…pues bien, señor, béseme una vez como besaría a su hija, y le juro que ese beso, el único realmente casto que habré recibido, me hará fuerte contra mi amor, y que antes de ocho días su hijo volverá con usted, quizá desgraciado por algún tiempo, pero curado para siempre.

La dama de las camelias

¿Quién, al contemplar la figura de una camelia, no es seducido por su forma, gracia y por su tenue aroma a libertad? En el siglo XIX, Francia fue seducida. La obra La Dama de las Camelias de Alejandro Dumas, surgida en 1848, justo en el meollo de la guerra de clases sociales e ideologías políticas francesas, se planta en una sociedad con añoranza de voz propia. Su aparición en esta década no es casualidad, sino causalidad.

En el siglo XIX  ocurren separaciones entre la burguesía alta y baja[1] que fraguan la revolución de 1830, por la que Carlos X fue derrocado. Luis Felipe es el mesías para la clase burguesa, puesto que los hace retomar su antiguo sueño: “el […] de un rey-ciudadano, un rey burgués” (Escarpit, 1948). Esta desigualdad entre clases sociales ya no sólo excluye a los proletarios, sino a una parte de la burguesía. Indica Marx: “La que dominó bajo Luis Felipe no fue la burguesía francesa, sino una fracción de ella” (Ibidem). Los burgueses bajos no tenían más cabida en esta voraz hambre de poder gestada por el pleno dominio de los burgueses altos. Dos personajes en La dama de las Camelias tienen su raíz en este panorama: Marguerite Gautier y Armand.

Marguerite, una joven de 20 años, proveniente de una familia proletaria, ¿qué se suponía que debía hacer al no tener voz en aquella sociedad burguesa? Al ser bella y joven, tuvo una posibilidad: ser una entretenida (es decir, una mujer que vive a expensas de sus amantes). Por su parte, Armand, un burgués bajo, se enamora de ella, quien en un primer encuentro lo cataloga como anticuado y aburrido, lo que ocasiona que ambos se alejen por tres años. Al cabo de este tiempo volverán a encontrarse y llegarán a ser amantes. Así germina la fábula trágica de este amor desinteresado, sincero e inmoral.

Armand se presenta como un revolucionario, pues se enamora de Marguerite. Esto lo condena social y emocionalmente, porque un burgués sólo podía obtener favores carnales y sociales de una entretenida, mas no amarla. El amor que profesó fue correspondido y llegó a oídos del señor Duval, su padre.

Dumas imprime en el señor Duval la voz de autoridad de la sociedad y la esencia de lo que significa lo burgués en Francia. El choque ideológico sucede cuando conversan Armand y su padre sobre el futuro de la relación: “No puedo prometerle nada padre, […] Marguerite no es la chica que usted cree, […] su amor es capaz de desarrollar en mí los más honorables sentimientos”. Esta querella no muestra sólo el deseo de un burgués enamorado dispuesto a derrochar su herencia por obedecer sus sentimientos, sino esa pasión del ser humano por romper lo establecido. Allí se encuentra su peor virtud: su voluntad.

Dumas profirió un fuerte grito de autonomía redactando esta historia “digna de ser contada”. Marguerite muere sola y enferma, mientras espera su fatídico destino marchitándose  como una camelia extraída de su hábitat, pues ha dejado su vida de entretenida para morir en el olvido. El amor no triunfó ¿o sí? Esta muerte debía ser proclamada, no pudo ser sigilosa, tuvo que existir otra forma de no ser olvidada: esa forma fue Armand, el burgués que dio todo por la chica que odiaba e idolatraba.

Murió la camelia, y con ella muere también la Francia Burguesa. Sin embargo, floreció de allí, de la noche, de la nada, más frondosa y bella que nunca: Marguerite, en el recuerdo de Armand; Francia, en la nueva revolución, de la cual surgirá la II República.

Bibliografía

DUMAS, Alexandre, La Dama de las Camelias, Cangrejo, Bogotá, 2007.

ESCARPIT, Robert, Historia de la literatura francesa, FCE, México, 1948.


[1] Términos acuñados por Marx en Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850: los burgueses más importantes (dueños de ferrocarriles, minas, etc.) conformaban la alta burguesía y los demás (dueños de almacenes menores, etc.), la baja,

Escrito por:paginasalmon

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