Fotografía de Manuel Alejandro

Pieza melodramática púber

PERSONAJES:

Joseph

Mandy

Clarisa

Un cuarto andrógino. Fue el último día de clases. Los uniformes, pintarrajeados de negro con leyendas de despedida, están regados por el piso.

Mandy se viste, mientras Joseph y Clarisa la observan desde la cama.

CLARISA. Veme.

MANDY. (Los mira sonriendo con dificultad) ¿Qué camión tomo para “Las Águilas”?

JOSEPH. Este… creo que pasa por…

CLARISA. Por la tienda.

MANDY. ¿Eh?

JOSEPH. Sí. Dos esquinas, de cuando asomes te vas a la izquierda.

MANDY. Ok.

Pausa.

JOSEPH. ¿Irás mañana a lo de Carlos?

MANDY. No.

JOSEPH. ¿Y eso?

MANDY. Salgo con mis papás.

JOSEPH. Será la última peda del grupo.

MANDY. Lo sé. (Termina de cambiarse y queda inmóvil) Bien… No sé qué se dice en estos momentos.

JOSEPH. Ni yo. Creo que nada.

MANDY. Es como que… raro.

CLARISA. Pues ya está, creo. Fue…

MANDY. Nada. Mejor nada. Mejor lo olvidamos.

JOSEPH. No te gustó.

MANDY. No es eso. Solo que…

CLARISA. Crees que todo cambiará.

JOSEPH. No tiene que ser así.

MANDY. Ya me voy.

JOSEPH. Espera. Creí que esto era de los tres.

MANDY. Pero yo salgo sobrando.

CLARISA. ¿Cuál es el problema? Estuvo bien, ¿no?

JOSEPH. Sí.

CLARISA. Sobre todo, porque ustedes dos se “entendieron” mejor.

MANDY. Ya me voy. Cualquier cosa, les mando un whats, ¿sí?

JOSEPH. Ya. No te malviajes.

CLARISA. Claro, tú ni te quejas.

JOSEPH. ¿Qué quieres decir?

MANDY. Me voy.

JOSEPH. Te acompaño.

MANDY. No es necesario.

CLARISA. Güey, Mandy, ya. Nada cambia, todo se queda como estaba.

MANDY. No es eso.

CLARISA. ¿Y entonces?

MANDY. Ya no será lo mismo. Esta fue como que nuestra despedida.

JOSEPH. Más o menos.

MANDY. La prepa.

CLARISA. Va a ser nomás la prepa. (Ríe) ¡Ya! Equis, estamos bien. Ni que nos fuéramos a morir. Nos seguiremos viendo.

MANDY. Me voy.

JOSEPH. No te gustó.

MANDY. Pues no es eso.

CLARISA. Tú querías también.

MANDY. Lo sé, pero prefiero que lo olvidemos.

JOSEPH. Te pasas de drama.

CLARISA. No seas pendeja.

MANDY. Adiós.

CLARISA. Deberíamos estar bien.

JOSEPH. Estuvo chido.

Pausa

CLARISA. ¿Y si fumamos un poquito?

JOSEPH. ¿Queda?

CLARISA. Debe haber algo (se para y comienza a vestirse).

JOSEPH. (A Mandy) Quédate.

MANDY. Prefiero irme.

CLARISA. Ya, coño. ¿Qué te pasa?

JOSEPH. No te gustó.

MANDY. ¡Que no es eso, carajo!

Pausa.

CLARISA. Ok.

Mandy va a salir, Joseph saca una libreta de un cajón.

JOSEPH. Espérate. Mira. Yo me la quedé. Escribí la canción que te dije.

Mandy toma la libreta con sumo cuidado. Mientras Clarisa los mira con desdén.

MANDY. Gracias.

JOSEPH. ¿Te quedarás?

MANDY. No.

JOSEPH. ¿Por mí?

MANDY. Por ella.

JOSEPH. No entiendo.

MANDY. Siempre me gustaste.

JOSEPH. Y tú a mí.

MANDY. Hasta el final del curso tenía que darme cuenta. Cómo son las cosas. Cuando estamos al borde del pozo nos damos cuenta de que… de que no queremos entrar.

JOSEPH. Entonces, ¿por qué te vas?

MANDY. Porque ya no será lo mismo.

JOSEPH. Pero tú quisiste.

MANDY. No sabía que sería así.

JOSEPH. Así cómo.

MANDY. Así.

JOSEPH. (Al público) Lo decidimos los tres. Eso. Nos queríamos. Siempre hubo algo entre nosotros, pero no supimos encaminarlo hasta que a Clarisa se le ocurrió para fin de curso, los tres, cómo decir… pues, solo como amigos… cogeríamos… como amigos. Sería nuestra despedida. Se imaginan cómo.

CLARISA. (Alterada) Siguen con sus pendejadas.

JOSEPH. ¿Qué te pasa?

CLARISA. (Guarda un pequeño frasco entre su ropa) Nada. Se pasan; se supone que esto no era más que un experimento, la graduación, era como el final. Le grand final. Y empiezan con sus mamadas.

MANDY. Qué final, así.

CLARISA. ¿Así como? Si bien que te gustó que este güey te metiera la verga.

JOSEPH. ¡Clarisa, no mames! ¿Qué te metiste?

CLARISA. Es que están haciendo mucho escándalo por una pendejada.

MANDY. Para ti entonces no fue nada.

CLARISA. Fue lo que fue. Un momento, un alucine, un… además, yo no estoy clavada con ningún pendejo.

JOSEPH. Vete a la chingada.

CLARISA. Porque de seguro eso pensabas, pinche Mandy: en lo que te estorbaba. Ni siquiera me tomaste en cuenta. Solo fue tu pretexto para estar con éste.

MANDY. Es mejor no hablar de esto.

CLARISA. Mejor para ti. Olvidemos que me mandaban a la verga, como siempre.

JOSEPH. Nadie estuvo de más.

CLARISA. Sí. Tal vez… Ella.

JOSEPH. ¡Coño, Clarisa!

 Mandy va a salir.

CLARISA. Hubiéramos venido solo tú y yo como la otra vez.

MANDY. (Se detiene abruptamente, sin mirarlos) ¡¿Qué?!

CLARISA. ¿A poco creías que este cabrón te iba a esperar?

JOSEPH. ¡Cállate, mierda!

MANDY. (Se da la vuelta) ¿Es verdad?

CLARISA. ¡Claro que es verdad! Ándale, dile quién me desvirgó.

JOSEPH. No es… Mandy…

MANDY. No mames.

CLARISA. Equis, no fue nada. Fue como esto: un juego.

JOSEPH. Esto sí fue algo.

CLARISA. ¡Ay, ahora resulta que estás enculado! ¡No chingues!

Mandy se quiebra.

JOSEPH. No, Mandy, espera.

CLARISA. Por eso no se deben mezclar los pinches sentimientos con esto. Se supone que era pasarla chido, un juego, el grand final, eso dijimos, pero lo tenían que arruinar con sus idioteces.

JOSEPH. ¡Clarisa, lárgate a la chingada!

CLARISA. Pues tenía que saberlo tarde o temprano, así son las cosas. ¡Tanto se alborotan por una pinche cogida!

Mandy va salir y Joseph la detiene, ella se zafa bruscamente.

JOSEPH. Espérate.

MANDY. Te estuve esperando hace años y nunca llegaste. Y cuando lo haces, lo haces con ella.

JOSEPH. Pero te quiero a ti, eso fue…

CLARISA. Un juego. (Al público) El mundo tiene una cualidad de juego innegable. Entonces no lo sabía porque tenía 15 y estaba viva, los pechos paraditos, el culo firme… Sin nada que ocultar ni que perder. Pero una vez, tan solo una vez de probar a tabletas la soledad, entiendes que se trata de un juego que te hiere invisiblemente, que solo te va a matar por sorpresa. El mundo juega y nos enseña a hacerlo: desde palitos chinos hasta las guerras mundiales, jugamos. Mi mamá y yo jugamos al busca busca de un cerdo peludo que jugaba con esto (se toca el sexo).  El cabrón jugaba a madreársela y ella, para no volverse loca, canalizaba su ira conmigo y con todos los demás jugando al chisme, destruyendo. “Oye negra, ya viste que la hija de Gloria… nomás hace venir Julito y sale a dizque comprar. Siempre que llega el muchacho con el agua, sale de juzgona, se pone sus shortitos y ahí le anda coqueteando, no tiene vergüenza. ¡Todas las nalgas se le ven, se viste como prostituta!” No, mamá. La puta era yo. Porque nuestra vida era una mierda, ese juego terrible donde nunca ganamos. Pero ya no importa.

MANDY. Para mí no es un juego, Joseph.

JOSEPH. No, no lo es. Pero los tres estuvimos de acuerdo.

MANDY. Soy una pendeja.

JOSEPH. ¡Quédate!

MANDY. No tienes madre.

JOSEPH. (Al público) Y no, no la tenía. Se había muerto cuando tenía ocho. Salimos una tarde a comprar. Fui cantando en el camino. Mi hermana cruzó primero. Luego yo. Esperábamos del otro lado y toda la vida nos quedamos esperando. Solo una ráfaga y un pedazo de carne adherido al asfalto. Eso fue todo. Sus expresiones, sus caricias, sus giros, sus manías y su voz… todo quedó reducido a carne inmóvil. Escucho a veces los gritos de mi hermana todavía, ensordeciéndome, negando la fluidez del tiempo. Mis palabras se quedaron pegadas a mi lengua como la masa cerebral a la calle. Desde entonces mi vida se fue. Desde entonces me he sentido como una cosa palpitante, sin nada que hacer, ni que esperar. Moviéndome como un animal enjaulado. Somos eso: pura carne, hueso y sangre, lo demás es añadido. Las viejas escandalizan todo, se olvidan de que somos un trozo de piel y nada más; Mandy era un pedazo de carne; pero bien bonito, con todas sus partes bonitas, eso es. Solo le seguía el juego.

MANDY. Me traicionaste.

Clarisa comienza a tararear una canción triste.

JOSEPH. (Hacia Clarisa) ¿Por qué eres tan pendeja?

CLARISA. Ninguna pendeja. Son ustedes los que no saben nada, los que están haciendo su desmadre. ¡Coño ya! Sí, Mandy se caga por ti y sí, nos cogiste a las dos. Y decidimos hacer esto porque fue lo más chingón que se nos ocurrió para no sentirnos como unos miserables rechazados. ¡Ya!

Mandy llora.

JOSEPH. No entiendes nada. Ni siquiera sé por qué estuve contigo. Solo fue una cogida.

CLARISA. ¡Chinga a tu muerta madre!

JOSEPH. ¿Qué? ¿No según tú solo es eso?

CLARISA. Eres un imbécil.

JOSEPH. Y tú eres una puta.

Clarisa lo golpea llena de ira.

CLARISA. ¡Pues esta puta iba tener a un pequeño putito tuyo, pendejo!

JOSEPH. ¿Qué? No. No es cierto.

CLARISA. Por eso hice todo esto. Por eso, por culpa. No hacia la mierdita que expulsé con las pastillas. No. Culpa por ella. (Va hacia Mandy) Era la despedida. La despedida de los tres. Mandy, perdón, perdón… pero quería sentirlos, tenerlos, sentirme viva, sentirme libre, quería tenerlos a mi lado. Y entonces me enamoré de ti. De ti, cabrón. Pero también de ella. Ustedes son lo único que tengo y da rabia pensar en que lo único que me hacía olvidarme de todo, sean unos idiotas, unos… unos niños, unos… por ese momento los tres fuimos únicos. Debimos quedarnos así siempre. Debimos cuidarnos. Debimos…

MANDY. ¡A Cataluña, carajo! Allí me iré, ¿entienden? Por eso dije que sí. Mi papá tiene una plaza allá y quiere que me vaya con él.

JOSEPH. (Al público) Los tres, entre los tres. Te sientes un Dios, cuando las ves a las dos, desnudas, su carne, su piel, sus culos, las dos chupándotela. Pero también, te sientes miserable e indefenso. Nadie sabe qué hacer con su propia carne.

CLARISA. ¡Estoy hasta la madre de mí! ¡Soy una pendeja, Mandy! No sabía nada…

MANDY. Nada será igual.

JOSEPH. (Al público) Entonces se empiezan a tocar, se tumban una encima de la otra y tú no buscas ni qué coño hacer. ¡Hasta quisieras tener dos vergas para el aguante! Y todo es súper chingón hasta que ese sentirte una mierda, ese hueco en el pecho que te hace sentir alejado de todo, un asco repentino te llega y las agarras y te las coges como una venganza, te coges a alguien para desquitarte del mundo.

MANDY. (Al público, hojeando la libreta que le dio Joseph) Por eso dije que sí. Porque no los veré otra vez. Porque no quería llevarlos como memorias esparcidas.

JOSEPH. (Al público) Embarradas en la carretera.

CLARISA. (Al público) Yo mamá, yo era la puta y tú nunca te diste cuenta, siempre estabas tan pendiente de otras cosas que no viste que yo te gritaba, te pedí auxilio, te pedí que me protegieras de aquel cerdo y no te importó. Pero luego no abrí mis piernas por desesperación, sino por gusto, el gusto de que hablaran de mí a tus espaldas.

JOSEPH. (Al público) No lo entienden.

CLARISA. (Al público) Lo ignoran.

MANDY. (Al público) Lo disfrazan.

JOSEPH.  (Al público) Como perros de la calle, así andamos.

CLARISA. (Al público) Llenos de saliva hablamos todos al mismo tiempo y vivimos en el mismo sitio.

MANDY. A Cataluña. Allá me iré y me llevaré mi estupidez.

CLARISA. Mes y medio, eso tenía el parásito adentro de mí. Y mejor lo mandé a la verga. Y me quedó un sabor como de… de duda. No culpa. Increíble que esa masita podía convertirse en uno de nosotros. (Saca el frasco con pastillas) Qué cosa tan jodida. Si lo hubiera dejado crecer, hubiera sido alguien. Hubiera existido. Se hubiera llamado, no sé, Camila, Ramón, Fedra, Horacio (Toma varias pastillas) Se hubiera enamorado. (Toma más pastillas) Y al final, me hubiese dicho…

JOSEPH. Madre, ojalá hubieses muerto ante mis ojos; acabarías embarrada en la calle, con las vísceras expuestas frente a tu propio hijo. (Al público) Fue extraño, ¿saben? Al ver así los intestinos de mi mamá, quise volver a meterme dentro de ella. Hacerme un traje con los girones de tejido rojo y una almohada con sus pulmones expuestos. Y dormir. Dormir mucho.

MANDY. Me voy.

JOSEPH. Voy contigo.

CLARISA. No. Quédense. Ahora quédense los dos a verme. Quédense. Te tomas a pastillas la soledad. Tus putas pastillas (se las arroja a Joseph, tocándose el vientre). Quédense para el gran final. Siéntense. Vean cómo se estremece mi cuerpo (se sientan a verla). ¡Véanlo! Vean cómo vomito, cómo me voy poco a poco. Después podemos hacer otra cosa, lo que sea, cualquier cosa que nos haga olvidarnos de lo solos que estamos, pero primero véanme… después, si quieren olviden, vayan a otro lugar, a Cataluña, a la tienda, a la terraza, pero ahora, véanme un poquito. Vamos a mirarnos.

Oscuro

Escrito por:paginasalmon

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s