Es mentira que uno, aunque esté despierto y camine y hable, vea las cosas, es mentira la certidumbre del recuerdo constante. 

El jinete polaco, Antonio Muñoz Molina.

El ombligo es nuestra primera cicatriz, dice la instancia narrativa de Chilean Electric (2015) es “la huella de un tiempo que no podemos recordar aunque lo intentemos” (26). Es en la metáfora del ombligo que el personaje creado por Nona Fernández nos devela su concepción de la ficción, y es a través de la memoria que configura sus recuerdos para crear lo narrado. En esta novela, la posesión de un ombligo es concebida como la cualidad indispensable para tener un pasado, por tanto, la ausencia del mismo convierte al sujeto en un elemento que se inscribe al terreno de la ficción.

La abuela, personaje clave en Chilean Electric, carece de ombligo y esto nos es descubierto por la narradora en su segundo capítulo, al recordar que, cuando era niña, en una ocasión se presentó en su recámara y la encontró desnuda: “Vi su vientre blanco, enorme como un gran globo hinchado, completamente liso, sin un ombligo que lo dividiera por la mitad” (24). La carencia de este ombligo es, pues, entendida como la ausencia de un pasado, la adscripción del personaje de la abuela a la ficción. La inocencia de la niña, que observó en su abuela esta extrañeza y que después recordará el suceso al descubrir que tampoco los caballos de madera tienen ombligo, determinará en cierta medida la forma de rememorar el pasado en la narradora.

En la literatura, el recuerdo y la ficción trabajan de la mano para generar una narración que, si bien se basa en hechos reales, no responde a todos los elementos de la realidad, pero tampoco se vincula al ámbito de lo falso. La novela comienza con la anécdota acerca del día en que la luz llegó a la plaza de Armas de Santiago, un suceso histórico del que la abuela presume haber sido partícipe en su niñez. Este acontecimiento cobra mayor importancia al descubrirse que no pudo ser presenciado por ella, pues el hecho sucede 25 años antes de su nacimiento. La recreación de un suceso histórico como parte de su infancia y la apropiación de una memoria ajena para narrar su pasado nos remonta a la idea configurada por Saer de que “la credibilidad del relato y su razón de ser peligran si el autor abandona el plano de lo verificable” (2016: 15).

El relato narrado por la abuela es inverosímil, pero no es del todo falso. Hay una manera de verificar su participación en el suceso, la que se desmiente al consultar las fechas de la llegada de la luz a Santiago y cotejarlas con su nacimiento, el relato es una ficcionalización del acontecimiento dentro de una ficción literaria. La abuela no miente, porque como menciona Carlos Fuentes en Tiempo y espacio en la novela: “la historia es nuestra propia fabricación; debemos conocerla porque es nuestra y porque debemos continuar haciéndola y recordándola. Si somos creadores de la historia, mantenerla es nuestro deber” (1969: 32). La abuela asimila un hecho histórico, parte de la memoria colectiva de Santiago de Chile y la convierte en una parte de su identidad, la incorpora en su historia de vida debido a la carencia de ombligo que le arrebata su propia historia.

Volvemos a la idea sobre la que versa este ensayo y que explica la teórica Astrid Erll: “[…] a través de estos vínculos entre lo real y lo imaginario, las formas culturales de la percepción se estructuran de nuevo en la ficción” (2012: 203). La narradora incorpora estos dos elementos continuamente: por primera vez cuando decide contar la historia de su abuela en la plaza de Armas, continúa cuando describe su infancia y comparte más historias que le contaba su abuela, vuelve a hacerlo cuando describe el suceso del muchacho que pierde el ojo y también cuando imagina lo que sucedió el día de la desaparición de los Recabarren, por mencionar algunos ejemplos. Con ellos configura su pasado y “reflexiona sobre los procesos que lleva a cabo la memoria colectiva y los problemas que enfrentan” (2012: 197).

El ombligo es un topoi que condensa el significado del pasado, su ausencia es una metáfora mediante la que se evidencia la ficción. Escribe Nona Fernández, al hablar de la ausencia de ombligo en los caballos de madera: “No es que no supiera que eran falsos, de mentira, simplemente creo que los delgados límites entre la realidad y la ficción todavía no se definían de manera tan clara en mi mente. La ausencia de ombligo llegó a poner ese límite” (48).

La configuración de la ficción a partir de esta idea confirma el entendido de que lo ficticio no es igual a lo falso, así como no se trata tampoco de una reivindicación de lo falso, sino de un plano que mezcla lo empírico con lo imaginario (1997: 16). La ficción se remonta a esta imagen para nombrar un pasado que no le pertenece de manera personal pero que la conforma de manera colectiva.

Más adelante en la narración, la instancia narrativa menciona: “durante mis primeros años de vida Allende no tuvo rostro ni cuerpo, sólo tuvo voz” (2015: 58). Encontramos, una vez más, la ausencia de ombligo, ahora en la figura de Salvador Allende. Esto resulta importante en el relato, pues la delimitación de lo real y lo ficticio parecen estar condicionados por la inocencia de la niñez, donde “el testimonio infantil tiende a quebrarse debido a la opacidad del recuerdo” (2020: 128). La narradora recuerda a este personaje desde la voz, gracias a la grabación del discurso que escucharía en múltiples ocasiones durante su infancia. La falta de corporeidad de Allende y su misteriosa imagen recreada en la mente de la pequeña, llevan también a que no exista una plena comprensión de lo que sucede, una asimilación del presente que cobra sentido hasta que la narradora pone cara al personaje de Salvador Allende y reconstruye la memoria de aquel recuerdo a partir de las memorias de los otros.

La memoria no es una cualidad individual, en ella convergen el pasado personal y el histórico. Los recuerdos son construcciones de diversos pasados y se construyen por medio de procesos individuales y colectivos. Astrid Erll propone que “los textos literarios muestran cualidades que son específicas del sistema simbólico de la literatura cuando transmiten contenidos de la memoria colectiva” (203). Este texto literario construye un universo ficcional en donde se asoman involuntariamente elementos de una realidad extraliteraria. Ahí, a partir de la proyección de esta realidad, es posible reconstruir la memoria de un Chile vulnerado por una dictadura militar donde desaparecen personas, un Chile en el que los pacos agreden niños en plazas públicas, uno en el que llega la luz eléctrica, todo como parte de momentos históricos determinantes para la sociedad chilena narrativa y la real.

Aliaga Alejandre menciona que: “El objetivo definitivo de la literatura de este tiempo, en la que se incluye Nona Fernández, consiste en rescatar la memoria como un modo de supervivencia individual y un acto de solidaridad con una sociedad que carece de ella” (133). Configurar la memoria en la literatura, entonces, necesariamente tendrá que contemplar los acontecimientos extraliterarios que rodean al autor durante la escritura de su obra. Habrá que separar la obra del autor; sin embargo, en un momento dado, combinar elementos de la realidad y la ficción permiten vislumbrar de forma más evidente la conformación de una memoria colectiva, por medio de la literatura la ficción trabaja como una antropología especulativa (1997: 21).

En palabras de Fuentes citando a Vico: “[…] conocer algo, conocerlo de verdad y no sólo percibirlo, requiere que el conocimiento mismo cree lo que quiere conocer. Solo conocemos verdaderamente lo que nosotros mismos hemos creado” (1969: 31). La construcción del argumento de la obra a partir de la rememoración de sucesos presenciados por la narradora en su infancia, así como la reconstrucción de las memorias ajenas, permiten la conformación de un todo que deriva en una materialización de la memoria colectiva. Replantearse en repetidas ocasiones si lo que cuenta es verdad o confesar que algunas de sus afirmaciones son más bien suposiciones, son elementos que confirman la naturaleza especulativa de la narración. Hay una intención oculta en estas estrategias, esta intención podría estar representada en el siguiente fragmento: “Sé tan bien como ella que los límites entre la realidad y la ficción son débiles y que se esconden bajo la piel sintética de un caballo de palo, pero en el juego no logro ver la luz del flash del fotógrafo, no entiendo cuál es el punto al que debo mirar en esta escena inventada por ella para mí” (2015: 69).

En esta novela, que bien podría ser autobiográfica, Nona Fernández construye un personaje principal que repite el suceso de la llegada de la luz eléctrica a la plaza de Armas una y otra vez, buscando entender la razón por la cual su abuela contó una historia que no era suya como si le perteneciera. Quizá este suceso encierre la idea de una memoria colectiva que enmarca a una comunidad, un colectivo que se hace presente en un pasado que no le tocó vivir pero que define su ahora y que, aunque indirectamente, configura su historia personal. Una reconstrucción del ombligo en donde hace falta uno, ese que demuestra que se tiene un pasado, que la ficción no es necesariamente algo falso, sino precisamente ese ombligo reconstruido, ese conjunto de memorias, ajenas y propias, que permiten diferenciar entre un caballo de palo y uno de carne y hueso.

Bibliografía:

Aliaga Alejandre, Irene. (2020). “Iluminar con la letra la temible oscuridad: Estrategias narrativas para reescribir la dictadura en Nona Fernández”, Cuadernos de Aleph¸12, pp. 115-136.

Erll, Astrid. (2012). Memoria colectiva y culturas del recuerdo. Estudio introductorio. Bogotá: Ediciones Uniandes.

Fernández, Nona. (2015). Chilean Electric. Santiago de Chile: Alquimia Ediciones.

Fuentes, Carlos. (1969). La nueva novela hispanoamericana. México: Joaquín Mortiz.

Saer, Juan José. (1997). El concepto de ficción. Buenos Aires: Rayo Verde Editorial.

Imagen tomada de Ojo de tinta

Escrito por:paginasalmon

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