Frente a mí pasa una niña que toma de la mano a su papá. “Ven, vamos a leer”, dice ella quien, con toda determinación, encamina al padre hacia una carpa de Libros del Rincón. Se alcanza a ver un espacio lleno de libros de piso a techo, cojines grandes, bancos pequeños. Algunas familias y grupos de niños comentan las ilustraciones, acomodan los libros en su lugar o los dejan a un lado y ya van por otros al librero. Hay quienes leen en silencio y quienes lo hacen en voz alta. Individualmente o en grupo.  “Pero tenemos que comer”, dice el papá que ya está entrando a la carpa. “Sí, pero primero quiero leer” le responde ella, quien ya se ha soltado de la mano en busca de un libro para devorar.

Treinta y ocho años han pasado desde la primera Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) en nuestro país y aunque todavía nos falta mucho trabajo de fomento al lector –una labor menos centralizada, más intensiva y transversal–, es un hecho que la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) ha crecido y se ha fortalecido para beneficio de lectores, autores y editoriales, así como los programas de mediación y fomento a la lectura que se han creado en nuestro país.

Tuve la oportunidad de asistir a la FILIJ en su edición 38 durante varios días y aquí les cuento lo que pude observar.

Tremendo Tulio Tour: marionetas y rock

Detrás del escenario hay cajas y cajas de marionetas que reposan unas encima de otras. Inertes. Estamos en el escenario principal de la FILIJ. Hay una multitud esperando a que el concierto comience. “Después de un tiempo descubrimos que las marionetas se manejan mejor en lo alto, de pie, y no de rodillas”, comenta Álvaro Díaz, creador y director del programa 31 minutos, en un encuentro de profesionales justo un día previo al show.  Las marionetas, antes indolentes y reposando en el suelo, ahora son recibidas entre miles de gritos de euforia que se ha hecho ya un solo grito. Quien les da vida son los seres humanos que sudan, que corren de aquí para allá tras bastidores, que tocan la guitarra y que regresan a prestar su voz y su energía a Tulio, a Juan Carlos Bodoque, a Juanín Juan, a Patana, y a muchos personajes más. El grito de la multitud: ha comenzado el Tremendo Tulio Tour. Un espectáculo de marionetas y música que se deriva del noticiero chileno más famoso del mundo: 31 minutos.

Entre el público sucede lo inevitable en los conciertos masivos: la gente se siente hermanada. Es fácil sonreír a los desconocidos que están a tu lado cuando ya han cantado juntos más de tres canciones completas.

“Yo pensé que nada más se las sabían los niños, pero míralos”, le dice una niña a su amiga mientras señala a un grupo de siete treintañeros que llevan playeras con el logotipo del noticiero, y que no han dejado de cantar juntos desde que comenzó el concierto. Es más de una generación la que ha crecido con este programa de personajes honestos y originales, de los que sus creadores dicen:

Hay una falta absoluta de perfección en los personajes; no pretenden ser perfectos, ni quieren ser modelos como Barney, y no pueden serlo porque son un desastre… el principal objetivo es que te des cuenta luego –antes de que lo percibiéramos nosotros, probablemente– que no vas a ser perfecto, que no importa serlo porque lo trascendente son otras cosas: los aspectos emocionales de la vida, la amistad, el cariño, etcétera.

Por donde quiera hay movimiento. Casi todos bailan. Los que no lo hacen es porque están contestando el celular o porque buscan un lugar donde acomodarse. Unos bailan alocadamente, otros con suavidad, pero a todos se les mueve el cuerpo aunque no quieran, aunque no se estén dando cuenta. No importa que no se sepan ninguna canción: padres, niñas, bebés, abuelos, todos están inevitablemente contagiados de ese ritmo pegajoso de funk y rock de las canciones de 31 minutos.

 El concierto ya casi va a acabar y sigue llegando gente. Mucha gente. Me pongo a pensar que esto es como un festival de Coachella Valley pero para toda la familia.

Le pregunto al niño que está a mi lado cómo es que conoció el programa de 31 minutos. “Un día en la tele salió. A la hora de la comida. Me gusta muchísimo. Mira, mi mamá me los hizo”, y me muestra con una mano a Juan Carlos Bodoque, (un conejo rojo de camisa a rayas) y a Mico el Micófono (un micrófono con ojos), con la otra. Su mamá sonríe y agrega: “tiene todos los principales”. Yo asiento y sonrío también. Y me uno a ellos cantando, entre risas, “diente, amigo, dime cuándo tú vas a volveeeeeer”, en una variación de la canción “Diente blanco no te vayas”, en clara alusión a nuestro Juanga.

Creo que este tipo de espectáculo no se hubiera podido llevar a cabo en un espacio más reducido como su antigua sede.

Logros y retos en el nuevo espacio de la FILIJ

La feria lleva ya tres años en el Parque Bicentenario, ubicado en la delegación Azcapotzalco. La antigua refinería es ahora un espacio de gran extensión que abarca áreas verdes, lagos artificiales y zonas deportivas.

Del 2015 (último año de la FILIJ en el CENART) al 2017 se puede ver cómo la feria ha crecido. Veamos un poco los datos duros. En 2015 los asistentes se contabilizaron en 350 mil; los sellos editoriales en 374; la actividades artísticas y culturales en 2,500. En 2017 (al segundo año de la FILIJ en el Parque Bicentenario) a la cantidad de asistentes del 2015 se sumaron 131 mil más; las editoriales fueron las que más incrementaron su presencia pues en este año se incorporaron 694 más, así como 141 actividades artísticas y culturales nuevas.

Grupos de gorras azules, amarillas, rojas y verdes. Niños que caminan en hilera o tomados de la mano. Entre semana es muy común ver grupos escolares cuya forma de distinguirse es por medio de estas gorras. En cambio, durante los fines de semana es más frecuente encontrarse con diademas de unicornios y orejas de gato en las cabezas de los pequeños asistentes.

A cada rato las filas de los grupos de escolares se rompen en carcajadas que rebotan en el pavimento para chocar entre los libros y el césped. Niñas y niños brincando, corriendo, rodando, resbalando.  Entre tanto espacio verde, las pequeñas colinas de pasto, entre todos los libros y sus posibilidades resulta imposible permanecer indiferente. Es el cuerpo que se desborda de energía y responde al contexto. Esto siempre me ha gustado muchísimo de la FILIJ, desde que yo misma era niña y visitaba con mi familia la feria en el CENART, un espacio distinto, más pequeño, pero con un concepto similar de libertad, juego y actividades alrededor del libro.

En general, he notado que a la FILIJ le hizo bien el cambio de sede aunque aún faltan algunos aspectos por mejorar. Este año, por ejemplo, hubo numerosas actividades del programa que se cancelaron (unas cuantas se fusionaron con otras) porque los foros en las que se planearon no tenían las condiciones necesarias para resguardar a la gente de la lluvia, el frío y el viento. Algo similar sucedió con el Seminario Internacional de Fomento a la Lectura. El trayecto que hay entre la entrada y el museo (lugar donde se lleva a cabo dicha actividad) está totalmente expuesto y desprotegido para quien llegue caminando, no así para quien llegue en carro. El camino es en verdad muy agradable por las extensas y bien cuidadas áreas verdes alrededor, si el clima es propicio, pero en condiciones adversas de viento y lluvia, como las hubo el día 13 y 14 de noviembre, el hermoso paseo en la intemperie total se convierte en un largo infierno verde para los peatones.

En cuanto a los seminarios, encuentros y jornadas profesionales, este año se llevó a cabo la primera Jornada de Industrias Creativas, que contó con una muestra de trabajos de muy buen nivel, así como de encuentros entre profesionales para pensar la calidad y contenidos de los medios audiovisuales para niños y jóvenes.

En el XX Seminario de Internacional de Fomento a la Lectura destacaron sobre todo las participaciones de las mexicanas Anel Pérez, Monique Zepeda y Socorro Venegas, también la de Benito Taibo; de los colombianos Mario Mendoza y Juan Felipe Torres y del brasileño Otavio César da Souza. Todos ellos se mostraron generosos al compartir sus conocimientos y reflexiones en torno al fomento a la lectura, aplicando en todo momento la máxima de Horacio, aquella que dice prodesse et delectare; es decir, enseñar deleitando. Eso se agradece porque las experiencias en torno a la lectura expuestas de forma mecánica, oficialista y aburrida desaniman hasta al mediador más apasionado, de los cuales, y por fortuna, había muchos entre los asistentes al seminario.

Todos hacemos la FILIJ: lectores, autores, editoriales, talleristas, personal de limpieza, de seguridad, invitados, mediadores, teatreros, músicos, narradores, comité organizador, coordinadores y prensa. Esta feria se nutre del aprendizaje, y por eso cada año es mejor y más grande. Esta feria es nuestra. ¡Nos vemos hasta la próxima FILIJ!

Facebook: /moniezen
Twitter: @moni_zen

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Escrito por:paginasalmon

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