Recuerdo los años de mi adolescencia como una época invencible. Podían tirarme sobre el cemento frío o arrastrarme sobre el pasto sin que mi cuerpo sufriera algún daño considerable. Era maravilloso. Mis amigos de ese entonces y yo fantaseábamos con ser luchadores profesionales. Imitábamos entradas al ring y movimientos especiales de los contendientes norteamericanos que…
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