Emily Dickinson escribió: Pain has an element of blank. El dolor es un vacío, un espacio en blanco, es difícil saber cuándo empezó y recordar un momento en el que no estuvo aquí. El dolor no tiene futuro más que sí mismo en nuevos periodos de dolor. Siento esto cuando pienso en ti. No logro volver a sentir lo que era no extrañarte ni la ausencia del dolor. Este vacío se convierte también en una amnesia, poco a poco olvido cómo llegamos aquí. 

Quiero rastrear este dolor y llenarlo. Creo que debo empezar por cuando nos conocimos, sin darnos cuenta éramos amigas, todo el tiempo estabas ahí, cualquier actividad debía incluir tu presencia. Desarrollamos nuestro propio hogar con sus reglas y lenguaje, nada parecía imposible para nosotras; el mundo se abría para mí desde tus ojos. Lo que sentía era un amor nuevo, sincero e intenso. Estabas en todos los aspectos de mi vida, y me asustó saber que nadie me conocía mejor que tú. Tal vez no supe manejar esa proximidad, o eso me digo para explicar la repentina distancia que hubo, que salió de la nada y que después fue imposible acortar. Solo sé que de un momento a otro ya no estabas aquí. 

La persistente sensación del vértigo de perderte llegó. Sin embargo, no me preocupaba porque la posibilidad de encontrar nuestro camino de vuelta a la otra era tangible, estaba segura de que la vida me llevaría a ti. La tragedia de no ser amigas era tan catastrófica y dolorosa que simplemente era impensable. No permitirme hablarte ha sido de lo más difícil que he tenido que sobrellevar. Nuestra hamartia: esperar que todo se arreglara por sí solo.   

Distintas veces intentamos reconstruirnos, nos prometimos un nuevo comienzo desde cero, desde tres. Una no quiere la incertidumbre de la pérdida, hay una extraña certeza en la promesa que te permite seguir, por más frágil que ésta sea. ¿No hay acaso un punto medio donde podamos estar juntas? Estábamos intentando llegar a la otra en medio de un mar inmenso que nos alejó poco a poco. No me di cuenta en qué momento dejaste de nadar hacia mí, hiciste lo que debías: proteger tu corazón y seguir adelante. 

La promesa ya no existe, esa posibilidad cesó cuando dejamos de cuidar de la otra. La pena nos impidió hablar de lo que podíamos, o no, arreglar. Dejamos de ser amigas y el mundo dejó de ser el mismo, se volvió más hostil, más inhóspito y aun así nada pareció alterarlo. Quisiera escribir elegías, himnos, poner una placa que deje constancia: “Aquí A y A fueron amigas”, aquí hubo un espacio seguro, amable, cálido; en donde todo lo que queríamos era posible. Pero solo puedo escribir sobre el dolor que dejas.

Dejar ir es no saber qué hacer con todas las cosas que pensé que en algún momento te contaría. Con todos esos momentos sagrados que envolvía con un listón para dártelos cuando nos volviéramos a ver. Pensé que nuestra casa había quedado vacía, pero se llenó de cosas, de recuerdos y sentimientos fantasma que me asfixian. Dejar ir es perderte y perderme a mí misma porque ya no sé cuánto en mí es por ti. No sé qué hacer con todo este dolor, pero tampoco con todo el cariño que te tengo. 

He estado suspendida en el agua sin saber qué hacer o a dónde ir, flotar cada vez es más difícil. Me da miedo enfrentarme al abismo del duelo en el que acepto que, sin marcha atrás, mi universo cambiará completamente. Estoy lista para navegar en el agua donde abunda el recuerdo de nosotras y ser capaz de llegar al otro lado.

Imagen de Kellie Churchman

Escrito por:paginasalmon

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