Fotografía de Gerardo Alquicira

El Pueblo Mágico de Metepec, enclavado en el Valle de Toluca y a escasos ocho kilómetros de la capital del Estado de México, es fácilmente reconocido como un punto burbujeante de creación. Famosa y antigua morada de artesanos que trabajan con dos de los elementos fundamentales, el Agua y la Tierra, nos referimos a un cálido vecindario mimetizado ahora con las modernas exigencias cosmopolitas y que mantiene, sin renunciar a su parte Matlatzinca y Otomí, la tradición de modelar en barro su realidad. Si nos atenemos a las viejas maneras, que muchas veces resultan más efectivas, accesibles y, por lo tanto, anacrónicamente vigentes, es posible llegar preguntando al Museo del Barro, que permite introducirnos a la extensa obra alfarera local con una muestra permanente de más de tres mil piezas galardonadas a lo largo de 35 años. Sin embargo, justo ahora, sólo lo pasaremos como antesala a un taller de trabajo que ocupa parte de su tercer piso y que se ha encargado, durante los últimos 21 años, de formar escritores.

Flor Cecilia Reyes además de ser poeta, es guionista, conductora de radio, empresaria y promotora cultural y literaria. Actualmente es directora de la Escuela de Escritores del Estado de México “Juana de Asbaje”, que oferta uno de los diplomados de creación literaria más atractivos del país. En sus aulas convergen narradores, poetas, dramaturgos, ensayistas y críticos, tanto emergentes como consolidados de la literatura latinoamericana, podemos mencionar parte de la plantilla que, también a la manera artesanal, a fuego lento, se han encargado de instruir a un importante número de generaciones de escritores noveles: Blanca Ocampo, Amelia Suarez, Maricruz Patiño, Doris Camarena, Raquel Castro, Alberto Chimal, Ricardo Bernal, Saúl Ordoñez, Mauricio Carrera, Roberto Fernández Iglesias, Eduardo Villegas y Félix Suárez.

Con el sabor a tierra del mezcal oaxaqueño con el que afectuosamente me recibe la maestra Flor Cecilia, iniciamos esta conversación. Hablamos de la responsabilidad que tiene el artista con la sociedad que lo genera y que muchas veces es incomprendida incluso por él mismo, de los retos y oportunidades de las empresas culturales, de la importancia de tejer redes de trabajo colectivo, del papel de la sociedad como ente organizado y activo para provocar cambios positivos y de la ruta trazada para la Escuela a mediano plazo.

Miguel Lara: Platíquenos por favor, acerca de la Escuela de Escritores Juana de Asbaje.

Flor Cecilia Reyes: La Escuela de Escritores del Estado de México es el proyecto más importante en que he trabajado, pues no tiene que ver solamente con mi labor como ente creativo, sino con el impacto social que genera la promoción cultural. Hay que reconocer que el trabajo creativo no estaría completo si dejamos fuera esa otra parte del quehacer artístico que es la gestoría de la cultura.

Por otra parte, nos ha costado trabajo mantenerla. En primer lugar porque no todo el mundo está convencido que el escritor se tenga que formar, sin embargo, los alumnos dan resultados inmediatos: publican, obtienen becas del Fondo Estatal de la Cultura y las Artes, forman grupos culturales independientes, están haciendo cosas muy importantes en el Estado de México. Son los comunicadores inteligentes y propositivos en Radio Mexiquense, en Uniradio (la estación de la Universidad Estatal) y en otros ámbitos del periodismo impreso, en blogs, en revistas. Para mí esto resulta muy importante porque lo que hemos hecho es formar generaciones de gente proactiva, no solamente para un trabajo de autor, sino para contribuir al grupo social.

ML: ¿Es correcta esta percepción, a veces generalizada, de que para los gestores culturales es normal batallar para mantener a flote los proyectos?

FCR: Hace algunos días entrevisté a Gabriela Ballesteros, quien es narradora y también editora. Desde hace siete años dirige la editorial Ediciones de Autor. Le pregunté: “Oye, ¿y qué hay que hacer para que la editorial tenga dinerito?”, a lo que me respondió: “Pues sí tenemos dinero. Lo tenemos porque nos es muy claro a quiénes nos dirigimos. Además, quienes publican con nosotros se comprometen a presentarse en grupos de secundaria, de preparatoria. Se comprometen a platicar con los muchachos y entusiasmarlos con lo que están haciendo. Esto nos ayuda a engancharlos en la lectura que es lo más importante”.

Me pareció una propuesta tan interesante y sí, por supuesto me sorprendió que cuando le pregunté sobre el dinero, que yo creía era la parte más complicada de los movimientos culturales independientes, ella me dio la respuesta perfecta: “tenemos un estudio de mercado y sabemos a quién nos dirigimos”. Me habla de creatividad y de inteligencia a la hora de emprender, me habla de la profesionalización de la empresa cultural.

ML: ¿Cómo se justifica un proyecto cultural que no da resultados en términos monetarios y que son los que se usan normalmente para medir el desempeño de una inversión?

FCR: Se justifica porque hay un resultado inmediato. Justo lo que estás haciendo tú, desde tu trinchera, es ya un resultado de que la Escuela de Escritores da frutos. (El autor de esta entrevista es egresado de la escuela de la que hablamos) ¿Cómo es calificado? Bueno, a partir del boom de las redes sociales tenemos también ya una nueva manera de medir. Cuando llegan nuevos alumnos y les pregunto cómo se enteraron de la escuela, normalmente resulta ser por redes sociales: “mi amigo, mi primo, mi novio me lo compartió, empecé a investigar y resulta que esto es lo que he estado buscando durante mucho tiempo”. Las redes sociales han sido definitivas y han dado un cambio muy importante respecto a las maneras en que se difunde y transmite la información a propósito de la gestión cultural.

Me devuelvo al trabajo que realizan los egresados. No solamente están escribiendo sus propios proyectos, no solamente están desarrollando una carrera literaria, la cual siempre es solitaria. No hay manera de compartirla. Por más que uno vaya a cualquier escuela de escritores y ahí trabaje sus textos y los lea en voz alta y aguante varacon la crítica, etcétera, se trata de una carrera absolutamente solitaria. Nadie puede decirte el cómo. Hay que ir buscando los caminos y a veces se atina y otras veces no. Con el tiempo los proyectos maduran y provocan un impacto social, desde cada trinchera particular, lo cual es maravilloso. Se trata entonces de un compromiso no sólo particular o individual, sino colectivo.

Esto me parece aún más importante que el trabajo individual, el trabajo colectivo que se ha generado a través de la Escuela. Los asistentes tejen afinidades selectivas. Es algo que cabe recalcar. Esto mismo se está multiplicando de manera exponencial, no sólo en el Valle de Toluca, sino en el Estado de México y en todo el país. Tengo muy claro que en la medida en que sepas hacer equipos las cosas salen de una manera diferente y para mí la prioridad en muchos proyectos emergentes son los alumnos de la escuela: la gente talentosa, la gente en quien veo un perfil particular para integrarla a otros trabajos.

Hace poco, con el caso de “El Guardagujas”, por ejemplo, sucede que me hacen la invitación para adaptar el cuento y después llegó la invitación para la producción. Me sorprendió. He dirigido festivales, encuentros de teatro independiente, de títeres, etcétera, pero siempre como gestora. Estar del otro lado para mí fue un reto maravilloso, no me había tocado. Implica tareas diferentes a las que estoy habituada: levantar un proyecto de la nada, conformar un equipo multidisciplinario para contar con editores, ilustradores; la dirección escénica estuvo a cargo de Adriana Romero, alguien con mucha experiencia, pero el asunto estuvo en involucrar a la gente con poca experiencia, eso es muy importante, el resultado fue maravilloso. Incluimos a gente que de pronto no tenía tanta idea de lo que iba a suceder pero que yo sabía que podían hacerlo y lo hicieron. “El Guardagujas” es un ejemplo de muchas cosas que se pueden hacer desde la escuela.

“Literatura y otras quimeras” (programa permanente en el Festival Internacional Quimera de Metepec) nos ha dado la oportunidad de homenajear a grandes maestros de la literatura en México y de conocer y reconocer lo que nosotros tenemos en el Estado de México. También nos permite que los alumnos participen y que sepan que se trata de un asunto muy serio. Insisto, lo corroboro cada vez que veo que surgen grupos, que se fundan revistas, con los alumnos ayudándose a hacer cosas en el terreno cultural, no sólo en el literario.

ML: ¿Cuál es su perspectiva, dado el cambio de poderes tanto en lo federal como en lo municipal, respecto a la cultura?

FCR: Creo que Gabriela Gamboa (presidenta municipal de Metepec) tiene claro que dejarse ayudar y dejarse asesorar es una tarea muy importante porque no hay cabida para la improvisación en el servicio público. Creo también que el principal compromiso de la ciudadanía es ser participativa, opinar y trabajar de verdad. Señalar y dar derroteros en cuanto a la promoción cultural y a lo que queremos y necesitamos. No podemos dejarles ese trabajo a ellos. De repente nos desentendimos un poco e hicieron lo que se les pegó su rechingada gana. Muy mal. No podemos seguir haciendo eso. Quienes tenemos las posibilidades de información, de creatividad, de proposición en cuanto a derroteros culturales somos lo artistas. Hay que asumir esa responsabilidad social. No se trata de: “¡ay!, escribo un librito de poemas y quiero publicarlo y que lo lea mi papá, mi mamá y me tomen fotos y me entrevisten”. No, no. Hay una responsabilidad social que tenemos que asumir con todo compromiso, respeto y cuidado. Puede venir Morena, otra vez el PRI, el PAN, el PT, venga quien venga, tenemos que asumir que ellos son los servidores públicos y nosotros somos quienes debemos tomar las riendas con toda la seriedad. Tenemos todos los elementos para hacerlo.

ML: Volviendo a la Escuela de Escritores, ¿cómo se integró usted a ella?

FCR: Inicialmente como alumna de la primera generación, aunque desde entonces hubo la propuesta, pues ya tenía obra publicada, de que asumiera la responsabilidad de la dirección. Estuve en la gestión con la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM) para formar aquí una escuela. Entonces, entré primero como alumna y unos ocho o diez meses después que me gradué del diplomado es que me invitan a dirigirla. Desde entonces lo hago con absoluta pasión, enfrentándome a muchas cosas, una de las más importantes ocurrió cuando nos separamos de SOGEM hace ya varios años. Ellos querían lana y los escritores no damos lana a menos que seamos guionistas de televisión o de series. Entonces, bueno, nos independizamos. Creamos una asociación civil y muy poco cambió respecto al trabajo realizado porque, además, desde que éramos parte de la SOGEM, nosotros hacíamos directamente las gestiones e invitaciones a los escritores que iban a participar como docentes en el diplomado. Esto lo seguimos haciendo. Entonces no hubo mayor cambio: dejamos de seguirle dando lana a una asociación que principalmente se dedicaba a la televisión y a escribir series y un poco de teatro, pero que no les interesaba realmente el trabajo de la creación literaria.

ML: Finalmente, ¿qué metas tiene trazadas para el mediano plazo?

FCR: Consolidar institucionalmente la Escuela. Dejarla absolutamente consolidada. En cuanto a prestigio, no tengo ninguna duda de que ya lo tenemos, ya somos. Contamos con un equipo de escritores-maestros que apoyan, impulsan, que creen en el proyecto; entre otras cosas, pienso que sucede por la certeza de que no tiene, no existe, un trasfondo lucrativo ni de poder, sino legítimo de servicio cultural, de un servicio a la sociedad, pues si bien son muchos los escritores que han egresado de la Escuela, también hay muchos otros que no necesariamente terminan siéndolo pero se convierten en promotores culturales, promotores de la lectura; se convierten en gente que mira de otra manera el mundo y que comparte una visión. Eso me parece un gran logro.

Estos años que puedan venir yo estoy dispuesta a seguir trabajando para consolidarla institucionalmente y en conformar un equipo, con los alumnos y ex alumnos, que sea capaz de defender este proyecto. Para dedicarse a las empresas culturales se necesita un cierto perfil que, si bien yo he podido cubrir en algunos aspectos, se trata de algo que he ido madurando con los años. De pronto se necesita hablar con un gobernador, con un presidente municipal, pero también con la gente que trabaja el servicio de limpieza, con alumnos, con los medios, sólo por mencionar algunos. Hay que cuidar todas esas redes. En lo personal me hace sentirme acompañada y segura el que este proyecto esté apoyado por mucha gente. Va encaminado a formar cuadros, en donde gente como tú, esté dispuesta a apostarle tiempo a un proyecto genuino.

Hace algunos años, muchas escuelas de escritores en el país cerraron puertas porque no existieron las condiciones económicas para continuar y definitivamente esta no es una empresa que pueda darte mucho dinero, ni que te haga rico, a veces ni siquiera para vivir bien. Hay que hacer muchas cosas para que te sostengas aparte de sólo escribir. Conseguir recursos es un asunto que cuesta. Entonces lograr manejar estos proyectos como una empresa es un reto en el que siento que ustedes los jóvenes tienen muchos más elementos para conseguirlo. Es algo que se tiene que hacer. No podemos seguir conformándonos con lo que nos dan, con lo que caiga de un presupuesto. No es suficiente. Hay que dignificar el trabajo de los artistas y de los creadores.

Como política personal, yo no invito a nadie a hacer una lectura de obra, ni siquiera si es un alumno, de a grapa. Siempre hay un pago de por medio. Quiero que todos entendamos que es un trabajo verdadero y que requiere invertir muchas horas, no sólo las que se usan para sentarse a escribir sino también para leer, para planear, pensar, plantearse un método y ejecutarlo hasta convertirlo en un texto. Son muchas horas de trabajo las que están detrás. No es un trabajo gratuito; es un trabajo dirigido no solamente a la razón de los otros, sino también a las emociones. No puede quedarse a la deriva. Hay que ser absolutamente profesionales.

Entonces creo que un reto más grande sería sumar gente con perfil de administradores, de negocios, de empresarios que puedan aportar maneras de hacer esto mucho más rentable. Insisto, no se trata de hacerse rico, pero sí buscamos sueldos más dignos en este trabajo. Al mismo tiempo podemos lograr una proyección que permita extender los servicios a públicos más amplios. Esto es una provocación para los que vienen. A ver cómo lo van a resolver.

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Escrito por:paginasalmon

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