Fotografía de Areli Rema

El amante de Porfiria

La lluvia se adentró pronto en la noche,
El viento taciturno despertó al instante
Rasgando los olmos con desprecio,
Y fue aún peor irritando al lago:
Yo escuchaba con el corazón quebrantado
Cuando Porfiria entró inadvertida;
Altiva silenció la tormenta y la ventisca,
Y arrodillada encendió la melancolía;
Se consumía, y la cabaña era tibia.
Así que se levantó y de su silueta
Retiró el abrigo húmedo y el chal,
Descansó sus guantes estropeados, quitó
Su sombrero, dejó caer su cabello mojado,
Y al final se sentó a mi lado.
Me habló, y al no escuchar voz alguna
Colocó mi brazo alrededor de su cintura,
E hizo desnudar su blanco y terso hombro;
Recogió toda su rubia cabellera
Sólo para que descansara mi mejilla en él.
Ahora soltaba su rubia cabellera,
Murmurando cuánto me amaba;
Ella era demasiado débil para el frenesí
De su corazón, para despojar del orgullo
Su pasión obstinada, y desatar
Los lazos de su vanidad y entregarse
Completa para mí, por siempre.
Pero la pasión a veces persiste más;
Imposible contener esta noche el ansia de goce,
El súbito pensamiento de alguien tan pálido
Para su amor, todo sería en vano…
Por eso llegó a través del viento y la lluvia,
Y confiado miré hacia a sus ojos
Feliz y orgulloso; al final sabría
Que Porfiria me adoraba; mi corazón
Se enrojecía a cada instante
Mientras me debatía en qué hacer.
Ese momento fue mía, toda mía, bella,
Perfectamente pura y buena: encontré
Algo que hacer, y todo su cabello
En un torrente rubio yo até
Tres veces alrededor de su garganta,
Y la estrangulé. No hubo dolor en ella;
Estoy seguro que no sintió dolor.
Como un botón encierra a una abeja,
Con cautela abrí sus párpados:
Y sus ojos azules reían sin manchas,
Así que desaté la trenza de su cuello;
Su mejilla enrojeció una vez más
Al tacto de mí encendido beso:
Apoyé su cabeza como lo hiciera antes
Sólo que ahora mi hombro la sostenía,
Y se deslizó hasta quedarse quieta:
La pequeña cabeza rosa y sonriente
Tuvo tan alegre su última voluntad,
Pues todo lo despreciado se desvaneció,
Y yo, su amor, ¡lo he ganado al fin!
El amor de Porfiria: ella nunca adivinó
Que su querido deseo podría ser escuchado.
Y por eso nos sentamos juntos ahora,
Y a esta larga noche no hemos agitado,
¡Y Dios no ha dicho palabra alguna!

Porphyria’s Lover

The rain set early in to-night,
The sullen wind was soon awake,
It tore the elm-tops down for spite,
And did its worst to vex the lake:
I listened with heart fit to break.
When glided in Porphyria; straight
She shut the cold out and the storm,
And kneeled and made the cheerless grate
Blaze up, and all the cottage warm;
Which done, she rose, and from her form
Withdrew the dripping cloak and shawl,
And laid her soiled gloves by, untied
Her hat and let the damp hair fall,
And, last, she sat down by my side
And called me. When no voice replied,
She put my arm about her waist,
And made her smooth white shoulder bare,
And all her yellow hair displaced,
And, stooping, made my cheek lie there,
And spread, o’er all, her yellow hair,
Murmuring how she loved me — she
Too weak, for all her heart’s endeavour,
To set its struggling passion free
From pride, and vainer ties dissever,
And give herself to me for ever.
But passion sometimes would prevail,
Nor could to-night’s gay feast restrain
A sudden thought of one so pale
For love of her, and all in vain:
So, she was come through wind and rain.
Be sure I looked up at her eyes
Happy and proud; at last I knew
Porphyria worshipped me; surprise
Made my heart swell, and still it grew
While I debated what to do.
That moment she was mine, mine, fair,
Perfectly pure and good: I found
A thing to do, and all her hair
In one long yellow string I wound
Three times her little throat around,
And strangled her. No pain felt she;
I am quite sure she felt no pain.
As a shut bud that holds a bee,
I warily oped her lids: again
Laughed the blue eyes without a stain.
And I untightened next the tress
About her neck; her cheek once more
Blushed bright beneath my burning kiss:
I propped her head up as before,
Only, this time my shoulder bore
Her head, which droops upon it still:
The smiling rosy little head,
So glad it has its utmost will,
That all it scorned at once is fled,
And I, its love, am gained instead!
Porphyria’s love: she guessed not how
Her darling one wish would be heard.
And thus we sit together now,
And all night long we have not stirred,
And yet God has not said a word!

Escrito por:paginasalmon

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