No falta el rock en los libros de Juan Villoro. Y con esta afirmación no me refiero sólo al rock como tema, aunque también esté presente en muchos de sus textos, sino a la desenvoltura con la que el autor imagina todo tipo de situaciones hilarantes para sus personajes. Recientemente leí La cuchara sabrosa del profesor Ziper (2015), un libro en el cual Villoro da vida a personajes que son originales pero no porque sean únicos sino porque durante el devenir de la narración siguen la lógica propia de su chifladura. Como es sabido, no es sano vivir sin un poco de locura. El profesor Ziper y compañía son personajes vibrantes, locos cada uno a su manera, y amables (en el sentido de que tienden a despertar en seguida el afecto de quien lee el libro). Los nombres, los contextos, los inventos y los defectos de los personajes son gozosos.

Las ilustraciones, hechas por Rafael Barajas, El Fisgón, proponen una interpretación divertida de la prosa de Villoro, lo que convierte a los creadores en una dupla que le da identidad sólida a una colección de historias, que ya se está convirtiendo en clásica, en torno al profesor Ziper y sus compañeros de aventuras. Con esta última publicación ya son tres los libros  que narran los inventos del científico: El profesor Ziper y la fabulosa guitarra eléctrica (1992); El té de tornillo del profesor Ziper (2000) y La cuchara sabrosa del profesor Ziper (2015).

Dice El Fisgón que en México vivimos una etapa de oro en la literatura infantil, pues antes no existían colecciones como las de Orilla del Viento del Fondo de Cultura Económica, por ejemplo. Los niños de su generación (nació en 1956) leían los clásicos de terror, las historias de los hermanos Grimm o algunos cómics.

Y, en efecto, actualmente existen numerosas y variadas opciones para disfrutar de libros que, aunque por criterios editoriales y escolares sean clasificados para lectores niños, se trata de obras que despiertan el interés y gozo de cualquier persona que se acerque a ellas por curiosidad o por adicción. Por eso me gusta la definición de Antonio Malpica cuando le preguntan que qué es eso de la literatura infantil y juvenil y responde que se trata de literatura que también pueden leer los niños y jóvenes. Aquí la palabra clave es “también”. Adverbio que incorpora, que invita y despega las etiquetas y clasificaciones de catálogos editoriales. Lo cual además me hace pensar que la buena literatura tiene por costumbre romper fronteras de todo tipo.

Como refería anteriormente, el rock está presente como libertad creativa en este libro y se manifiesta, por ejemplo, con los nombres de los platillos presentados a un concurso internacional de alta cocina que recompensa lo mejor con el “Macarrón de Oro”. En dicha competencia surgen nombres como: “Salchicha disciplinada con frutos rojos de bosque de cuento de hadas crueles”, “Torbellino de algas con crustáceos a la marea baja”, “Sashimi de pez veneno con salsa kamikaze”, o qué tal la “Ternera rellena de cochinillo relleno de liebre rellena de pichón relleno de higo relleno de nuez”.

En cada uno de los tres libros de Ziper podemos asomarnos a las historias que nos permiten conocer muy de cerca a un genio de la ciencia y a un gran humanista, que es también ultra aficionado al futbol, al rock y afecto al chocolate caliente con aceite de castor. En esta ocasión las vicisitudes de Ziper tienen que ver con un baterista goloso y una nutrióloga feminista que se enamoran y, como casi todas las parejas, buscan armonizar, ceder o negociar las diferencias que propician los conflictos.

El terreno de lo alimenticio es como un campo minado por las emociones que detona su cuestionamiento, sobre todo cuando éste viene del otro: de un ser externo que se atreva a plantear un cambio en las costumbres propias respecto a la comida que tanto se disfruta. Es el caso de Cindy Buendía (la nutrióloga) y Gonzo Luque, su amado novio y baterista del grupo de rock Nube Líquida, cuando ella le pregunta si alguna vez ha comido algo sano y él responde que una vez comió espárragos, pero que fue muy asqueroso y no quisiera hablar de eso:

−También he comido lechuga– agrega Gonzo
−¿ Y cómo fue la experiencia?  –preguntó Cindy, con interés científico.
–La lechuga sabe a camisa.

Gonzo Luque expresa sus conflictos de una manera muy sincera:

–Cindy es lo máximo pero odia el tocino; es bellísima y no le gusta que yo me rellene de queso amarillo con cátsup; la amo y no quiere que la grasa me tape las venas; es positiva y guapísima, ¡pero me está quitando mi club sándwich triple! Lo hace por mi bien, lo sé, ¡pero mi bien no me gusta! Bueno, me encanta estar con ella y hacerle caso, ¡pero también adoro el tocino!

Dice el sociólogo español LuIs Enrique Alonso que nadie come inocentemente; toda práctica alimentaria es un discurso. El amor así planteado por el personaje de Gonzo Luque es el espacio de las contradicciones, de las verdades incómodas, de los espejos y del pensar nuestro propio hacer.

Es así que Gonzo Luque decide ir a visitar a Ziper en busca de un invento para “soportar la comida sana”. Cindy lo acompaña en su viaje a la morada del profesor en Michigan, Michoacán, donde vivirán una serie de acontecimientos que no nos son ajenos a los lectores mexicanos. Situaciones que tienen que ver con el malestar social, ecológico, de violencia y corrupción con los que ya estamos familiarizados. Por ejemplo, en la historia hay un bosque de brócolis gigantes que “recibe lluvia cochina” porque hay una fábrica que contamina el agua. El presidente municipal no hace nada para impedirlo porque los dueños de dicha fábrica le han regalado una televisión “donde los colores se ven muy bonitos y no quiere perjudicarlos”. Estos y algunos otros desafíos tendrán que encarar con agudo ingenio y, de forma poco solemne, Ziper y sus numerosos cómplices (sin olvidar a la mascota del profesor, de nombre Pig Brother, un cerdito que odia la suciedad).

Pero mejor no les cuento más y lean La cuchara sabrosa del profesor Ziper. Ya me voy a comer algo porque no puedo comentar nada acerca de series de comida o de libros que hablen de ella sin que me de antojo.

Imagen tomada de Nine Fiction

Escrito por:paginasalmon

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