Aijaz, The Tribune)

Por lo tanto la película ha pospuesto su estreno indefinidamente. Yo al igual que una considerable cantidad de seguidores esperábamos que la película ya estuviera disponible (si fuera posible con subtítulos) para poder reseñarla. Como no ha sucedido, y en un momento dudé sobre la viabilidad de escribir un texto sin su ejemplo base, hablaremos más bien de un supuesto de película. Lo que me hizo decidirme a seguir adelante fue la relevancia de los supuestos en el campo de la ciencia ficción, no hay razón por la que no se pueda reconstruir un texto desde sus paratextos e hilar conjeturas desde los indicios de su existencia. Estos paratextos son el tráiler (que tiene más de dos meses en línea), las noticias de periódicos pakistaníes digitales sobre su estreno y las propias políticas militares del gobierno.

 

Lo que puedo entender del argumento de la película es que al parecer un grupo de soldados es intervenido “genéticamente” para mejorar su cuerpo y que resulten indestructibles en el campo de batalla. Hombres musculosos, atractivos e inconfundiblemente “pakistaníes” despiertan en camas de lo que parece ser un laboratorio; en la experiencia de su cuerpo “mejorado” la cámara enfoca la mirada de uno de ellos, en cuyos ojos podemos ver la solemnidad de su potencia humana. Previews de muy cuidadas peleas en stop motion y vestuario militar mimético-articulado-insectoide de última generación nos indican que la película construirá el eje de su estética en la cultura militar y el sentido de sus representaciones, un transhumanismo. Un sujeto enmascarado, un nemesis informe, o más bien una grieta y falla del proyecto, dice en este ya esperado entrecruzamiento de diálogo en lengua nacional y sentencias en inglés: “I can look into their souls and all I can see is anger and hatred”. En general recuerda a Soldado universal (1992), excepto tal vez porque en Project Ghazi, el personaje interpretado por Syra Shahroz es la científica a cargo del proyecto.

En The Pakistan Paradox: Instability and Resilience (2015) Cristophe Jaffrelot hace un extensivo repaso por la posición geográfica e histórica de Pakistán, la zona es un foco de pulsiones de guerra y puentes, de identidades que empujan desde la primera mitad del siglo XX sus límites en la diferencia y en la negación violenta de la hibridación. Al noreste Afganistán, que no reconoció el estado de Pakistán ante la ONU, e India al sudeste que no respetó de principio las fronteras; la región de Cachemira creándose como un vástago y la independencia de Bangladesh al otro extremo del subcontinente como desgarramientos de esas tensiones.

The fear of encirclement, and more especially of India, partly explains the role of the Pakistani army in the public sphere. Indeed the military could project themselves as saviors of a vulnerable country, and this argument was likely to appear even more convincing in the post-Jinnah context when the political personnel looked weak, factionalised and corrupt. (Jaffrelot, 39)

Estas identidades que se pretenden cerradas y autónomas en sus enfrentamientos han presionado el territorio pakistaní en una estrategia de pinza, sumando la invasión estadounidense en 2001 se explica la urgencia que se ha depositado en la producción de símbolos nacionales, uno de ellos el soldado, ciudadano perfecto, milagro de la técnica militar de un país pequeño: “There’s no comparison of India and Pakistan, as we are small in number and in area as well, if we still survived it means we won all wars against india (sic)…”  Pakistán sólo es reductible a la ecuación “urdu+ Islam” en el orden simbólico y ahí está de nuevo la ciencia ficción en la primera línea para fungir como vehículo y escenario. Importante es el ejemplo que brinda Jaffrelot sobre esta hibridación impensable entre Hinduismo e Islam, entre sistema de castas y funcionamiento de la tribu, la secta de los Bohras, adscrita al Chiísmo que opera en India.

Con una superficie dos veces y medio más pequeña que México pero con el mismo número de personas, Pakistán y Project Ghazi pertenecen al mismo ánimo, los inconvenientes técnicos en el desarrollo del audio de la película no es señal de una producción inexperta o desprovista de recursos necesarios; es, como el enmascarado, la fuga del nacionalismo y de sus recovecos políticos que se abren como sistemas de apoyo, pero ésa es otra historia. Las tensiones que suscita la división entre ciudadanos y no-ciudadanos, una estrategia del tipo: “¿te quedas con melón o con sandía?”, son las que provocan las masacres no los éxodos. Al final del día ni Estados Unidos se va a quedar jamás sin mexicanos inmigrantes, ni la India sin musulmanes pero lo que le importa a la nación es pretender que sí.

Quiero agradecer a Bashir Khan por proporcionarme las referencias de las que se vale este texto.

I want to thank Bashir Khan for helping me out with the references used in this text.

Imagen tomada de Contropiano

Posted by:paginasalmon

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