Dormía en mi cama, había sido un día pesado y no quería más que descansar. Sin embargo, como sucede siempre que se quiere que la noche sea eterna, sonó la alarma de las 6:30 a.m. y esta terminó. Tardé 10 minutos más en desperezarme, también evitaba salir de mi habitación: la noche anterior mis compañeras de departamento tuvieron una reunión con sus amigos y no quería ni imaginarme la cantidad de desastre que habría afuera. Tendría que enfrentarlo si no quería llegar tarde al trabajo. Abrí lentamente la puerta de mi cuarto e inspeccioné con nerviosismo: todo parecía más limpio y recogido de lo que anticipaba. Salí confiada, me dirigí a la cocina a poner café y entonces me encontré con una cocina distinta. Me froté los ojos. Todo estaba impecable: los muebles, el piso, el techo y las paredes eran blancos. Brillaba como no lo había hecho antes. Estaba demasiado abstraída como para darme cuenta de que esa no era mi cocina.

Revisé con cuidado cada espacio. La arquitectura del lugar no había cambiado, pero todo estaba dispuesto de otra manera: ahora, el refrigerador se encontraba a la derecha, cerca de la puerta que conectaba con la sala; las mesetas estaban desplegadas en la pared del fondo; la alacena era un pequeño compartimento a la izquierda de esa misma puerta de entrada. ¿Dónde estaba la estufa en la que anoche había asado unas salchichas? ¿Y la tetera roja donde calentaba agua? ¿Qué había sido de mi colección de tazas de muchos colores, estampados y formas? Solo pude advertir unas tazas, platos extendidos y hondos aburridos, acomodados por tamaños en un estante. Los vasos eran de cristal, todos del mismo tamaño… ¿y nuestro vaso de litro del América? En ese momento lo supe: alguien había cambiado el espacio mientras dormíamos. Tenía muchas preguntas, ¿en qué momento de la noche había sucedido? ¿Mis compañeras de habitación sabrían lo que ocurría? Era improbable que ellas gestionaran esta movilización ebrias.

En fin, me resigné porque, a decir verdad, la nueva cocina era más bonita que la anterior. Lo difícil sería acostumbrarse a verla con migajas de pan, manchas de café en las tazas, aguacate embarrado en la meseta, salsa Valentina pegada en los platos, grasa en las hornillas transparentes de la estufa. Esa cocina estaba hecha para admirarse, no para usarse. Seguía abstraída en su contemplación cuando me percaté de la hora: 6:53 a.m., en el nuevo reloj digital, incluido con la cocina, pegado a la pared del fondo. Decidí darme prisa y mejor comprar un café de olla afuera, de todos modos no encontraba mi cafetera en ningún lado, tal vez porque era color negro. Justo en el momento que me dirigía a mi habitación, salió Obdulia de la suya.

—¡Mira lo que pasó!

—Sea lo que sea, seguro que me dará lo mismo porque estoy cruda —dijo frotándose los ojos y emitiendo un bostezo que me dejó observar todos sus dientes y oler su aliento a alcohol.

La tomé de la mano y la llevé a la nueva cocina. Su reacción no fue la que esperaba, o más bien, no sé por qué esperaba algo más.

—Diablos, entonces sí pasó —fue su única exclamación.

—¿Cómo que “sí pasó”? ¿Ya habías visto esto?

—Mientras bebíamos, Victoria y yo escuchamos un ruido muy agudo y fuerte, nadie más lo oyó. Pensamos que tal vez ya era momento de parar de tomar. Corrimos a todos bajo el pretexto de que hoy tendríamos que trabajar temprano y entonces, cuando se habían ido, vimos que la cocina se veía extraña. Mejor nos fuimos a dormir.

—¿Entonces sucedió de la nada?

—De la nada, pero no confíes al cien en un par de borrachas.

La dejé también abstraída en la contemplación de la cocina. Se quedó parada en la entrada y mientras tanto corrí a arreglarme para salir. Me dirigía apresurada a la salida, buscando mis llaves, cuando observé a Obdulia acercar lentamente sus dedos a una de las mesetas.

—¿Qué haces?

Me volteó a ver exaltada.

—Siento que no la puedo tocar, me da miedo que algo le suceda; al mismo tiempo, siento que no puedo dejar de verla. Tal vez nunca más vuelva a usarla.

Siguió ahí parada.

—Cuando volvamos del trabajo veremos qué hacemos, seguro que entre los nuevos muebles hay una nota, un botón, un enchufe. Debe ser una mala broma de tu amigo Toño, el que programa cocinas, salas, dormitorios y baños inteligentes y hace remodelaciones. No me cae bien.

Obdulia no me respondió. No insistí y me salí del departamento. Durante el día olvidé lo ocurrido y regresé tranquilamente a nuestra casa. Entré y entonces las vi: Obdulia y Victoria seguían en pijama, estaban en medio de la cocina como hipnotizadas. Las miré un rato e intenté hacer ruido para que notaran que había alguien más ahí, pero no se movieron. Entré a la cocina y me puse delante de las dos, no advertían mi presencia. Vi el reloj digital, eran las 6:59 a.m., según su medición del tiempo habían pasado tan solo 6 minutos desde que había ido a mi habitación a arreglarme para salir a trabajar. Pensaba que quizá estaría atrofiado, pero cuando dieron las 7:00 a.m. sonó una alarma que casi me ensordece, parecía una alerta apocalíptica. Me alejé del ruido con los ojos, cubriendo inútilmente mis orejas y pensé que en cualquier momento vendría el administrador a inspeccionar qué estaba sucediendo. Pero no. Me asomé a la ventana y nadie, en toda la unidad habitacional, había salido a ver qué sucedía; vi a través de la mirilla de la puerta y tampoco los vecinos de enfrente mostraban curiosidad.

La alarma que casi me revienta los tímpanos se detuvo. Me dirigí a la entrada de la cocina, sin atreverme a entrar, al ver a mis compañeras ambas parpadearon al mismo tiempo. Se enderezaron y se voltearon a ver entre sí. Estaban extrañadas, observaron sus ropas. Victoria miró la hora, pronto sería tiempo de salir al trabajo y apenas iba a arreglarse.

—¡Obdulia! Mira la hora que es.

—¡Ufff! Mejor me doy prisa, mi jefe me advirtió que si llegaba tarde otro día más, me darían las gracias.

Me dio pena, pero tuve que acercarme a ellas y decirles lo que ocurría.

—Chicas, creo que ninguna de nosotras entiende qué está pasando.

—¿De qué hablas? Ash, no puedo hablar, no sé en qué momento perdí la noción del tiempo.

—Espera —dijo Obdulia— ¿Por qué estás vestida tan pronto si hace unos minutos apenas nos topamos y comentábamos lo de la cocina?

—¿Qué de la cocina? —preguntó Victoria.

—Es justo de lo que quiero hablarles. Hoy las dos faltaron al trabajo. Son las siete de la noche.

—¿Qué? —gritaron al unísono.

Ambas se dirigieron rápidamente a sus habitaciones a comprobar en sus celulares que, en efecto, eran las 19:00 y no las 7:00. Obdulia armó una rabieta al ver el correo que la citaba al día siguiente en la oficina de recursos humanos para firmar su renuncia y darle su liquidación. Victoria había faltado a la primaria y sus alumnos perdieron todo el día de clases; también tenía un correo y aproximadamente 20 videollamadas y 80 mensajes de texto sin leer. Me miraron atónitas.

—¿Qué pasó? —dijo Obdulia pasmada, roja de coraje, observándome y llevándose una mano a la cabeza.

—Debe ser la nueva cocina.

—No entiendo qué de la cocina, alguien explíqueme por favor —gritó Victoria casi perdiendo el control de sí.

La tomé de la mano y la llevé a la entrada de la nueva cocina, pero en vez de esa, se levantaba ante nosotras la familiaridad de la cocina de siempre: con azulejos color crema percudidos, la estufa a la que no le funcionaba el horno, la colección de tazas de colores, nuestra vajilla conformada por platos de plástico y cerámica desportillada; el techo lleno de la grasa acumulada durante años y el piso pegajoso y con marcas de zapatos por todos lados. Al menos eso ya no me causaba ansiedad. Jamás había querido tanto nuestra cocina como en ese momento. No extrañaría la cocina anterior, pero sí la posibilidad de que todo permaneciera limpio. Victoria, tan absorta como las demás en la mugre que encima de todo tendrían que limpiar, tuvo a bien decir lo que pensábamos todas:

—Pinche Toño.

Imagen tomada de Metro Tiles

Escrito por:paginasalmon

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s