La literatura de tradición oral se entiende como un proceso de reconstrucción del pasado, vivido y significado por un grupo social contenido en marcos sociales. Surge de la necesidad de preservar la memoria colectiva de un pueblo o de una región en específico[i]. La conformación de una comunidad, pueblo o sociedad está determinada por las formas de relaciones sociales que coexisten dentro de ellos, la memoria colectiva es una de las vías por la cual se incorporan dichas relaciones para su sobrevivencia a lo largo del tiempo.

Las formas de transmisión de la memoria colectiva se han manifestado a través de diferentes vías de comunicación artística, por ejemplo, figuras pictóricas, esculturas, arquitectura o narrativa –oral o escrita–. Las manifestaciones más comunes de sobrevivencia y de transmisión son a través de la narración. Según Grissel Gómez Estrada, la importancia de ésta no consiste solo en su uso recreativo, sino en ser un elemento que refleja la identidad de toda una comunidad[ii]. Es el elemento más importante que una sociedad retoma, se apropia de él por medio del reconocimiento que llegan a tener de sí mismos en la narración, integrándolo dentro de su propia historia. Esto es logrado a través de la capacidad de recordar y de traer al presente lo que es importante rescatar del pasado. La memoria colectiva cumple la función de traer esos elementos identitarios que coadyuvan a la sobrevivencia del grupo social.

En la zona nororiental del estado de Puebla se conservan diferentes historias en forma de leyendas, cuentos, fábulas, canciones y demás formas de narración que contienen elementos identitarios inherentes a la vida de las comunidades, en su mayoría, de habla náhuatl. Una de ellas es la leyenda del rey Temamascuicuitl quien habitó y gobernó hace mucho tiempo la región de los actuales municipios de Ixtacamaxtitlan y Libres, y que se propagó hasta llegar a nuestros días. Se cuentan muchas historias acerca de este gran rey y que, por diversos factores durante el proceso de transmisión oral, fueron teniendo cambios hasta alcanzar estructuras y composiciones narrativas que difirieron entre sí. Actualmente, la leyenda cuenta con distintas versiones en sus respectivas variantes, siendo una historia representativa de la región, tanto como elemento de identidad o de carácter histórico, como elemento de búsqueda para desentrañar las partes olvidadas, o rezagadas, en la memoria colectiva de la región.

La leyenda es entendida como un género narrativo que “relata las hazañas de un héroe, donde interviene un elemento fantástico, mágico o divino, pero que se nos presenta como real, sobre todo si el protagonista fue un personaje histórico, en cuyo caso parece imposible no enfrentar historia y leyenda, de forma que solo la historia puede determinar hasta dónde un contenido es objetivamente incierto.”[iii] La función que cumple el elemento mágico dentro de la tradición oral es importante porque es el pilar central de la historia, es lo extraordinario que conlleva a una necesidad de poder recordar el suceso. Walter Ong nos menciona que “la memoria oral funciona eficazmente con los grandes personajes cuyas proezas sean gloriosas, memorables y, por lo común, públicas. Así, la estructura intelectual de su naturaleza engendra figuras heroicas; y no por razones románticas o reflexivamente didácticas, sino por motivos mucho más elementales: para organizar la experiencia en una especie de forma memorable permanente.”[iv]

El rey Temamascuicuitl es la figura fantástica y a la vez heroica que se encuentra presente en la leyenda. Un ser que es recordado como un gran rey y a la vez como un gigante de dimensiones extraordinarias que peleó contra diversos pueblos enemigos, que tuvo la capacidad de llevar cargando una gran campana desde San Francisco Ixtacamaxtitlán hasta la parroquia del templo de San Juan, en la Ciudad de Libres, Puebla; y que partió hacia un rumbo desconocido haciendo la promesa de que algún día regresaría a las tierras que alguna vez le pertenecieron.

El segundo elemento es el de carácter histórico. La leyenda, si bien posee elementos míticos y fantásticos, también se sostiene por diversas características que remiten a acontecimientos históricos, y que suelen ser recordados a través de la memoria colectiva. La mayoría de estos elementos pueden ser contrastados con las fuentes históricas y arqueológicas. En el caso de la figura de Temamascuicuitl, el aspecto más acorde a la realidad histórica es el haber sido el gobernante de Ixtacamaxtitlán y haber poseído una extensión vasta de tierras en la región. Las fuentes escritas del siglo XVI –como las Cartas de relación de Hernán Cortés, la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, las Relaciones geográficas del siglo XVI de René Acuña, el códice Iztacmixtitlan, las cédulas reales y títulos de propiedad[v]– nos ofrecen un amplio panorama de los acontecimientos ocurridos en 1519 durante el gobierno de Temamascuicuitl, el proceso de conquista y la colonización durante los años posteriores.

La figura del antiguo tlatoani de Ixtacamaxtitlán quedó impregnada y reconceptualizada tanto en la población como en sus descendientes, dejando la imagen de que fue un gran rey que gobernó esas tierras y tuvo mucho poder. Este aspecto fue incluido en el imaginario colectivo que, junto con otros elementos de carácter mitológico, se fue mezclando hasta generarse con el tiempo una leyenda que tenía como personaje principal a este rey que cumplió grandes hazañas con capacidades y cualidades extraordinarias.

El análisis de la leyenda ha sido realizado a través de cuatro versiones que logré recabar por medio de entrevistas con informantes de algunas comunidades de Libres e Ixtacamaxtitlán. Las versiones recabadas presentan historias que, si bien difieren unas de otras, comparten muchos aspectos. Cada informante narró su historia y su punto de vista sobre ella, y, en algunas ocasiones comparaban la versión que ellos tenían con otras que habían escuchado. Realizando un consenso sobre el contenido de cada versión, pude deducir que la figura de Temamascuicuitl se enmarca en cuatro relatos, que, a pesar de sus respectivas variantes, comparten determinadas características.

De manera general, el primer relato trata sobre la figura de Temamascuicuitl como un gran rey, con dimensiones extraordinarias en cuanto a su altura –un gigante– y con fuerza inmensa. En la antigüedad este rey vivía en Ixtacamaxtitlán y un día cargó con una gran campana, probablemente de bronce, sobre su cabeza en dirección a la iglesia de Libres, Puebla. Temamascuicuitl fue caminando, cruzó cerros con cada paso que daba hasta llegar, sin dificultad alguna, a su destino. Ahí dejó la campana, dicho objeto es el que actualmente se encuentra en el campanario de la parroquia de San Juan, en el centro de Libres.

El segundo relato trata sobre la figura de Temamascuicuitl como un ser que partió de Ixtacamaxtitlán hacia un rumbo incierto, dejando sus tierras y a su gente. Algunas versiones mencionan que el lugar al que se fue era un sitio lacustre y que hizo la promesa de que algún día regresaría. En otras hay elementos míticos que suponen su huida debido al surgimiento del Sol y el nacimiento de Jesús. Muchas de las leyendas que viven en los pueblos indígenas mantienen un aspecto en común, se habla de un ser mítico que partió, generalmente al mar o en dirección a donde sale el sol, y algún día regresará. Esto tiene íntima relación con la historia de Quetzalcóatl, quien salió del Golfo de México haciendo la promesa de que algún día volvería. Con el paso del tiempo esta leyenda se mezcló con otras historias hasta formar parte del imaginario colectivo, en este caso no como Quetzalcóatl, sino como la personificación que hicieron de él. 

El tercer relato es el que más se acerca a la realidad histórica y se encuentra presente en la memoria de algunos pobladores de edad avanzada que habitan, específicamente, en la cabecera municipal de Ixtacamaxtitlán. Consiste en la figura de Temamascuicuitl, como el rey de aquel lugar, recibiendo a los españoles en la época de la conquista. La versión de este relato es de un poblador nativo de Ixtacamaxtitlán. El informante antepone la figura de Hernán Cortés en el momento exacto en que pasa por Ixtacamaxtitlán durante su trayecto a México-Tenochtitlan. Aquí tenemos presentes diversos elementos de carácter histórico, principalmente el hecho de que Cortés fue hospedado, con la Malinche y su ejército, en el pueblo gobernado en ese momento por Temamascuicuitl. El relato discrepa de la realidad histórica tanto en el encuentro de Cortés con el tlatoani, como en la fundación del antiguo señorío[vi].

Por último, el cuarto relato está incluido solo en la versión de una informante de la comunidad de Bellavista, Libres. Consiste en que Temamascuicuitl fue un personaje que organizó a la gente de su región para combatir al ejército francés. Él cambiaba de ropa con el objetivo de pasar desapercibido por los invasores. Posiblemente en esta versión la figura de Temamascuicuitl esté asociada con la del general Ignacio Zaragoza, recordado por haber dirigido el combate defensivo contra los agresores y triunfado en ello. Debido al proceso de fusión entre la figura fantástica y el hecho histórico, dentro del imaginario colectivo, se ha sustituido a Zaragoza y se le ha atribuido a Temamascuicuitl el papel protagónico de dicha batalla. Se le recuerda como el gran defensor de esas tierras, que gracias a su gran inteligencia y astucia logró burlar al enemigo por medio del cambio de personalidad. Este último aspecto es quizá un motivo que comparte con otras leyendas como la del Indio de Nuyoo, muy difundida en la región de la mixteca en el estado de Oaxaca[vii]

En la tradición oral existen elementos llamados fórmulas, las cuales son entendidas como “frases hechas, características del lenguaje oral, por medio de las cuales los pueblos no solo ayudan a su memoria, sino también transmiten sus conocimientos y valores.”[viii] El saber de los pueblos se transmite a cada generación a través de estas frases que están incluidas en la narración. Las «fórmulas de entrada» son aquellas que abren la historia que se narrará y frases como: “me contaba mi abuelito”, “me platicó mi papá”, “me platicaba mi mamá”. Las «fórmulas de cierre» también están presentes en algunas versiones y son utilizadas para enmarcar el final de la historia. En el caso de la leyenda de Temamascuicuitl casi todas las versiones coinciden en que algún familiar les platicó la historia y utilizan frases similares de apertura y también de cierre.

Algunos ejemplos de fórmulas de entrada recabados en cada una de las versiones son: “allá por donde vivo pues platican de que Franco Temamascuicuitl era un rey, pero enorme”; “y el único que me acuerdo es”; “pues yo recuerdo que mi abuelo, este, nos contaba, bueno, mis abuelos, nos decían que era un señor muy grande”; “hay señores que platican que les contaban sus abuelos”. También las de salida: “Es lo que se, se contaba, bueno, escuché relatos de mi abuelito y me contó igual, este, mi maestro.”; “últimos tiempos de mi papá. Él platicaba eso”.

Los motivos son entendidos como las unidades mínimas de acción que están presentes en cada una de las versiones de la leyenda. La forma en cómo son incluidas dentro de la trama son distintas, pero la esencia, la acción como tal, permanece casi siempre de manera intacta[ix]. En la leyenda se pueden encontrar cinco motivos que están presentes en la mayoría de las versiones: El ser gobernante de la región de Ixtacamaxtitlán; llevar la campana de Ixtacamaxtitlán a Libres; cruzar grandes distancias con unos cuantos pasos debido a su gran tamaño; marchar hacia un lugar lejano; y haber luchado contra enemigos externos.

La leyenda de Temamascuicuitl es un elemento de identidad de las regiones de Ixtacamaxtitlán y Libres, que ha sido plasmada a través de las distintas versiones que actualmente se cuentan entre los habitantes. El mitificar a una figura histórica cuyo papel fue importante y crucial para el pueblo supone la asignación de un valor, grande y apreciado, que se le ha tenido y que ha sido transmitido de generación en generación. A pesar de que el tiempo transcurre rápidamente y va depurando muchos elementos únicos, ya sea con la muerte de sus portadores o con la entrada de nuevas formas de vida, la leyenda de Temamascuicuitl pervive entre la gente de cada comunidad, y le otorga esos elementos idiosincráticos que forman una nueva versión, haciéndola propia y única ante las otras, aun con el elemento central.

El pueblo genera mecanismos de supervivencia a través de la memoria y de todos los artilugios que ella ocupa para no desaparecer. Por ejemplo, la tradición oral utilizada, principalmente, como elemento de identidad ante el mundo, el tiempo y el olvido. Es una forma de resistencia ante los cambios drásticos que suelen tener las sociedades humanas.

La figura de Temamascuicuitl es un ejemplo de ello, y como lo mencionan algunos de los informantes, él no era grande de tamaño, sino de poder, de inteligencia y de personalidad. Quizá esas cualidades no solo son propias del personaje histórico, son las cualidades de todo un pueblo representadas en el personaje del rey que alguna vez gobernó esas tierras, y a su vez los sigue representando a través de la tradición. El pueblo personifica sus deseos, cualidades y valores a través de un personaje legendario, lo hacen suyo identificándose con él. Muchos pueblos, como Ixtacamaxtitlán y Libres, se mantienen vivos a través de la tradición oral como un principio de identidad y de existencia.

Imagen tomada de México Desconocido

Notas:

[i] Jorge Mendoza García, “Las formas del recuerdo. La memoria narrativa”, Athenea Digital, núm. 6, 2004. Un texto disponible en: https://ddd.uab.cat/pub/athdig/15788946n6/15788946n6a11.pdf

[ii] Gómez Estrada, Grissel, Textos orales sobre la figura del Indio de Nuyoo, UACM, CONACYT, Gobierno del Estado de Oaxaca, Editorial Práxis, México, 2012, pp. 14.

[iii] Ibíd.

[iv] Walter Ong, Oralidad y escritura, FCE, México, 1987, p.137.

[v] Disponibles en: Rebollar Chávez, José (Versión paleográfica), “Documentos importantes para la historia de San Juan Bautista de los Llanos Villa de los Libres, Puebla”, en Gloria Tirado Villegas, et. al (comp.), Caltanmic Libres, Pue., en el encuentro con su pasado. Puebla, Kirón-Comunicación Gráfica, 1998.

[vi] Bonilla López, René, Ixtacamaxtitlan, un lugar con historia, Montiel & Soriano Editores, Puebla, Méx., 1993, pp. 146.

[vii] Para más información consulte: Gómez Estrada, Grissel, Textos orales sobre la figura del Indio de Nuyoo, UACM, CONACYT, Gobierno del Estado de Oaxaca, Editorial Práxis, México, 2012. g

[viii] Gómez Estrada, Grissel, Textos orales sobre la figura del Indio de Nuyoo, UACM, CONACYT, Gobierno del Estado de Oaxaca, Editorial Práxis, México, 2012, pp. 43.

[ix] González, Aurelio, “Fórmulas y motivos. Construcción poética del Romancero” en Actas del XV Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas “Las dos orillas “, Monterrey, México del 19 al 24 de julio de 2004 / coord. por Beatriz Mariscal, María Teresa Miaja de la Peña, Vol. 1, 2007, pp. 513-528.

Escrito por:paginasalmon

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