Del diario de confesión espiritual de Sor Leonor de Buenaventura.

Folio tercero.

Al llegar al convento, en este año de gracia de 1611, me dijeron que cumpliría mis tareas en la cocina y, en el intento de servir a mis hermanas, me he esforzado mucho por realizar un buen trabajo. Inicié como ayudante. Ordenaba todo lo que utilizamos al hacer los guisos, y también me ocupaba de los alimentos que cosechamos y los que son comprados en el mercado. Luego de algunos meses me fui involucrando en la preparación de los desayunos y mis hermanas, las de mayor experiencia reconocieron mi buena voluntad para cocinar. Así, en poco tiempo, me dieron la oportunidad de preparar algunas comidas.

La semana pasada un tierno gozo cautivó mi corazón, para celebrar el día de mi nacimiento me concedieron la libertad de cocinar un postre y su sabor deleitó a todo aquel que alcanzó a probarlo. Siento que por eso he ganado la responsabilidad de elaborar confites para los días de especial festejo. Estoy muy contenta y agradecida; en adelante, me moverá la esperanza de alegrar el paladar de todas mis hermanas. Combinando esta labor con mi empeño en aprender y dominar con cabalidad las destrezas espirituales para la oración, espero, aunque sea un poco, ser agradable, yo que tan insignificante cosa soy, a los Ojos de mi Santo Amo. En Él es mi vida.

*

Las prácticas en el simulador terminaron. Los instructores han dicho que estoy listo. Pocas veces me he sentido tan alegre, pude concluir el entrenamiento y he sido elegido para pilotear en una misión real de búsqueda. Mañana muy temprano, en el hangar de la base recibiré el explorador que me han asignado. Por fin podré operar sin vigilancia un escáner Prometeo. La mirada más perfecta creada por el hombre estará bajo mi control para buscar el pasado de la tierra incluso en la nano escala.

Mañana también me informarán a qué zona deberé viajar y por cuánto tiempo estaré ahí; espero que sea mucho, pues tendría más oportunidades de encontrar algo útil al proyecto Alfa y así pagar lo que se ha invertido en mí.

La renovación está en marcha, la nueva era necesita, como nunca, el trabajo de todos los que hemos resistido las condiciones de este malherido planeta. Mi labor será difícil y peligrosa, pero en mí no quedará ni una partícula de esfuerzo sin ser consumida.

*

Del diario de confesión espiritual de Sor Leonor de Buenaventura.

Folio décimo séptimo.

Sólo Tú ves verdad en lo que digo. Que desde los últimos meses me fueron dadas mayores responsabilidades en la cocina y que respondí con toda la fe que mi sangre puede contener. Que las comidas, y en especial los dulces que preparo, ganaron fama incluso fuera del convento. Y en tal agrado los tuvieron todas las personas que los comieron que recibí incontables felicitaciones y ante las mismas me sentí apenada, pues soy una simple sirviente y no merezco los halagos.

Pero Tú me dices que sí, que los escuche, Tú mismo me los has dado, cada vez que invencible liberas tus Pies y Manos de los maderos que te aprisionan para bajar y venir frente a mí. Cada vez, Tú entiendes y disculpas la vergüenza sin límites con que te ofrezco las alegrías que preparo para ti. En tus manos la miel será más dulce, has dicho antes de dar la última mordida. Tú has estado aquí, se los he dicho. Pero ellos estiman viles todas mis confesiones. No saben escuchar. Y aunque hablan de tu Palabra, no quieren creer que yo la he escuchado en tu Divina Presencia.

*

Inicia bitácora de misión. El día es el treinta y seis del año doscientos siete de la nueva era.

Vuelo sobre la última porción de mar, en la antigüedad este sería el momento que un vigía aprovecharía para gritar “¡tierra!”. Distingo ya la costa, es gris y lúgubre, no encuentro el brillo que debieron ver vikingos y españoles. ¡Qué palabras tan lejanas! ¿Algo quedará de ustedes? ¿Algún vestigio de aquellos que fueron llamados americanos? Si un rastro de vida ha resistido todo este tiempo, lo encontraré.

Al mando del explorador cuatrocientos veintitrés, quien habla y registra la actividad, se encuentra Martín V., teniente de búsqueda en primer grado al servicio del proyecto Alfa. La misión es la número ochenta y uno del año; el objetivo es encontrar y colectar materiales compuestos de biomoléculas orgánicas para su resguardo y reproducción en los laboratorios de la base central. La misión durará cuarenta días a partir de ahora. Sistemas de aterrizaje activados. Prometeo listo para iniciar reconocimiento en cuanto se toque superficie. Comienza descenso. Diez segundos en cuenta regresiva…

Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad… Recuerdo esa lección de historia sideral. La moraleja es nítida: los actos de un solo ser pueden albergar las esperanzas de una especie. Podría ser yo el siguiente hombre que ayude a cumplir el sueño de una generación.

Explorador firme en tierra, cambio a modalidad de desplazamiento por bandas de tracción en dos, uno… Tracción estable. El láser de Prometeo se despliega con alcance de doscientos metros. Inicia trayecto para explorar el primer cuadrante. Si las moléculas orgánicas no están aquí, estarán en alguna de las treinta y nueve zonas restantes.

No debe ser muy agradable estar afuera. Todo lo que puedo ver hasta el horizonte es desierto; sobre las planicies agrietadas, montañas y colinas amarillentas se alzan como gigantes exhaustos, tal vez duermen y sueñan que no han sido derrotados. Las construcciones de siglos pretéritos son ahora montones dispersos de piedra y metal, una arquitectura informe que calla el trauma de la segregación, el horror de las últimas explosiones.

No hay colores vivos en la tierra y el cielo es un espejo gris. Eones atrás alguien buscó aquí una ciudad hecha de oro. Hoy anhelamos cualquier cosa que tenga carbono para intentar recrear la vida. Según el último informe que leí, el proyecto Alfa ha logrado sintetizar la estructura del treinta por ciento de los miles de sustancias y materiales enlistados por el proyecto Clío.

Cuando era niño, un boletín del proyecto Gnosis informó que un teniente recién graduado había encontrado huesos que, de acuerdo con el centro de comparación histórica, coincidían con la descripción del perro doméstico. Dean S., teniente clase uno nueve cero; en algún momento del primer curso, todos los novatos usan alguna foto de Dean S. como holograma de identificación. Yo usé aquella en que su rostro es atravesado por lágrimas. La tarde en que vi esa imagen me sentí muy confundido, me forcé a estudiar todo lo que pude sobre las emociones humanas. Descubrí con sorpresa que el llanto podía ser provocado también por la alegría o la pena, por razones distintas al dolor físico. Yo también quisiera llorar de felicidad, lo haría si mi explorador fuera bautizado con mi nombre, para luego ser retirado a un sitio de honor en el museo del proyecto Clío, o si recibiera un perro vivo que pudiera quedarse conmigo más de algunos días. Argos, así llamaron al primer can que pudieron clonar a partir de aquellos huesos.

Pero Argos murió. Todos los nuevos ejemplares se extinguieron y el proyecto Géminis canceló las clonaciones. Por votación unánime, el consejo directivo prohibió la clonación de todos los animales hasta que la calidad del aire en el exterior mejore al grado de poder salir sin mascarillas de purificación. Hoy, gracias al crecimiento de los nuevos bosques y selvas en la zona de la base central, es posible quitarse los filtros de nariz y ojos hasta por cuatro horas seguidas. Tal vez en una década o dos pueda adoptar un perro… Tal vez llore de alegría si lo veo sobrevivir hasta lograr la reproducción natural.

*

Del diario de confesión espiritual de Sor Leonor de Buenaventura.

Folio vigésimo primero.

Las sospechas sobre mi comportamiento no cesan y mis palabras, que Tú y yo sabemos ciertas, no han dejado de ser juzgadas por los padres del convento y por otros padres de la ciudad vecina. Las noticias de mi caso han llegado hasta los oídos del implacable señor Obispo. La situación es una tortura, es una espina en cada onza de mi carne y alma. Es una espina el silencio de mis hermanas, ya nadie me acompaña en el momento de oración. Es un tormento pensar que yo sea la causa del miedo que empaña las miradas, cuando antes era para mí el río de sonrisas.

Era un tiempo de esplendor y regocijo. Era el tiempo de tu Presencia, un milagroso regalo en el que nadie quiere creer ahora. Y encima de todas las penas, me imponen el encierro, me prohíben siquiera acercarme a la capilla. Temen, dicen, que encuentre modo de acercarme a forzar los gentiles labios de madera estofada que guardan tu Palabra en el misterio crucificado. Tú sabes que yo no tengo, ni deseo, un poder que pudiera permitirme lograr tal profanación.

Yo sólo tengo la esperanza de tu Misericordia, sé que gracias a ella será posible abolir el peor de mis destinos. Por eso te pido, Señor, dales tu Luz. Dales, amado mío, tu Palabra, que ese manantial de vida llegue también, como llegó a esta tu sierva, a germinar un sabio consejo en las mentes que decidirán si miento o digo la verdad.

Pero si así lo quieres, Señor mío, si a tu Plan sirve que mi voluntad ceda, te la entrego dispuesta, conquistada por una sola esperanza: encontrar tu Amor otra vez, aunque sea fuera de esta vida.

*

Bitácora de misión: jornada dieciocho. Mi esperanza está por conocer el éxito. Prometeo ha reportado una lectura con alta probabilidad de ser positiva. En la pantalla de comando se indican tres muestras, su ubicación está a treinta y seis metros del flanco izquierdo del explorador y nueve bajo tierra. Inicia cambio de rumbo hacia el punto marcado y preparación de taladro aspirador. Taladro aspirador inicia operación en dos, uno…

Nueve metros cúbicos de tierra. El análisis de espectrocromatografía indica que la materia acumulada en el depósito central no representa riesgo de contaminación, no tendré que usar traje y casco para salir de la cabina de mando. Entro al depósito y activo el analizador molecular, comienza la separación de materiales por tamizado y aspirado.

Las sustancias y objetos ignorados por el analizador fueron expulsados a través de las válvulas de desecho. Entonces, de entre un último montón de tierra, surgió aquel busto. Al verlo recordé otras lecciones de historia. En algunas representaciones aparecía ileso, de pie, sobre el cabello rizado una aureola de luz definía su autoridad divina. Pero esa era una imagen diferente, aun sin los brazos extendidos, que debieron romperse en algún bombardeo, o mucho antes quizás y por cualquier otra razón, pude saber que simbolizaba el extremo más violento de una época que, como el resto, también estuvo al filo del olvido. Un ejemplo más de la crueldad del hombre. El tiempo difuminó el rojo de la sangre vencida, la erosión de la madera menguó el filo en las espinas de la corona.

A pesar del importante desgaste que muestra la antigüedad, su valor artístico debe ser muy alto. En el archivo antropológico, los encargados del proyecto Musa me agradecerán que les lleve esta pieza. Hasta donde sé, son pocas las imágenes de esta clase las que todavía se conservan, unas han sido recuperadas, otras fueron salvadas durante las últimas guerras.

Además, este ejemplar será muy especial, pues el análisis concluye que en su interior se ubican otras sustancias que todavía no han sido reclasificadas. El escáner ubica las muestras en un hueco de la figura, justo bajo los labios. ¿Por qué en este preciso sitio?, tendré que investigarlo después. Procedo a utilizar el láser manual para introducir una sonda de aspiración. En cuanto tenga los materiales encapsulados para su transporte seguro, comenzaré la conexión con la red de control en la base central. Todos van a ser muy felices con mi llamada.

*

Del diario de confesión espiritual de Sor Leonor de Buenaventura.

Folio trigésimo tercero.

En otra vida llegará para mi alma su absolución, no será en este mundo de ojos petrificados que no encuentran en los míos la fe que Tú has visto; no será en este mundo sordo que no atiende a la voz a la que Tú respondiste. Por encima de tu Corte no vivirán libres de mancha la acusación y la condena. Me llaman falsa mística y disponen para mí una muerte que ruegan me quite de tu Presencia, que lave la huella de mis pasos en este valle de lágrimas. Pero no será ese el destino de mi alma, tu Mano me sostendrá como lo hace con el mundo. Lamento tan sólo no poder preparar otra vez los dulces, las alegrías que tanto te gustan, amado Jesucristo. Dueño mío, Bien y Verdad, mi alma va contigo y sé que te acompañaré por el resto de los tiempos.

*

Este es el explorador cuatrocientos veintitrés, al mando solicita comunicación el teniente Martín V. Confirmo solicitud. Confirmo…

Gracias, control, confirmo el éxito del enlace. Esta es la misión ochenta y uno, es correcto. Martín V., teniente de la clase dos cero siete. Control, tengo significativas noticias. El escáner Prometeo de mi explorador encontró sustancias útiles para ser replicadas. Sí, he cumplido el protocolo. El analizador concluye, a partir de la comparación con elementos similares ya registrados, que los gránulos de color amarillo deben ser la semilla de alguna planta, y que se encuentran adheridos entre ellos por el efecto de una sustancia compuesta por varios tipos de azúcares. Espero coincidan conmigo, control, es probable que hayamos recuperado un tipo de alimento del mundo remoto. Un alimento dulce. Control, ¿alguno de los presentes ha experimentado ya el sabor dulce?

Imagen tomada de WallpaperUp.

Escrito por:paginasalmon

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