[Carta a Página Salmón]

Ahora que el sol está saliendo:

No hay más palabras para decir las cosas que las mínimas necesarias. El último mes he hablado con muchas personas sobre el tiempo. El tiempo que nos toma ir de un lugar a otro. El tiempo que nos toma leer una novela. El tiempo que le toma a una persona superar su pérdida. El tiempo que tarda en pasársenos la emoción de algo novedoso y convertirse en un conocimiento de trivia. El tiempo que trabajamos para que estuvieras bien. El tiempo que empleamos descifrando una imagen. El tiempo que nos toma olvidarnos de algo que, en su momento, creímos inolvidable. La noche hace cosas raras dentro de una persona. Hace mucho tiempo cenaba con alguien importante en un lugar especial. Ayer pasé otra vez por esa calle. Esperaba encontrarme la escalinata roja con barandales blancos, el podio ridículamente delgado y la sonrisa, tal vez forzada, del anfitrión. Esperaba encontrar el calor de la cocina y la superficie de la mesa con esas marcas de humedad que son como el aliento en un espejo. Algo se quebró en la memoria cuando me encontré con el edificio abandonado. No quedó en el suelo porque dios es grande (denme mi certificado oficial de tía), pero la planta baja casi desapareció.

Entonces lo pensé: la memoria es como la tierra, se erosiona o se cubre o se mueve o se derrumba y lo que alguna vez ocupó la superficie es movido o sepultado. No existe la permanencia y la eternidad es ilusoria. Hay una ligereza en no permanecer, y mucha necesidad de aferrarse a lo sólido y palpable. Pero nada lo es. 1602 fue la primera columna que se publicó en ti. Intentaba encontrar a alguien para contarle mis problemas, estos pensamientos que tenía en la cabeza. Si al inicio era una columna sobre narrativa gráfica, tal vez muy pronto la viste convertida en una columna sobre nuevas narrativas. Siempre fue un flujo constante hacia algo nuevo. A veces el tema era un tanto incierto, pero cada mes había algo. Estoy cantando esta canción porque ya era tiempo de que fuera cantada. En ese momento me lanzaba, tal vez con la más juvenil de las emociones, a intentar explorar el tema y encontrarle todos los lados, o la mayor cantidad posible de enfoques. Esta nunca fue una columna de experticia, sino de exploración, y eso me enorgullece decírtelo. Tú también tienes tiempo y espacio, y una de las cualidades más sutiles de las narraciones visuales es la espaciotemporal. Es una lectura en el modo en que lo pensaba Eisner. Tal vez cuando seas mucho mayor recuerdes cuando nos sentábamos de madrugada en el alféizar a platicar sobre esto. La obra es plástica y narrativa por lo cual existe espacial y temporalmente; luego hay algo que pasa en la memoria: desaparece y se erosiona, cambia y lo nuevo viene a mover de lugar a lo viejo, mientras en sí misma, muy similarmente pasa que la narración se dimensiona por su distribución en la página y en el tiempo de lectura. Nunca te di explicaciones, ni me detuve, ni regresé sobre mis pasos. Cuando en ese lejano verano de 2016 me propusieron una columna no estuve seguro de querer aceptarla; aunque me emocionaba escribirte sobre algo que siempre había estado en mi vida, igual lo dejé de lado para ir a lugares que nunca me había planteado. Y yo era tan impulsivo siempre, creo que aún lo soy. La exploración de lo nuevo pudo más, y la erosión hizo su trabajo; por momentos olvidé lo que era el propósito inicial: visibilizar la cultura gráfica en México, contarte lo que pasaba. Me gusta creer que, de algún modo, logré un balance entre lo que siempre estuvo y lo recién explorado. Tuvimos muchas diferencias y cuando encontramos las nuevas narraciones en soportes distintos del soporte papel, las reglas parecieron esconderse o diluirse. Solamente necesitábamos agitarlas un poco para retomar lo que se ha quedado en el fondo de la mezcla y volver a aplicarlas a las nuevas narraciones.

Al final, todo lo que me dejaste es como una melodía que fluye. La ruptura y la tradición son también un flujo constante, el cambio es el único modo en que la vida sigue su camino. Así pasa cuando sucede, y pasó cuando corrió la noticia de una nueva serie en Amazon que cambiaba las reglas de la narrativa: este trabajo sería subjetivísimo (si es posible decirlo así), con un reparto coral y personajes a seguir individualmente. La interacción partía de una selección fragmentaria de clips; todos son para contar la historia. No es algo nuevo (uf, ni en el 80), pero sí es una de las primeras veces que se intenta a un nivel tan exigente como el de la televisión de paga. Esta es solamente una excusa para escribirte hoy, y yo creía saber todo lo que había que saber para escribirte. Algún tiempo después hubo un par de noticias. La primera película animada que abre el festival de Berlín en toda la historia será Isle of dogs, de nuestro TOC favorito Wes Anderson. La segunda noticia, que pasó casi desapercibida y no tiene muchas especificaciones al reverso, fue la de una versión en RV [en mayúsculas porque es señora de familia (y ese podría ser mi último chiste)] en la cual el espectador puede estar dentro del set. No suena nuevo hasta que ¡PUM! al mismo tiempo vamos ver trabajar a los animadores. Sabes que soy como una banda de una sola persona, lo puedo explicar: ya no es una película, ya es una obra de teatro inmersiva en realidad virtual, donde podemos ver a los animadores mover las piezas desde adentro de la obra. Hay poca información, pero otra vez parece que los nuevos medios regresan a las formas, aunque en el encuentro ambos cambien. Es gracioso saber que siempre, cuando pensaba que estábamos varados en el piso, seguíamos encontrando cosas.

Este año fue un gran año para la narrativa gráfica, los medios visuales, las nuevas narrativas y nosotros… y sólo va a mejorar, lo prometo. Pero el tiempo es la tierra, y ha llegado el momento de erosionarnos. Me gusta decir que el trabajo que hay en 1602 duró lo que tuvo que durar, y creció durante casi un cuarto de siglo, el mío. Pero cada que escucho esa canción se me quiebra algo adentro. Tejí una pequeña red de ideas y referencias que hoy dejaré para que alguien, si es su afán en algún momento, pueda desentramarlas bajo la promesa de siempre encontrar algo fabuloso. Hasta el día de hoy sigo incrédulo de haber podido deslizar tantas cosas. El pasado nos estorba; si pudiéramos ir al futuro ¿cómo serían las narraciones? No lo sé y no tengo ganas de saberlo. El método es fácil: mirar la tecnología actual, poner atención en los centros de investigación, mirar la agenda política y las burbujas económicas, ver el discurso de las empresas grandes, juntarlo todo con los problemas sociales, ir a los lugares de movimiento, verter y servir muy caliente. Para encontrar el futuro es necesario conocer el pasado, y todo lo que se ha avanzado está en internet. Pero vienen tiempos oscuros.

Cuando me pidieron el nombre de la columna todas las opciones se reducían al estilo, la forma, el tema. 1602 es el nombre de un seriado escrito por Neil Gaiman, uno de mis autores favoritos. Pero el tiempo cambia y nosotros también. En un momento todo terminará… so ok, hagamos una para la posteridad:

Iba a iniciar esta columna diciéndote algo escandaloso, iba a criticar museos, iba a criticar cineastas, iba a criticar escritores, iba a criticar fanboys que escriben policíaca y tienen un mínimo compromiso intelectual con sus obras, pero el silencio es sabio, y es tiempo de guardar silencio. Uno visual, uno sonoro, uno ideológico. Muchos piensan que para que algo suceda es necesario un boom, que todo sea de golpe, pero lo más difícil del tiempo es dejar las cosas ir, que todo se diluya, que todo se erosione. Ver que nada es un boom y los booms son nada. Los finales son siempre cansinos, largos, algo se detiene, el momento en que las cosas suceden es tan mínimo que casi nada se percibe. Nos gusta envolverlo en algo muy brillante y suntuoso, rituales y rituales, pero es sólo un momento. Muy pronto todos sus adornos se olvidan. 1602 (o 2016, por su inicio) fue lo mejor. Iba a iniciar esta columna agradeciendo a todos los que me trajeron hasta aquí, a todos los que me acompañaron hasta aquí, a quienes me esperaban aquí. Gracias. Pero el tiempo siempre sigue, todos cambiamos. Nunca olviden que tuvimos algo por lo que vale la pena pensar.

Nada es triste hasta que se acaba, entonces todo lo es, pero lo más difícil es dejarlo ir. Página Salmón, te dejo ir.

Imagen tomada de DiscoGS

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Escrito por:paginasalmon

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