Por fin llegó el momento: Andrés Manuel López Obrador será el sexagésimo quinto presidente de México. Y muy probablemente, lo será con una mayoría abrumadora que deje los argumentos de “voto útil” como los argumentos de quien intenta tapar el sol con su dedo.

Con la victoria de AMLO se cumple un anhelo de una parte importante del país, ya que será el primer presidente del sureste de México. Sin embargo, hay un sector muy vocal y substancial que con su triunfo pasará de la negación a la confrontación directa. Este sector, del cual abunda la clase media, alta y élite política del País, teme que el status quo del cual medianamente unos sobreviven y con el cual otros lucran se altere permanentemente.

Algunos de sus temores no son infundados, y Maquiavelo bien le diría al nuevo presidente que deberá tomarlos en cuenta si desea poder gobernar, ya que entre el amor y el miedo, las personas traicionan el primero y actúan en defensa de sus intereses movidos por lo segundo.

Entre los miedos de estos sectores de la sociedad, se encuentra la acumulación de poder en una sola persona, lo cual no había sucedido al menos desde el sexenio de Salinas de Gortari. A diferencia de otros partidos, la coalición encabezada por MORENA es una estructura política que debe su éxito operativo a AMLO y a su equipo. El éxito de esta coalición se convirtió abrumador con la coyuntura que atraviesa México, que generó que al grueso de los tradicionales votantes de izquierda se sumaran ciudadanos de todos los extractos e ideologías hartos de cinco sexenios malogrados para lo que podría ser México.

Este último punto es importante, ya que en MORENA no se notan mecanismos de pesos y contrapesos como los hay medianamente en el PRI o en el PAN, donde los poderes locales negocian y contra balancean los intereses del poder central del partido. AMLO aprendió bien algunas lecciones de sus últimos dos comicios electorales donde vivió la traición o abandono total de los partidos que supuestamente lo apoyaban, y con base en esto, fue armando lenta pero firmemente una estructura que respondiera únicamente a él.

Ahora bien, con un partido unificado bajo una sola figura, es importante saber que el Presidente llega tan lejos como se lo permita el Congreso de la Unión (sobran los ejemplos con Fox y Calderón). Hasta que no termine la primera semana de julio no sabremos bien más o menos cómo quedará la configuración en el Congreso de la Unión que se compone de la Cámara de Senadores (128 miembros) y la Cámara de Diputados (500 miembros, con 300 electos vía directa y otros 200 por representación proporcional).

En el sistema de pesos y contrapesos de la Constitución Federal se prohíbe expresamente en su artículo 54 que ningún partido podrá tener más de 300 diputados en el Congreso bajo cualquiera de las dos modalidades de diputados electos vía directa o de representación proporcional. Esto es un punto importante porque implica que ningún partido puede por sí solo modificar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos a su antojo. Al obligar a un partido a negociar, hay un balance de intereses, de pesos y contrapesos.

El problema con la prohibición del artículo 54 es que no prevé partidos accesorios como el PT o el PES que, conforme al criterio de representación proporcional, pueden ayudar a AMLO a conseguir una mayoría absoluta para poder hacer de las reformas constitucionales un mero trámite. Por ello, el artículo 135 de nuestra Constitución Federal obliga a que cualquier reforma constitucional sea aprobada por dos terceras partes de los miembros del Congreso de la Unión y refrendada por al menos la mayoría de las legislaturas de los estados.

En el caso de que la coalición de MORENA arrase, como ya lo apuntan clarísimamente las ciencias estadísticas desde el inicio de esta contienda electoral, pese al negacionismo estomacal de algunos, es probable que con sus aliados supere estos umbrales. Aquí es donde recobra importancia el refrendo de las legislaturas estatales, ya que lo que era antes un mero trámite (porque las reformas constitucionales ya eran “planchadas” por los partidos a nivel nacional) será ahora un baluarte de la defensa constitucional para impedir reformas constitucionales contrarias a nuestro régimen democrático de derecho.

En estas elecciones se renovarán las posiciones de elección popular en Ciudad de México, Puebla, Morelos, Tabasco, Jalisco, Guanajuato, Veracruz, Yucatán y Chiapas, que incluyen gubernaturas y congresos locales. Para finales de junio, MORENA apenas aventajaba en 5 estados con disputa cerrada en Veracruz. El nuevo presidente de México enfrentará un país cuyo partido únicamente gobierna a nivel federal, más no comanda a nivel local:

Lol

Suponiendo que el PRI pueda mantener Yucatán y pierda Jalisco, éste retendría al menos 13 gubernaturas con un control en los congresos locales. A estas 13 entidades federativas podemos sumarle Nuevo León, donde domina, junto con el PAN, el congreso local de ese lugar.

¿Qué significa esto? Que los temores de una dictadura a la venezolana, al menos a nivel constitucional, son infundados. AMLO no tiene la capacidad ni política ni jurídica de pasar reformas constitucionales sin tener que pactar con algún partido político u obligarlos a través de un esfuerzo conjunto con la sociedad civil organizada.

Ahora bien, ¿qué sucede con las leyes federales que no requieren refrendo de la mayoría de las legislaturas de los estados? ¿cómo evitarán los estados que AMLO use el centralizado sistema fiscal como arma política? Ante estas preguntas se eleva la crítica relevancia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y de la sociedad civil organizada.

Vayamos por partes. Primero, la composición de la actual Corte no es “favorable” para AMLO, ya que todos los ministros que la componen han sido elegidos en gobiernos y acuerdos entre el PAN, PRI y PRD. La SCJN es el máximo órgano judicial que determina e interpreta “correctamente” la Constitución Federal y por lo tanto es el último árbitro constitucional en las disputas políticas.

Este organismo lo componen 11 jueces llamados ministros, de los cuales 3 se retiran antes de las elecciones intermedias de 2021 (donde se renuevan diputados federales). Uno más se retira a finales de 2021, por lo que, a menos que sucedan eventos extraordinarios, AMLO no podrá cambiar substancialmente la composición de la Corte, por lo que podemos esperar un cierto grado de independencia del Presidente. En caso de comportarse como temen sus detractores, AMLO seguramente perderá fuerza en el Congreso federal en las elecciones intermedias, por lo que se reforzarán las hipótesis de un ejercicio moderado del poder.

En segundo lugar, la Corte no sólo conoce de juicios de amparo contra actos de autoridad o leyes emitidas por el Congreso, sino también de acciones de inconstitucionalidad y controversias constitucionales. Estas dos últimas son poderosos mecanismos de control constitucional que pueden ser una verdadera barrera al poder federal, por ejemplo: son frecuentemente utilizados con éxito cuando la Federación retiene indebidamente fondos presupuestarios a municipios o a Estados. Sobre este punto, nuestra Constitución prevé que las minorías parlamentarias (las cuales serán el PRI, PAN, PRD, etcétera) puedan emprender acciones de inconstitucionalidad, por lo que la oposición aún podría tener un peso en el sistema de pesos y contrapesos.

Tercero, la sociedad civil organizada creció en voz y fuerza en este sexenio que agoniza. Muchas reformas constitucionales se deben gracias a su insistente empuje y lucha. Si bien no son perfectas –y queda por aprender aún cuándo decir qué, cómo, cuándo y con quién– son muy valiosas al introducir intereses ciudadanos en la ecuación del juego de la política y de la res pública.

Finalmente, una lección muy importante de Venezuela: el dictador Hugo Chávez no se debe al presidente Hugo Chávez, si no a la oposición venezolana que lo encumbró dictador. En los gobiernos democráticos la oposición es “leal”, en el sentido que reconoce como legítimo a su contrincante en el poder mientras se prepara para desbancarlo en las próximas elecciones. Así funciona el sistema de intereses democrático: reconozco por ahora que ganaste mientras me preparo para ganarte.

Ese es el sistema que mantiene unido a Estados Unidos en una época de híper partidismo, es lo que evita que en España haya intentonas, o lo que alimenta en Chile la vida democrática. En Venezuela no funcionó porque la oposición venezolana en cada momento y oportunidad imaginable impedía a Chávez gobernar.

Decir esto amerita una quema en la plaza pública de las redes sociales, pero ruego que quien desee saber los hechos más allá de los posts de Facebook, lea la historia reciente de Venezuela y cómo lentamente un candidato populista se convirtió en dictador ante el asedio de una oposición intransigente y sus deseos de aferrarse al poder (y a su vida):

  • En 1998 los venezolanos, decepcionados por los partidos tradicionales, eligen a Hugo Chávez Frías en elecciones libres.
  • En 1999 se aprueba una nueva Constitución.
  • En 2001 Chávez mediante una ley habilitante busca redistribuir tierras. Se alimentan temores de acumulación de poder en sectores empresariales y laborales.
  • En 2002 intento de golpe de estado contra Chávez orquestado por la oposición. El presidente de la agrupación empresarial asume el poder y disuelve los poderes del Estado. Un contragolpe restaura en el poder a Chávez.
  • Finales de 2002–2003, paro petrolero promovido por la misma agrupación empresarial que intentó derrocar a Chávez, Petróleos de Venezuela (PDVSA), partidos de oposición y medios de comunicación. Venezuela depende en más de un 80% de exportaciones petroleras.
  • En 2004 Chávez gana referendo para terminar su mandato.
  • En 2005 surge la primera ley contraria a la democracia emitida por Chávez contra los medios de comunicación opositores. La oposición política venezolana decide minar la legitimidad de Chávez al no presentarse a elecciones parlamentarias. El chavismo, al no tener contendientes, obtiene mayoría absoluta.
  • En 2006 Chávez gana por tercera vez la presidencia con 63% de los votos.
  • En 2007, encumbrado con el apoyo popular, Chávez nacionaliza compañías energéticas y de comunicaciones. Niega renovar licencia a televisión RCTV, quienes en el golpe de 2002 transmitieron caricaturas en el contragolpe de Chávez, por ser un medio opositor.
  • En 2012 Chávez gana las elecciones presidenciales con el 54% de los votos y una participación del 81%. El líder opositor Henrique Capriles Radonski reconoce la victoria de Chávez.
  • En 2013 muere Hugo Chávez.

¿Cuál es la lección que nos ofrece la tragedia venezolana? Depende del cristal con que se mire, para algunos será un grito de guerra para impedir cualquier movimiento de AMLO, sea legítimo o no. Pero para esta pluma, es una advertencia de que la polarización y la confrontación total conducen a la radicalización y al ejercicio tiránico del poder, donde hasta la propia sombra esconde conspiraciones y las sonrisas son dagas para quien se sienta en la silla del águila.

Hoy por hoy México está enfrentado consigo mismo: ya no son las usuales líneas clasistas y racistas de “prietos contra blancos”, sino de amigos y familias entre sí. La oposición política mexicana y la sociedad en conjunto debemos acompañar a AMLO para que gobierne en beneficio de todos y sanar al país de 12 años de muertos, corrupción desenfrenada y desaparecidos, por no decir una economía y sociedad mediocres que no pueden depender de sí mismas para salir adelante.

Y en caso de que el nuevo presidente atente contra los intereses del bien común (que no es lo mismo que los privilegios de algunas élites carroñeras), la oposición política debe estar ahí primero para dialogar y negociar con él sin condenar ex ante sus propuestas antes de analizarlas con la seriedad que ameriten, y si eso fracasa, será el deber de cada político y ciudadano ejercer una oposición democrática pero firme y resuelta, que respete la legitimidad de su poder que le brinda una mayoría del pueblo mexicano (tanto pobres como clases media y alta) y la de las propias normas del juego democrático, porque si la democracia es sólo buena cuando nos conviene, ¿a qué vamos? ¿a qué estamos jugando?

Imagen tomada de El País

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Escrito por:paginasalmon

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