Físico de la librería de pueblo. Dármelo en regalo o llorarle a Lisi: que invite aunque no salgamos, y aún a San Antonio de Pereira, o a Caicedo o al ferrocarril por segunda oportunidad. Solo imagino detenerme el jueves, sentarme, abrirlo y leer como cuando estudiaba, en la palomera de San Pío: el crítico literario, Carrasquilla, Saer y los primeros adentros en la ficción. La luz entraba por mi espalda; la silla era de madera, hoy no existe; y si hacía frío me acobijaba hasta acostarme, o en pantaloneticas contando las veces que entraban a la cocina, a extender, porque allí todo conversaba: era un sitio de brevedades. Lo que ahora espero, diez y cincuenta, para mañana despertarnos antes de las seis rumbo a una oficina, luego a por una impresora y por último al rancho, a repetir lo de hoy en otras horas. A gastar pantalla.

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De seis a doce, o más luego, entreverse por líneas, el ensayo, lectura al por menor, los que deben, en la sala.

Primero «nos dejaban salir al mediodía»: con esto le hago honor a los licenciados de Caldas, el libro que también la Jaime, la recolectora, la máxime, en escrituras del yo. El sistema que dirige es por un todo a la altura de dos naciones. Más quien empieza a clarearse entre varias etapas, en un solo huevo, transportado desde la noticia de las letras hasta ahora.

Hablan de cada quién, de invitar gente. Acercarse a Dios por una tocada de puerta, o dormido en el regaño cural, o «para mí es lo mismo». En una, le creo, lee salmos en caso de morirse, para morir con el Duro, pero si sale ilesa da las gracias y continúa, se deja continuar en metrocable.

Pienso comprarle los hispánicos; si deja entrar, saca las sillas y esconde su mesa, le esculco lo que no deja ver la vitrina y consigo el precio. Tengo, además, la ventaja de pedirle a Lisi: dos libros por dos pasadas.

Si le echa ojo la Biblioteca Pública segundo piso en la selección de la clausura del evento simultáneo desde la sala de estudio, encerrados, ¿cinco años antes en Vals con Bashir?, leyéndole a siete presentes. El ingeniero cuenta por todos y más la recepción, los auditores peleándole al frío con reservas laboratorias de café; en Madrid el salvadoreño que se ganó La Playa y sus ingentes; y la pregunta por un título que repitió la anfitriona, de uno. Quién sabe para dónde se fue al terminar las rondas, tres poemas al inicio y otro finalizando, porque salí a la carrera para otra con V. y F. en la conducción.

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Solo dos libros: la silla mancadora: el dato: río Bedó en tercer lugar de los mejores ríos de Colombia: ahí termina: abajo el partido Once Caldas-Medellín, unos cuantos que desmerecen la procesión: las ediciones, una conmemorativa de cincuenta años, los paratextos a favor de perdidos: el siguiente, letras pequeñas, de filólogo en sus primeros años, y unas incorrecciones por salir de la universidad industrial, la que menudea la papita: por supuesto, si va a leerse, y más en ese entorno que hemos constituido, la primera opción antes que nada: matarse pero que se vea, a letrones grandes, para cinco ojos que no hayan traído libro: ediciones en digital se buscan, lo mismo recomendarle al director montar la revista en los medios: tampoco les he comentado: en los años de Cepeda, luego la muerte de Gaitán, podremos leerlo: en su honor un periodista de El Bagre solo utiliza, desde el primero de febrero del año en curso, los dos puntos como único signo de puntuación: luego de esta práctica se verán los resultados en una obra que nadie habría realizado sin el homenaje al cienaguero: en el bar Caifanes: no duramos por ser festivo, hora de transporte, bostezos luego del diálogo postlectura: arrimamos medio alertas, con la desconfianza del pueblo, en principio Nariño-Argelia: Rionegro, en el sector donde trasnoché, las vueltas sin plata, el negocio-cuadro fuera de la galería, es cuasi parecido: ese temor en cada moneda: en los basurales y los cojos que acercaba la rapidez, la noche estrangulada en una esquina: los celadores antes escondiéndose: valiendo turno con miradas de lejos: y los particulares hacia donde vayan solo con el arcángel Rafael y toda la corte celestial apretada, juntica, lista para dispararse, en la corredera si ennavajan al desarmado.

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De la poesía en Valéry, además de arte, como estado receptivo y productivo:

Es productivo de ficción, y observen que la ficción es nuestra vida. Vivimos continuamente produciendo ficciones… Ustedes piensan ahora en el ansiado momento en que yo habré acabado de hablar… ¡Es una ficción! Vivimos solamente de ficciones, que son nuestros proyectos, nuestras esperanzas, nuestros recuerdos, nuestras pesadumbres, etc., y nosotros únicamente somos una perpetua invención. Observen (insisto) que todas esas ficciones se refieren necesariamente a lo que no es, y se oponen no menos necesariamente a lo que es; por añadidura, cosa curiosa, es eso que es lo que engendra eso que no es, y es eso que no es lo que responde constantemente a eso que es… Ustedes están aquí, y de pronto no lo estarán, y lo saben. Lo que no es responde en su espíritu a lo que es

Pensando la ejecución se realiza, no ante los llamados, unos cuantos vienen a la media hora, y adecúa en lo posible. Es la mecánica, ¿logramos entenderla en el semestre de Klafki?, del a priori: campo de tentativas, de alcanzables en recinto donde evaluarlos, sino, en la proliferación de raíces y alcobas, despista la validación, todo intento de con objetos de lujo físico: fantasma comiendo azaleas. Así que, tomando como antídoto una hoja garabateada con el índice de un número libre, se opta por la consideración de un remolino, de lo que no entorpece, más bien augura, el ahora, las nueve y veintitrés de la noche luego de encontrarnos en la vereda Buenos Aires, recordar en la mente al señor machetero que viera una casa abandonada para, en escritorio, mostrarle el número ciento treinta y nueve de Azahar: la acción sistémica de José Luis Rubio Zarzuela, los artículos-fundaciones, para repensarse la maestría o los supuestos que en nada avanzan en la problematización interiorizada:

Kant dice en alguna parte que hay que cambiar lo mecánico en el arte de la educación, y esto se tiene que transformar en ciencia, entonces Kant no solo tiene en mente solo una praxis educativa reflexiva, sino también una pedagogía práctica que en su quehacer no debe limitarse a la simple experiencia. El arte de la educación se ha de ver por el hacer basado en juicios, es decir reflexionado, un carácter teórico y práctico que se sobrepone al influjo permanente de lo casual… Entonces aquí estamos viendo también una idea muy interesante, ¿cierto?: no es simplemente la experiencia, que esto lo va a retomar fuertemente Herbart, sino que a partir de la simple experiencia no se construye un saber juicioso, un saber sistemático, un saber reflexionado. O sea, si ustedes hacen un arroz como lo hace mi abuelita, ya les he dicho varias veces, lo pueden seguir haciendo así toda la vida. Es decir, la experiencia como tal no es la condición suficiente para ganar conocimientos. Por eso cuando a uno le echan el cuento y qué pena no sé si alguno de ustedes sean así, pero si a mí alguien me dice «¡Ah usted qué me va decir hermano si yo llevo treinta años en la docencia, yo tengo una experiencia de docencia de treinta años!», bueno la puede tener de treinta años pero si no la ha reflexionado no la ha sistematizado, se queda como un saber de la experiencia. Y generalmente el problema de ese saber experiencial, es un saber que se vuelve un saber cotidiano, es decir se vuelve un saber interiorizado para que yo no tenga que irritarme mucho, no tengo que reflexionar mucho, entonces puede que tenga una experiencia de treinta años haciendo prácticamente lo mismo.

Esto es visible, el lado juicioso del término, en el profesor L., que nos puso a trotar a ritmo de mula guiada: ¿eran las secuencias didácticas, las observaciones a posteriori, la lectura desde el libro, y no parafraseándolo, o el trabajo en esquemas, una base desde la cual pensar la praxis, un campo negro de abono, teoría, para sembrarlo, la práctica? La ficción se me ha convertido en un paso que se ubique en la aproximación del todo: la ciencia en la que me afirmo, el saludo a la pedagoga con sombrero y un compañero de los que invitó a conocer Barbosa, como en el 2022, hay para absorberse: directora de taller diciéndonos que es una bestia académica: el monográfico pendiente: la cúpula visible detrás de la calva del biólogo despachador de tesis: ¿la calidad del posgrado alineada con las intervenciones del hombre-lodo?

Hasta capturarlo, insistencia en el orden.

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Agregado al de Valéry en Freud, El creador literario y el fantaseo:

El ejemplo más trivial puede servir para ilustrarles mi tesis [de la fantasía]. Supongan el caso de un joven pobre y huérfano, a quien le han dado la dirección de un empleador que acaso lo contrate. Por el camino quizá se abandone a un sueño diurno, nacido acorde a su situación. El contenido de esa fantasía puede ser que allí es recibido, le cae en gracia a su nuevo jefe, se vuelve indispensable para el negocio, lo aceptan en la familia del dueño, e casa con su encantadora hijita y luego dirige el negocio, primero como copropietario y más tarde como heredero. Con ello el soñante se ha sustituido lo que la poesía en la dichosa niñez: la casa protectora, los amantes padres y los primeros objetos de su inclinación tierna. En este ejemplo ustedes ven cómo el deseo aprovecha una ocasión del presente para proyectarse un cuadro del futuro siguiendo el modelo del pasado.

Ante lo cual preguntarse las de elucubraciones perdidas en proyectos desde almohada, de regreso de una entrevista; al final de un rechazo.

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Carlos Fuentes y Homero valen a Defoe: el señor arma una tertulia de jubilados y tinteros en el espacio mínimo de la caseta: hablaban del Congreso, del alcalde, ayer visto sin guardaespaldas, de la procesión y le ayudan avisándole cuando se demora en atender y son los mismos que retacan: dos banderas de Palestina a norte y sur: y la Torá en inglés, el Libro rojo de Jung, las enciclopedias impares como cemento pegado al vidrio: hablaba de la compañera pedagoga, y demás que allí podría encontrármela, luego dirigirnos al café por donde pregona un viejo apartamentos a noventa millones, cuota inicial y los va pagando, piezas por la bomba con agua caliente y jacuzzi: le hablaría de lo que es visible, y lo oculto lo dejo ahí, en el moho, rastrillado cada milenio: chasquea la candela: falta ingresar a una de las presentaciones de Teresa, empaparme para mañana a las ocho, un domingo hablando del noviembre del año pasado: en La Ceja debe estar preparándose una muchachona para el examen de egreso: aquí, el tercer regala escombro, y dice que es más que todo purita basura: en todo caso hay que empezarle a uno de los puntos en la hoja, tachar y ganarle al mareo por madrugada sin aviso, hospital, remedios, cafetería de Ema, chorizo-pastel de pollo-pescado-empanada-malta, y adelantarse a uno mismo, a nadie: al día que es límite.

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Víspera cuartilla de traspasarse a otro formato: encuadernación, remedo en la impresora del trío, y sobre el expansionismo los futuros tecleos: la amistad-narratorio de ensayistas árabes, y toda una pregunta por lo que debe llevarse el día:

A finales de enero de 1916, Lenin se trasladó a Zúrich y continuó escribiendo en la biblioteca de la ciudad. Los voluminosos extractos, apuntes, observaciones y tablas elaborados por Lenin a partir de cientos de libros, revistas, periódicos y resúmenes estadísticos fueron publicados en 1939 en edición aparte, con el título de Cuadernos sobre el imperialismo.

Sostenerse en la prosa como despachando clientes en La Mina: un viejo retorcido de lo obeso: nombrarse en las notas al televisor: uno en la pieza vacía, que saluda, se baña y viaja: a las cinco una reunión urgente: el señor bareteando a las ocho: tendrá a la una frijoles con huevo y arroz: sabe los apodos de las vecinas: justo ahora que tengo los libros, puro formato digital: el que salió y las tesis en comunitarismo y la reserva en los siguientes Borón-Roque.

Aguas Calientes-Fátima, abril de 2026

Alejandro Zapata Espinosa (Itagüí, Colombia, 2002). Estudiante de la Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana en el Tecnológico de Antioquia. Escribe cuentos, poemas y columnas en Al Poniente. Sus principales líneas de interés son la experimentación artística, el diarismo y la autoficción. Ha colaborado en las antologías Poemas del barrio a la ciudad (2020), Insectos en la microficción (2023), Boundless (2023), así como en la Revista Inexistente, delatripa y Sarabatana.

Imagen tomada de The Oxford Blue

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