Editorial | Por Pedro Derrant

Tras varios meses de revisar Cultura Colectiva he terminado por pensar que no se trata de otra cosa que la versión hípster de Vanidades. Las comparaciones son siempre odiosas: lo entiendo y me disculpo; sin embargo, confío en que mis amigos lectores de Vanidades toleren con benevolencia un símil tan desfavorable. A pesar de enarbolarse como una plataforma dedicada a la cultura, en el nombre llevan la penitencia, me cuesta mucho trabajo creer que su vocación sea muy diferente de la de ésta o cualquier otra revista del corazón: como yo lo veo, una revista cultural no adquiere ese estatuto por tratar de cine, fotografía y viajes, sino por dedicarse al análisis y difusión críticas del quehacer humano.

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