Fotografía de Gerardo Alquicira

Berenice Pardo Hernández es historiadora del arte por la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México y tiene una maestría en Filosofía política por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Empezó a trabajar desde la universidad en contraprestación por su beca como asistente de investigación, siguió ese camino como asistente de investigación durante dos años. Después comenzó a trabajar por proyecto en el Museo del Palacio de Medicina en algunas publicaciones sobre la historia de la Inquisición, tanto historia documental como iconográfica; participó en curadurías y luego realizó algunas ella misma. Posteriormente, trabajó en Fomento Cultura Banamex en la coordinación editorial, de esta experiencia dice que “fue una faceta interesantísima porque eso me dio las pautas para ver cómo se trabajaba en la iniciativa privada […] pero echábamos mano de autores que trabajan en institución pública”. Fue agregada cultural en Barcelona, estuvo encargada de la oficina de cultura durante casi cuatro años; ella gestionó todos los programas no solamente de Barcelona, sino de todo el norte de España: Aragón, Cataluña, Cantabria y País Vasco. Finalmente, volvió a México y actualmente es la directora del Museo del Colegio San Ignacio de Loyola Vizcaínas. Su interés fundamental es la conservación del patrimonio cultural. En sus ratos libres, se dedica a la investigación del comercio sexual a través de la fotografía.

Andrea Ortiz: Represento a Revista Página Salmón. Nuestro interés es que esta revista difunda trabajos de personas que no únicamente pertenezcan al canon literario, teatral, cinematográfico, etc. Nos interesan las críticas de todas aquellas personas que tengan algo que decir entorno a un tema, queremos que todo el mundo las conozca. Por eso, estamos impacientes por hacer entrevistas, por hacer podcast, sacar artículos, más en estos momentos en que se viene un cambio de sexenio bastante radical. En ese sentido, buscamos conocer estas políticas culturales que están en boga, ver en pro de la institución pública, pero también de la institución privada. Justo una de las cuestiones que quisiera que platiquemos es esta parte del proyecto transversal con varias secretarías que plantea Alejandra Frausto; esta parte de revalorar al INAH e INBA, y la de reducir el trayecto entre el presupuesto, el beneficiario y la comunidad artística.

En el siguiente sexenio, se buscará que el sector privado comience a incluirse en el presupuesto para financiar proyectos dentro de la Secretaría de Cultura (SC); ¿cuál sería una estrategia para resolver el problema de la distribución presupuestal entre el INAH y el INBA?

BP: ¡Uy! Es una gran pregunta. Bueno, hay una parte que tiene que ver con esto en el programa que habla efectivamente de la reorientación del gasto cultural; sin embargo, la mayor parte de las propuestas implican un gasto extra de cosas que ya se están haciendo o cosas que le son pertinentes a la Secretaría de Educación Pública (SEP). Está muy enfocado en la educación a través del arte. Hay una línea muy clara en la Reforma Educativa y todo esto de la inclusión, y de la dimensión cultural en el programa educativo; está perfecto ampliarlo, pero creo que eso es un ejemplo que se debería de trabajar en conjunto con la SC, la SEP e instancias particulares. Porque si no, no tiene ningún caso que se haya descentralizado la SC, si al final vamos a regresar a un modelo de la cultura con un objetivo instrumental que es el de la educación nacionalista, así no tendría absolutamente ningún caso.

Eso para empezar. Luego, ¿cómo resolver el problema de distribución presupuestal? Con objetivos muy claros. Se tienen que poner los números sobre la mesa de cuánto va a costar cada programa y los costos que se pueden reducir, no necesariamente tienen que ver con donaciones o inversiones de empresa privada, sino con colaboraciones interinstitucionales. Tan sencillo, tan básico a un nivel operacional como que yo no tengo una cosa, préstame tú. Nosotros aquí en Vizcaínas tenemos la opción de pedir voluntarios de la HAAP, que es una institución de asistencia privada. No tenemos fines de lucro, entonces echamos mano de esos recursos que al final es mano de obra. No necesariamente, insisto, tiene que ser una situación de inversión, sino de ahorro en fuerza de trabajo, en ampliar programas de servicio social, de prácticas profesionales y de profesionalización de todos estos servicios.

AO: Justo me llama la atención que Alejandra Frausto intentará que la SC esté a la par de otras secretarías, porque en realidad ha sido una cosa muy aparte. La cultura se ha visto como algo que hay que tomar en cuenta, pero no como algo realmente importante. Lo que ella busca es algo muy igualitario. Me preocupa que intente hacer eso con estrategias que no representen cuidar los salarios, cosa que es muy significativa, más ahorita que no sabemos qué va a pasar. Cuando a ella le preguntan qué va a suceder con los salarios de los artistas, no tiene una respuesta, dice que no puede prometer nada; parece no tomar en cuenta los seguros sociales, los empleos por honorarios del sector cultura. ¿Tú qué opinas al respecto? Para hacer una “transformación integral de la cultura”, ¿qué se tendría que priorizar?

BP: La reorganización de la secretaría, terminarla de reorganizar. Alejandra Frausto tiene un reto enorme: es una funcionaria que tiene muchísima experiencia, sobre todo en términos de la “cultura para todos”, que es básicamente su propuesta. Sí ha llevado la cultura a sitios donde realmente se necesita para la transformación social, Los Faros, ese es un ejemplo. Está muy bien a nivel ciudad. A nivel país, la problemática más grande es que heredó una secretaría de nueva creación, que no ha solucionado desde este sexenio problemas básicos como es la recentralización del INBA e INAH. Porque si bien antes los tenía la SEP, todos conocemos que el problema ahora es la situación laboral de todos sus trabajadores. Se enfrenta también a una situación tremenda que es el Sindicato del INAH, que es uno de los sindicatos más poderosos de México. Tendrá que plantearse el futuro de todos esos trabajadores, pero también de los trabajadores que están por honorarios, que están flotando. Por eso hablo de la profesionalización de la cultura. Si queremos tener realmente proyectos de calidad y no en cantidad, tenemos que saber qué hacer con todos los profesionales de la cultura que no tienen una plaza y que, sin embargo, trabajan para la cultura y para la promoción de la cultura en y de México.

Eso es algo que tiene que solucionar sí o sí, porque el capital cultural de México reside en nosotros. No podemos hablar de la cultura como una cuestión inherente que nace como una plantita, sino que la cultura son muchas culturas y México tiene muchas culturas. Tienen un reto enorme en el sentido de saber cómo reorganizar y reincorporar todas las funciones de las distintas instancias que forman parte de la Secretaría de Cultura. Tenemos a grandes investigadores que no tienen una plaza, que están en peligro constante de perder su trabajo y otros que, sin embargo, tienen una plaza desde hace treinta años y no son productivos. Bueno, este es un problema en todas las instancias, pero en términos de la cultura, tenemos ahí al sindicato que es una cuestión que se debe resolver. Se debe cuidar muchísimo de no corporativizar a la institución; una cosa es la institución y otra son los grupos corporativos que de pronto obstaculizan la función de la institución. Hay que creer en las instituciones, pero hay que profesionalizarlas.

AO: ¿Cuál es tu opinión sobre las empresas outsourcing?

BP: Esa es una situación compleja, porque si bien un sindicato sirve precisamente para salvaguardar los derechos de los trabajadores, sí se puede caer en la perversión de los sindicatos y de los líderes sindicales que lejos de querer el bienestar de los trabajadores, quieren perpetuar malas prácticas dentro de la institución a través de las corporaciones. Se tiene que regular a los sindicatos y eso no nada más para la SC, sino para todo el gobierno en general. Si no se regularizan a los sindicatos, se puede caer en el corporativismo nuevamente, a un corporativismo que hemos tenido como lastre prácticamente desde su creación a principios del siglo XX; ya no como una organización de trabajo, sino como un monstruo que no responde, al final, a intereses del trabajador. Tienen que regularizarse los sindicatos para que entonces estas empresas outsourcing puedan desaparecer porque no son rentables. A la larga un trabajador contratado a través de estas empresas cuesta mucho más, lo triple, por lo menos, que un trabajador contratado bajo ley y sindicalizado. Sindicalizado pero con un control del sindicato. Entonces estas empresas son una solución bastante mediocre, son una salida fácil; no nada más las tiene el gobierno, las tienen muchas otras empresas, pero sí son peligrosas porque a largo plazo no son rentables. Lo que esto produce, precisamente, es que el trabajador salga tan caro que prescinden de él.

AO: Lo que busca la SC es ser autónoma, pero me parece que en esta idea de hacerse autónoma está jalando de otras instancias para mantenerse ella sola y no está llegando a ningún lado.

BP: No, no está llegando como debería a sus objetivos porque no se han solucionado muchas cosas que institucionalmente debieron haberse solucionado en el momento de su descentralización de la SEP. Al separarse de la SEP, no solamente se tuvo que haber hecho un programa de ¿qué es lo que va a pasar entonces con el INAH y con el INBA?, ¿cuáles van a ser sus funciones?, ¿cuáles van a ser sus competencias?, ¿van a depender de la Secretaría de Cultura? y ¿qué tanto van a depender de la SC las decisiones de la SEP y viceversa? Lo que se ve en el programa es que tiene muchos elementos y propuestas que tienen que ver con la Secretaría de Educación Pública, como antes de que fuera SC.

Para tener un programa cultural nuevo o para siquiera plantearlo, tienen que resolverse los lastres que dejó esta nueva institución: no es tarea fácil. Finalmente, no se puede dejar de trabajar dentro de la SC porque todo el tiempo están sucediendo cosas. México es uno de los países más fructíferos en términos de producciones y manifestaciones culturales. Entonces, precisamente porque no se puede dejar de trabajar, esta separación se dio sobre la marcha, pero se dejaron de resolver muchos problemas de administración interna. Esos problemas de administración interna que se tienen que resolver antes de plantear nuevos lineamientos de cómo va a funcionar.

AO: Alejandra Frausto habla mucho de los municipios. Impulsar las colectividades artísticas desde los municipios y darles el presupuesto directamente a ellos. ¿Cuál es tu postura en este sentido?

BP: Este presupuesto va a tener que pasar por la SEGOB y la Secretaría de Hacienda. Estas secretarías al final van a tener que aprobar el objetivo de cada presupuesto, que tiene que ir apoyado por un programa o proyecto. Lo interesante sería ver cuál y cómo está planteado el desarrollo de cada proyecto, porque si estamos hablando de cada municipio, de cada estado de la República Mexicana, es complejísimo. Para empezar, hay varios municipios cuya producción se centra alrededor del arte popular, y esta producción está básicamente bajo la administración de FONART, que a su vez está bajo la administración de SEDESOL; ya no es competencia de la SC. Si queremos que sea competencia de la SC, entonces tenemos que ver qué sucede con SEDESOL o si serán recursos compartidos. Habría que ver a qué proyecto se refiere, y cada caso particular de cada estado, de cada municipio. No es lo mismo la sierra de Oaxaca, que las producciones en el norte de Baja California, es diametralmente distinto. Culturas hay muchas. México es un país que está lleno de producciones culturales de distintos ámbitos, de distintos materiales, con distintas perspectivas y, sobre todo, objetivos. Lo principal es saber el objetivo: en dónde, cómo, circunstancias y proyección a mediano y largo plazo, ¿qué se quiere lograr con esto? Y las implicaciones sociales, por supuesto: si va a estar la SC hay que preguntarse, ¿por qué?

AO: ¿Cuál sería una buena estrategia para poder incluir en un proyecto, llámese de conservación, artístico, cinematográfico, teatral, un presupuesto privado y uno público?

BP: Una vez más, hacer un programa anual con objetivos muy claros. Porque se puede; la cooperación público-privada yo creo que es el futuro de la cultura en México. No son intereses diametralmente distintos, al contrario, confluyen en muchas cosas: desde que las sedes sean privadas y la infraestructura sea pública o al revés, se pueden trabajar. Dependen de cada programa, por ejemplo, habla por ahí de las estrategias de la proyección de México en el exterior, de los programas culturales que se quieren realizar. Este sexenio que está terminando fue particularmente productivo en términos de programas culturales en el extranjero, el año bianual México-Alemania fue muy productivo en ese sentido, porque no solamente fue cultural, sino que fue turístico y fue en cuestión académica con intercambios, becas: el CONACyT se puso las pilas. Lo que sucede en esos programas anuales es: ¿qué se quiere hacer? Una exposición, ¿en dónde?, ¿quieres un museo público o uno privado? Se puede llegar a hacer un acuerdo entre hacer una exposición en un museo privado con fondos públicos: ahí hay una cooperación. Porque el espacio cuesta, puedes no alquilarlo, pero entonces, si tú llevas ahí a tal artista, con tus fondos públicos, ya la parte privada está poniendo lo suyo. La estrategia tiene que ser de cooperación en términos de que ambas partes resulten beneficiadas. Becas, traslados, si quieres proyectar a un artista en Dubai, por supuesto que puede haber inversión privada, mucha. En ese sentido también influye cómo se va a llevar acabo la política exterior, el comercio exterior, hacia dónde van a caminar; entonces tiene que ser un proyecto muy global y completo de acciones culturales que vayan encaminadas a la inclusión de varios actores en ellas.

AO: Desde tu posición como directora del museo de Vizcaínas, ¿qué esperarías que se lograra en el sector cultura el siguiente sexenio?

BP: Esperaría que se lograra un mayor esfuerzo, en la Ciudad de México, en cuestiones de seguridad. Porque si bien la oferta cultural de la CDMX es una de las mejores ofertas del mundo, el tema de la inseguridad y cómo ha permeado la inseguridad del interior de la república en la CDMX es algo a lo que si no ponemos antención, nos va a afectar a todos los museos de la zona centro, por ejemplo. Nosotros [Vizcaínas] estamos insertos en la puerta sur del Centro Histórico y hay muchas posibilidades: de crecer, de incluir a la comunidad, de trabajar en conjunto tanto con empresa privada como con la función pública, pero si no le ponen atención a los distintos cuadrantes de la CDMX y a las particularidades y deficiencias en términos de servicios y de seguridad, los primeros afectados van a ser los museos. Tú como público, vas a dejar de ir a la Noche de museos que es un excelente programa (internacional, además) si no se te garantiza la seguridad como ciudadano. Los museos poco podemos hacer en términos de garantizar la seguridad al exterior, a menos de que se trabaje con cada actor público y privado. Entonces lo que yo esperaría por parte de la función pública es eso, poner atención a la seguridad y los servicios.

AO: ¿Y como historiadora del arte?

BP: Esperaría que se les garantizara un futuro a todos mi colegas en el que puedan desarrollarse profesionalmente, con la seguridad de que van a ser valorados, de que su trabajo va a ser valorado y de que van a tener una seguridad de trabajo. Que el campo va a ser de interés prioritario para el gobierno. Si tanto nos jactamos que México tiene una cultura inabarcable, entonces ¿por qué no darnos las oportunidades y preparar el campo y las condiciones para que eso suceda?

Más becas, becas de buena calidad; menos corrupción al interior de las instituciones académicas; menos burocracia; más apertura. Sobre todo, más apoyo para las publicaciones. Porque si tú eres un investigador, eres académico, eres un profesional de la cultura, pero nadie te ve, nadie te lee, nadie te pone atención, es porque no hay suficientes medios para difusión. Hay por ahí alguna propuesta al respecto de difusión, de plataformas de difusión, eso es importante, pero lo veo muy ambiguo. Se tiene que, obviamente, acotar con una normativa, con un proyecto, no nada más decir que se van a poner a disposición las nuevas tecnologías para los profesionales, ¿cómo? Y ahí la regulación del tema del internet va de la mano.

AO: Estaba viendo también que se le apuesta mucho a la equidad de género. Lo que me llama la atención, y es un problema bastante obvio, es la desigualdad laboral de las mujeres, entonces me gustaría saber, como historiadora del arte, como mujer que trabaja en una institución privada, ¿qué esperarías en este sentido?

BP: Somos muchas mujeres las que trabajamos en el ámbito cultural. Incluso, me parecería que somos una mayoría, pero cuando se llega a cargos altos, ahí es cuando la paridad de género llega a disminuir. Hay muchas actoras del ámbito cultural que son mujeres, que son gestoras, que son artistas… pero ¿cuántas tienen la oportunidad de llegar a una dirección ejecutiva? Creo que muchas se quedan a la mitad del camino. No sé si es porque todavía falta credibilidad en cuestiones de género o porque a la cultura le hace falta credibilidad en términos ejecutivos, porque piensan que la cultura no cuesta. La cultura no es del ámbito doméstico; me inclinaría incluso a pensar, malamente, que hay todavía un pensamiento de que la cultura es inherente a la mujer porque a la mujer le pertenece el ámbito doméstico, entonces la cultura es del ámbito doméstico. Es algo que se da, es algo a lo que tú tienes derecho, como respirar; pues no siempre. La cultura tiene un costo, implica un costo de trabajo, implica un costo laboral, implica muchos costos administrativos y de gestión. Por eso insisto en que es un ámbito profesional, por eso insisto en la profesionalización de la cultura.

Creemos que la cultura debe ser gratis para todos parejo, y no. También debe haber una redistribución en ese sentido. Por ahí lo dice, “redistribución de la riqueza cultural”, no se bien a qué se refiere con eso, pero si hablamos de redistribución de la riqueza entonces se les debería cobrar a todos por igual, pero dependiendo de su estatus socio-económico. Efectivamente la cultura es para todos, sí es un derecho, pero en tanto que tú puedas acceder a ella aportando. Tan simple como que un estudiante de prepa no tiene las mismas posibilidades económicas que un estudiante de prepa con beca de la universidad. Si tú estudiante con beca de la universidad prefieres irte por unas chelas los viernes, ese es tu problema, pero entonces no exijas que la cultura sea absolutamente gratis para ti si prefieres invertirlo en otras cosas. Suena fuerte, suena duro, pero o es así o no vamos a llegar como dice por ahí en el programa a financiar todos los aspectos culturales, y menos la conservación, la preservación y la restauración de los sitios y de todos los bienes que están dañados y que se están apunto de perder. No se puede poner a tomar talleres de restauración al capellán de una parroquia de un pueblo para restaurar una obra: puede conservarla, eso sí, sí se les puede dar cursos de conservación, pero nunca de restauración. Esa es una cuestión que debe dejarse a los profesionales y en ese sentido, invertir en la profesionalización como una prioridad.

AO: Me da la impresión de que piensan que no hay profesionales.

BP: Pareciera que cree que no hay suficientes. Son suficientes y pueden ser más si se invierte en ello, se debería invertir como una prioridad porque somos uno de los países con más sitios de interés histórico y artístico en el mundo.

AO: Sí. Lo que me llama la atención de estas escuelas-taller es que, primero, se plantean para los estados que fueron afectados por el sismo, y luego, si funcionan, dejarlos de manera permanente, abrirlos a los otros estados de la república. Me quedo pensando, ¿qué pasa con la ENCRYM, qué pasa con la ECRO, qué pasa con las facultades de artes de la UAQ, UAZ, UASLP, las mismas facultades de arquitectura de la UG, la UNAM? Son instituciones que ya están ahí, probablemente lo que faltaría sería abrir la oferta académica a otros estados de la república, porque es cierto que está en un cachito del país. Estas escuelas taller me parecen soluciones inmediatas.

BP: Claro. Yo creo que lo que hay que descentralizar, lo que hay que redistribuir, es el conocimiento y la profesionalización. Estas personas que habitan en sitios donde efectivamente hay monumentos que están en peligro tienen otras prioridades en su vida: sobrevivir; porque no tienen una industria suficientemente desarrollada como para preocuparse por estas cuestiones. Todos se preocupan porque sus iglesias estén bien, porque alrededor de éstas se genera la economía, ellos viven alrededor, pero eso no quiere decir que sean capaces, no porque no tengan la capacidad intelectual, sino porque ni tienen el tiempo, ni lo van a tener para profesionalizarse para llegar a adquirir una responsabilidad de este tipo. Efectivamente, son muy pocas las escuelas que se dedican a esto y que entonces producen profesionales que pueden llegar a estos sitios, porque esa es otra cuestión, ¿cómo llegan? ¿quién paga el transporte? ¿quién paga la alimentación?

AO: Quién les garantiza que tienen seguro social…

BP: Exacto. Si hay un accidente, ¿quién paga por ello? Es más bien, invertir en esto.

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Escrito por:paginasalmon

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