Fotografía: “US” de Lucila Muriel

La primera vez que leí Jane Eyre de Charlotte Brontë a mis escasos trece años esperaba una historia de amor al estilo de Elizabeth Bennet y Mr. Darcy en Pride & Prejudice, pero en eso el libro de Brontë decepcionó a mi yo adolescente. Me di cuenta de que una de las razones principales por las que me perturbaba, más allá de que en sí es una historia mucho más oscura que la novela de Jane Austen, era que Mr. Rochester, cuando menos, le doblaba la edad a Jane. Una década después me hago otra pregunta: ¿por qué será que en la historia literaria tenemos tan normalizadas las relaciones entre un hombre mayor y una mujer mucho más joven, a veces apenas mayor de edad? Para esto pienso que, sin necesidad de irse a los extremos abusivos y violentos de una novela como Lolita, como sociedad aceptamos sin chistar que es “natural” que un hombre mayor desee estar con una mujer más joven, es más, tendemos incluso a romantizar esa idea. Esta pregunta me lleva a la siguiente: ¿qué pasa cuando esa diferencia de edades se da al revés, es decir, cuando la mujer es mayor y el hombre mucho más joven? En primer lugar, sabemos que ese esquema de relación se trata bastante menos en la literatura. En segundo, es identificable que en nuestra sociedad la idea de que una mujer “mayor” “seduzca” a un hombre más joven no deja de tener tintes peyorativos en los que se cosifica y sexualiza a esas mujeres.

Es a partir de este contexto que quisiera hablar de la nueva novela del escritor británico Julian Barnes. Publicada a inicios de 2018, The Only Story trata de la relación, considerada escandalosa a los ojos de la sociedad, entre Paul, un joven estudiante de apenas diecinueve años, y Susan Macleod, una mujer casada de cuarenta y tantos años. Lo escandaloso de su relación viene de varios frentes, especialmente pensando en que el inicio de la historia se ubica en la década de los sesenta: no sólo es Mrs. Macleod una mujer casada, sino que Paul, su eventual amante, podría ser su hijo. La novela de Barnes utiliza elementos como el llamado adulterio y la brecha de edad para, en última instancia, hablar de otros temas, quizá más relevantes para nuestra sociedad hoy en día, como la forma en la que el acto de contar historias termina por ser un elemento constitutivo de nuestra identidad y nuestra memoria:

Most of us have only one story to tell. I don’t mean that only one thing happens to us in our lives: there are countless events, which we turn into countless stories. But there’s only one that matters, only one finally worth telling. This is mine. (3)

En este sentido, The Only Story apoya la noción de que la memoria siempre tiene un fuerte elemento narrativo y, que si bien ésta es falible, es en última instancia la única herramienta que tenemos para acceder a nuestro pasado.

Me gustaría ahora hablar de una de las estrategias principales con las que el texto de Barnes juega para cuestionar el aspecto narrativo de la memoria. La novela se divide en tres secciones que abordan distintos momentos de la relación entre Paul y Susan. Él es quien narra cada una de ellas en retrospectiva, desde un momento en el futuro que no se especifica, pero es por lo menos un par de décadas después del inicio de los eventos narrados. Si bien Paul siempre se mantiene como narrador, a lo largo de la novela su voz cambia entre la primera, la segunda y la tercera persona. No creo que The Only Story sea una de esas narrativas nostálgicas en las que se considere que los tiempos pasados —especialmente la década de los sesenta— siempre fueron mejores ni mucho menos, pero sí es un texto sobre el dolor proveniente de las decisiones que tomamos a lo largo del tiempo. El manejo de ese dolor es lo que, en mi opinión, conduce a ese movimiento entre las versiones narrativas de Paul. La narración en primera persona permea la primera parte de la narrativa, en la cual se trata el inicio de su relación con Susan, no de manera idílica pero sí con el fervor de un primer amor en la juventud de Paul. Esta primera sección termina con una declaración que cambia el rumbo de la novela: “And this is how I would remember it all, if I could. But I can’t”. (83)

A partir de la segunda sección es que empiezan los juegos narrativos que complican la relación de Paul, no sólo con Susan sino con sus propias memorias de lo que sucedió. El uso de la segunda persona me parece que cumple dos funciones: por un lado, se intenta establecer una empatía —forzada por la forma lingüística— entre quien lee el texto y Paul, quien desesperadamente la necesita porque cuenta episodios no tan favorables para su personaje. Por otro, ese “tú” en la narrativa, que sabemos es Paul y no alguien más, se distancia de la cercanía, en momentos dolorosa, de un “yo”. Esa creación de distancias como mecanismo de protección ante momentos dolorosos se exacerba cuando The Only Story se mueve hacia un “él”. Narrar en tercera persona es la única herramienta que le queda a Paul, posicionado en el futuro de los eventos, para poder contener sus emociones al distanciarse, por lo menos verbalmente, de los mismos. No obstante, esa ilusión de separación y contención se rompe al final de la novela cuando Paul regresa, en las últimas dos páginas, a la primera persona que no había aparecido desde el inicio. En mi opinión esa última pequeña sección de la novela de Barnes es efectiva para darle circularidad a la narrativa, pero también es la parte más sincera en la que cualquier mecanismo de defensa y separación narrativa se desploma: Paul una vez más admite que lo que está narrando es su propia historia y que ningún malabar de la lengua podría impedir una confrontación directa con su pasado y sus emociones. La franqueza y vulnerabilidad de Paul en ese pasaje conforman un final que, como el resto de la narrativa, termina siendo conmovedor, aunque también profundamente triste.

Hasta aquí he hablado de un aspecto más bien formal del texto que, a mi parecer, es el mecanismo que Barnes utiliza para explorar esos límites entre la narrativa y la memoria de sucesos emocionalmente complejos. Ahora me gustaría retomar la discusión con la que abrí esta reseña sobre la cosificación de las mujeres “mayores” que entran en una relación con hombres más jóvenes. La caracterización de Susan Macleod me parece uno de los grandes aciertos de The Only Story. Paul es consciente de los estereotipos de las mujeres y de cómo la sociedad ve a Susan. Por un lado, está la figura de “la mujer mayor que le enseñará al joven la forma de amar”: en él se participaría de una suerte de fetichismo de la mujer adulta que se regodea de su sexualidad para “aprisionar” a sus amantes jóvenes; por otro, está la noción de la mujer adulta que debería estar frustrada sexualmente y necesitada de que un amante joven se apiade de ella y se interese por esa relación. Finalmente, Paul rechaza ambos estereotipos nocivos cuando habla de Susan.

Susan no se identifica con ninguno de los dos extremos, sino que presenta su propia individualidad. Susan encarna una crítica a una realidad bastante machista a la que se enfrentaban las mujeres de mitad del siglo XX: a la imposibilidad de explorar su sexualidad más que dentro de los límites, en ocasiones asfixiantes, del matrimonio. La señora Macleod se corresponde con lo que una mujer de buena reputación debiera hacer en esa época: se casó joven con un hombre mayor que ella, tuvo dos hijas y vive en un suburbio tranquilo de Londres. A pesar de tener la “vida perfecta” de la mujer de los sesenta, Susan no está satisfecha. La relación con Paul se da, en un inicio, porque Susan ve que es distinto a los hombres de su círculo social, quizá en parte por ser joven, pero no es, seguramente, lo único. Sin embargo, Susan siempre está rodeada de inseguridades que tienen que ver con la diferencia entre los géneros. Se apena de su inexperiencia sexual cuando está con Paul, en parte porque supone que, como correspondería a la idea del hombre en la época, seguro habría tenido más experiencias con otras mujeres y probablemente se decepcionaría de ella. Susan es un personaje vulnerable que desea trascender la situación social y emocional en la que su papel como esposa suburbana la recluyó. La narrativa de Paul siempre reconoce esas ambigüedades del personaje, quien padece profundamente del peso de las expectativas impuestas sobre las mujeres.

The Only Story es una novela sobre esa relación entre dos personajes de contexto similar, pero edades diferentes, en las que la mujer no se cosifica para complacer al narrador, sino que éste la intenta entender en toda su construcción. Esta novela de Barnes se inserta dentro de preocupaciones temáticas y estilísticas que también conciernen a otras de sus novelas como The Sense of an Ending (2011) o England, England (1998), en las que igualmente se ocupa de la relación entre la memoria, la narrativa y el pasado. The Only Story abre la discusión en torno a un tipo de relación que no se ha explorado demasiado de manera sensible y no tendenciosamente machista en la historia de la literatura anglófona, además de continuar con el cuestionamiento de los límites de la narratividad para expresar la experiencia humana. Tras las preguntas incitadas por esta novela, me quedo a la espera de lo que nuevas voces en el panorama literario nos puedan seguir iluminando al respecto.

Escrito por:paginasalmon

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