Fotografía de Manuel Alejandro

Ser Loco
(La Locura Social)

Un ermitaño le dijo a un niño: “Se Loco”.

“No estés loco, se Loco. Desbarata, sin romperlas, las estatuas de los dioses, baila desnudo en el techo del templo y haz turismo en el vacío de sus cimientos. Siéntate en el corral a reírte de los admirados jinetes cuando sus condescendientes monturas se cansan de ellos y los tiran al suelo; es más, aprende a hablar con los caballos para que puedan reírse en grupo. Escóndeles a aquellos los manuales sagrados bajo sus camas y toma el tiempo que se tardan en encontrarlos, en caso de que aprendan algo. Arroja al mar sus diccionarios y sus bellas ropas, y tú vístete con tus propios harapos. Si marchan, tú marcha de espaldas y en sentido contrario. Evita las bondades doradas, arrogantes e hipócritas que ellos veneran y malcrían, y hazte amigo de las solitarias sombras que temen y marginan. De día razona con los perros, de noche canta con los lobos.

Sigue las reglas escritas, que se hicieron para romperse, y rompe las no escritas, que se hicieron para seguirse. Tómate en serio las burlas y búrlate de las seriedades. Dale sonido a las mudas voces internas. Abofetea al armado y respeta al desarmado. Reverencia al insecto y aplasta al emperador. Asómate a la boca del abismo y salúdalo. Destruye lo que nadie quiera destruir, construye lo que nadie quiera construir.

Se loco y tendrás razón cuando no la tengas; porque las tonterías son verdaderas y las verdades son tontas. Los locos ven, los cuerdos alucinan; alucinan y alucinan que no alucinan lo que alucinan. Alucinan su cordura. Alucinan dioses; alucinan templos; alucinan diccionarios; alucinan leyes; alucinan estandartes; alucinan, en sus botes, anclas, velas, timón, cañones, marineros, astrolabio, quilla y bandera. Pero los locos saben que están solos en su esquife en medio del mar embravecido.

Se loco, y se loco y se loco, hasta que logres enloquecer un poco a los demás; entonces tu locura habrá cumplido un servicio al exterior.

Se loco. Y no lo seas porque te lo diga yo, porque esté bien o mal, porque sea conveniente o inconveniente, benéfico o perjudicial, aceptable o reprobable; selo sencillamente porque está en ti. Se loco porque es allí donde tus estrellas te pusieron. Debes ser loco porque está en ti, así como no debes no serlo porque no esté en los demás. No quieras querer enmascarar, por traidores temor, comodidad o vergüenza, tu ser, en previsión del insulto, la repulsión, la persecución, el destierro. Y aun si tu sentencia no fuera tan violenta, dime ¿qué mérito, beneficio, dignidad o diversión puede haber en seguir la norma cuerda, cuando tu capacidad es justamente la de no hacerlo, sabiendo además la secreta bondad que hay en ello? Mas antes dime, ¿qué deslealtad podría ser más atroz que la deslealtad al propio ser?

Se loco, y a los cuerdos destiérralos de regreso, pero sigue buscando hasta que puedas hallar entre ellos otros locos, y con aguda vista encuentra también a algunos medio-locos. Ellos son los que ven de verdad, los que oyen de verdad, los que saben de verdad, los que pueden vaciar de su vacío a las cosas, de su convencional vacío, y llenarlas de auténtico significado. Encuéntralos, y entonces hasta tu destierro será una mentira.

Se Loco. No estés loco, se Loco.”

Estar Loco
(La Locura Clínica)

I – Antes

¿Por qué corres, transeúnte, de quién huyes? ¿Temes a la Locura? Vaya ingenuidad la tuya. ¿Cómo se te ocurre que puedes huir de algo que llevas contigo? Iluso y confiado, crees que estás sano, crees que estás a salvo. Es hora de que te enteres: todos estamos dementes. Todos estamos, en el fondo, dementes. Si no me crees, investígate. Si en verdad tanto te preocupa la locura, mira a la que llevas contigo.

En tu mente, en la linda mansión donde moras, hay muchas puertas que dan a la jungla. Busca y encuentra esas puertas, asómate y verás, como reflejándote en un espejo cóncavo, todos los tús locos que puedes ser. Los tús locos que tanto has ignorado y que, en un descuido, entrarán y alborotarán la casa.

Cuídate, cuídate de que no entren. Descuídate un poco y derribarán las puertas, entrarán y alborotarán la casa. Y después se irán sobre ti, y empezará la lucha. Te arrojarán lazos para atraparte como pieza de ganado y te jalarán, cada uno desde su punto y a la vez todos hacia la misma dirección: la dirección en la que no quieres ir. Te arrastrarán con fuerza, y a ver cómo haces para liberarte; porque liberarte requerirá de todo.

Si temes tanto a la locura, no pienses en las locuras ajenas; piensa en las propias. Busca dentro de ti las locuras y míralas a la cara. Veremos entonces si tu mundo no cambia.

II – Primero

Atrapado en la pared del precipicio, magullado por la caída, aferrándome lo más que puedo a las rocas y luchando por mantener los pies firmes para no seguir derrapándome. Respiración entrecortada. Allá abajo no se alcanza a ver nada, nada más allá del precipicio que sigue y sigue. No sé si existe el fondo, y tampoco si prefiero que exista o no. ¿Qué sería peor? Cada paso que intento dar puede desbarrancarme más. Y tan infinita es la pared que no se notaría la diferencia sino fuera porque a cada caída la gravedad se agrava.

Todos están cerca del precipicio. Viven sus vidas caminando a su lado, o muy cerca, pero parece que la mayoría no lo ve (¿Por qué no lo ven? ¿Será la niebla?). Y si se los dices, creerán que no necesitan, porque no son tantos los que caen en el precipicio; pero no hay que confiarse, no hay que confiarse nunca. Porque el borde del precipicio no es un barranco puntiagudo: es un engañoso montón de guijarros, que crees que te aguantarán pero que en cualquier momento ceden. Desvíate un poco del camino y acabas allí, y empiezas a resbalar y a perder el control de tu paso, y en vez de ir a donde quieres vas a donde te mandan los guijarros. Al principio sólo es molesto, pero pronto te das cuenta de que ese suelo es como la marea, o como las arenas movedizas. Es una precipitación paulatina, una inclinación que se acelera, empieza muy ligera, aumenta un poco, un poco más, y de repente estás a punto de resbalar. Es más fácil de lo que nunca has pensado que es: es un desvío en el momento adecuado, un paso en falso en el punto clave, y…

Aplastado hasta la asfixia por la pared rocosa y por el ventarrón de lamentos, sin nada que ver excepto la pared y el vació del infinito precipicio. Alzo la vista hacia el neblinoso arriba y me pregunto desconsolado, ¿habrá quien me rescate de este precipicio?

III – Más Adentro

Vienen de ti. Nacieron en ti, se metieron en ti, son tuyas. Pero no son tú. Las fuerzas que te trajeron aquí son ajenas, pero son internas. Son tuyas y a la vez no lo son. Estás alienado por ti mismo. Tales son las fuerzas que te trajeron al abismo. Este es el Abismo de la Locura, el Infierno. Entre más profundo caes, más fuerte te jala, más pierdes tus fuerzas, y más lejos estás de regresar. Te retuerces. Gritas sin gritar, ahogadamente, como Munch en su pintura. Te retuerces más. Te das de tumbos e intentas exprimirte la cabeza, quieres perforarla con un cuchillo para que se te escurra el Infierno. Y deseas, desesperadamente, poder salir de ti mismo, pero eso es justamente lo que nunca podrás hacer. En algún momento, miras hacia abajo. Son sólo Tú y el abismo. No hay más. Este es el duelo. A ver quién gana…

Escrito por:paginasalmon

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