Durante mi adolescencia tuve el privilegio de encontrar, gracias al internet, películas donde las adolescentes son representadas con identidades y deseos propios; a diferencia de los años 50, donde en películas como Gigi (1958) las jóvenes son vistas como amantes o esposas en potencia, en espera de un hombre que llegue a salvarlas. Persepolis (2007), una película de animación de la directora iraní Marjane Satrapi, fue una parte muy importante de mi educación cinematográfica y sentimental. En ella, la directora cuenta su paso de la niñez a la edad adulta durante la Revolución Iraní. Ver a una niña y después a una adolescente con la que me podía sentir identificada fue un cambio absoluto en mi manera de percibir las historias.

            Antes, veía y leía todo el tiempo sobre jóvenes con los que intenté identificarme aunque sea un poco. Desde Harry Potter (1997-2007), que leí durante toda mi niñez, hasta Los 400 golpes (1959) o Rushmore (1998). La mayor parte de las películas con las que las mujeres crecemos tienen protagonistas masculinos. Por supuesto, películas con protagonistas jóvenes existen y, como ya mencioné, he disfrutado de ellas: en especial recomiendo Ghost World (2001) de Terry Zwigoff y The Virgin Suicides (1999) de Sofia Coppola. Pero también he notado que durante estos 10 años (calculo que vi Persepolis por ahí del 2008), han ocurrido muchos cambios.

            En la actualidad es mucho más fácil encontrar películas sobre mujeres dirigidas por mujeres. En lo que va de esta década, hay una gran cantidad de películas que se enfocan en la vida y experiencias de las adolescentes, y sobre esas películas quiero escribir ahora: Diary of a Teenage Girl (Marielle Heller, 2015), American Honey (Andrea Arnold, 2016), The Edge of Seventeen (Kelly Fremon, 2016) y Lady Bird (Greta Gerwig, 2017). ¿Cómo se ha representado a la juventud femenina en el cine en los últimos años? ¿Cuáles son las principales diferencias en la construcción de sus personajes? Y, sobre todo, ¿están creando estas películas espectadoras distintas a las del pasado?, ¿distintas a las que veían Gigi y soñaban con convertirse en esposas de un hombre rico y guapo?

            Justo después de escoger estas películas, todas desde el contexto estadounidense (aunque Andrea Arnold es inglesa), me pregunté: ¿cómo son representadas las adolescentes en México? ¿Existen películas contadas desde el punto de vista femenino desde países que no son Estados Unidos (durante esta década)? Esta búsqueda me hizo encontrar otras películas: Joven y alocada (2012), Zónas húmedas (2013), Las elegidas (2015), Mustang (2015), Las lindas (2016) y Raw (2016). ¿Cuáles son las diferencias, en la creación de sus personajes y en la forma de contar sus historias, entre una adolescente mexicana y una norteamericana? Intentaré explorar esta pregunta (y muchas otras) el próximo mes, en la segunda parte de este texto.

***

Antes de pasar a las películas, me gustaría escribir un poco sobre las espectadoras de este cine. La escritora estadounidense Rebecca Solnit, en su ensayo corto “Men Explain Lolita to Me”, explica el impacto en sus lectoras y espectadoras de un arte donde las mujeres siempre aparecen como objetos explotados: “You read enough books in which people like you are disposable, or are dirt, or are silent, absent, or worthless, and it makes an impact on you. Because art makes the world, because it matters, because it makes us. Or breaks us.” Una operación contraria, que sería crear personajes y narrativas donde las mujeres no sean desechables, sucias, silenciosas o ausentes, ¿qué impacto tendrá en sus espectadoras?

            La primera característica que tienen estas cuatro películas es que sus personajes son jóvenes que a lo largo de la narración encuentran valor en sí mismas, que se niegan a ser desechables o a guardar silencio. El impacto de esto en las nuevas espectadoras, de acuerdo a las preocupaciones de Solnit, será duradero.

            En la teoría de cine feminista, autoras como Laura Mulvey y Mary Ann Doane han discutido sobre la idea de un espectador (en masculino) y su relación con las mujeres en pantalla. También, sobre la existencia o no de una espectadora (en femenino) en un arte tan voyerista, tan fetichista y que depende tanto de la identificación con sus personajes masculinos, como es el cine. Doane sobre esto concluye que: “Femininity is produced very precisely as a position within a network of power relations. And the growing insistence upon the elaboration of a theory of female spectatorship is indicative of the crucial necessity of understanding that position in orden to dislocate it.”

            La forma en que estas películas dislocan el concepto de espectador es oponiéndose a ciertos patrones del cine clásico, principalmente al crear personajes que producen sentido por sí mismas y que cuentan sus propias historias; así mismo, al mostrarnos mujeres cuyo único fin no es crear un impacto visual o erótico, para así crear a unas nuevas espectadoras que contemplan con empatía a las protagonistas, más que con placer o fetichismo.

Diary of a Teenage Girl (2015)

La película de Marielle Heller, a diferencia del resto, no está situada en los años 2000, sino en el San Francisco de los 70. Nos cuenta la vida de Minnie, una chica de 15 años que inicia su vida sexual entre las fiestas y drogas características de la época. Pero sobre todo es una historia de crecimiento en que la joven descubre su independencia y su vocación de artista (concretamente de dibujante de cómics, característica que me recordó a la protagonista de Ghost World).

            Diary of a Teenage Girl tiene algunos aspectos que se repiten en el resto de las películas que trato en este texto: una gran importancia a la vida sexual de sus protagonistas y a su auto-crecimiento como individuos autónomos. Son historias de jóvenes que ganan confianza en sí mismas, que se enamoran de sí mismas.

            Algunos aspectos que comparten sólo parcialmente podrían ser el acercamiento humorístico a las historias (como en The Edge of Seventeen y Lady Bird) y que en un inicio las adolescentes son caracterizadas con gran inseguridad (arquetipo que comparte con The Edge of Seventeen, pero que Lady Bird destroza por completo).

            De las cuatro películas, es ésta la que habla con mayor apertura de la sexualidad de su protagonista (probablemente por la década de liberación sexual en que sitúa su historia). Este acercamiento al deseo sexual femenino es muy importante para romper el estereotipo de una mujer que sólo produce deseo pero que es incapaz de desear. Las mujeres en estas películas, y en especial Minnie, desean todo el tiempo.

The Edge of Seventeen (2016)

De las cuatro películas, The Edge of Seventeen es la que mejor reproduce el arquetipo de adolescente: Nadine, la protagonista, es una joven anti-social, torpe y que se ve como la persona más fea del mundo. La historia se basa en la interacción con su familia y amigos: con su madre (que parece preferir siempre a su hermano), con su padre (que fallece unos años atrás), con su hermano (al que odia), con su mejor amiga (que se enamora de su hermano), con uno de sus profesores (con el que establece una relación paternal), etc.

            La interacción de Nadine con las personas a su alrededor es casi siempre difícil y tiene que darse muchos golpes antes de al fin madurar, aspectos que comparte con el resto de las protagonistas. Quizá una de las grandes diferencias entre esta protagonista y las demás, y que concuerda con la forma en que es contada la historia, es que Nadine sí necesita del apoyo de las personas a su alrededor para ganar confianza en sí misma.

            Una espectadora encontrará en esta película un reflejo bastante verosímil de lo que es o de lo que fue: una joven en una etapa vulnerable de su vida, en constante lucha por entender el mundo a su alrededor y de relacionarse de mejor manera con las personas que quiere. Todas nos hemos sentido así, o nos seguimos sintiendo así, en alguna etapa de nuestras vidas, y quizá en esto reside el gran interés en el cine sobre adolescentes.

Lady Bird (2017)

En el 2018, Greta Gerwig se convirtió en la quinta mujer nominada en la categoría de “Mejor director” de los Premios Oscar. Sí, apenas la quinta nominación a una mujer en sus casi 90 años de historia. Lady Bird, nominada a “Mejor película”, nos cuenta el último año de preparatoria de la protagonista y los inicios de su vida universitaria.

            La película está situada en Sacramento, pero logra una universalidad mayor: todas las ciudades y pueblos de los que quieres salir con urgencia, para ir a un lugar con más oportunidades y “cultura” (citando a Lady Bird), son Sacramento. Yo también escapé de mi aburrida ciudad natal para huir a otras ciudades que parecían más emocionantes.

            Mientras Nadine de The Edge of Seventeen es la mujer que eres, Christine de Lady Bird es la mujer que quieres ser. En este sentido, rompe uno de los estereotipos del cine sobre adolescentes: la protagonista tiene una seguridad en sí misma que muy pocas veces es vista en pantalla. Lady Bird lanza su propia campaña para presidente de la clase, audiciona para ser la protagonista de la obra escolar, invita a salir a los chicos que quiere y envía solicitudes a las universidades de sus sueños. Nada parece detenerla.

            Otra diferencia es que Gerwig le da gran importancia a la compleja relación entre madre e hija, la cual es el eje central de la película: inicia con las dos mujeres en un coche y acaba con un mensaje al teléfono de hija a madre. Mientras Lady Bird refuerza las relaciones entre mujeres (otro ejemplo es la relación entre Christine y su mejor amiga), Diary of a Teenage Girl, The Edge of Seventeen y American Honey son mucho menos optimistas; para las últimas, las amigas son casi un accesorio, y las madres son desinteresadas y ausentes.

            Estos dos aspectos, que hacen que Lady Bird sea una de las películas más importantes para entender y cambiar la representación de las mujeres en pantalla, son de suma importancia para una espectadora que puede sentir empatía e identificación con el personaje.

            Por último, una gran diferencia en relación a las dos primeras películas es que Lady Bird trata los problemas de clase en Norteamérica. Por un lado, la película de Gerwig lo hace con un reconocimiento que no tienen las películas de Fremon (cuya protagonista vive en una casa de ensueño norteamericano) o de Heller (a la que le interesa más el crecimiento artístico de su protagonista), pero con un tono de humor del que carece por completo la de Arnold.

American Honey (2016)

Me gustaría poder escribir mucho más sobre el cine de Andrea Arnold y de muchos más aspectos de American Honey (como sobre el uso de la música o la construcción de los espacios), pero aquí sólo lo haré en relación a las otras tres películas que ya he comentado. Es la película más distinta de las cuatro, ya que su protagonista, Star, no vive ninguna clase de sueño americano, todo lo contrario: pertenece a la clase más olvidada y marginada de los Estados Unidos.

            Star no asiste a la preparatoria, como el resto de los personajes de los que he hablado aquí, tiene que cuidar de sus hermanos (que su madre ha abandonado) y vive con su padrastro que abusa sexualmente de ella. Para escapar de su situación, se une a una especie de caravana de jóvenes que vende suscripciones a revistas basura.

            Nadie se preocupa por ella, nadie la busca, nadie la ayuda a entrar a la universidad… y por todas estas razones es radicalmente opuesta a la visión de la adolescencia que tienen las otras directoras. Sin embargo, sí hay algunas similitudes: el interés por la sexualidad de sus personajes y la libertad y autonomía que todas ellas destilan a través de la pantalla.

            El final de American Honey y de su protagonista es mucho menos claro y más fatídico. Star no decide convertirse en artista, no encuentra un novio inteligente y sensible, no se va a Nueva York a estudiar la universidad; lo único que hace es sumergirse en un lago, salir a flote y continuar la fiesta.

            El impacto de esta película en sus espectadoras es mucho más difícil de descifrar, ya que la directora no llega a conclusiones apresuradas. ¿Hay una mirada de identificación o de desdén sobre la joven que canta a Rihanna? ¿Hay envidia o lástima de su libertad de hacer lo que quiera? ¿Hay el deseo o no de salir de viaje por la carretera como ella? En el cine de Arnold todo esto, por más contradictorio que parezca, convive a la perfección.

Imagen tomada de The New York Times

Escrito por:paginasalmon

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