(…)

–So, Doctor Meera, they talked to you? So did they say hello, and ask you how the weather was on Earth?
‒I am sorry, Sir, but this is not a joke.

(Hindi arguments)

‒What is this ‘Om, Om’ he is talking about?
‒‘Om’  is a Hindu religious word which has all the vibrations of the universe.
‒Oh! So they also believe in your religion as well? Listen, Doctor Meera, daydreaming is a very bad habit.
‒Belive me, Sir, I can prove it to you
‒You are wasting our time, Dr. Meera. Please go home.

Koi… Mil Gaya (2003). Dir. Rakesh Roshan

ADVERTENCIA:

Esta columna se deslinda de antemano de las expectativas con las que se le pudiera asociar antes de su lectura. No será un vasto catálogo de títulos y recomendaciones, acción mejor descrita por la palabra namedropping. No hablará de enternecedoras rememoraciones de la infancia o adolescencia, asociadas con las imágenes de la ciencia ficción, y su autora, más que ser una lectora extensiva de ciencia ficción, es una lectora intensiva de textos al margen de la categoría (que no es lo mismo que desconocidos).

Se respetan todos los tipos de aproximaciones que se hacen y que se han hecho del género, pero aquí se evitarán las historias de la literatura o el cine, las listas y las reseñas inconexas, por mencionar las que más abundan. Se escribe desde muchas perspectivas, con las herramientas que se tienen y todos estos textos tienen su público y su medio.

Esta columna nació de dos sucesos en mi vida. El primero, un compromiso conceptual con la categoría; es decir, de un interés por los conceptos que se han venido utilizando para hablar del género, y en especial por el trabajo que muchos autores han invertido para ligarlo con diferentes tipos de estudios. Los marcos teóricos que se aprovecharán para hablar de la ciencia ficción serán mayoritariamente los estudios literarios, poscoloniales, de medios y de animales (Animal Studies). Los marcos críticos a los que nos encaminaremos, entrega tras entrega, serán al posthumanismo y a la crítica de los nacionalismos, que con más tiempo que vida explicaremos a detalle.

La difusa diferencia entre un concepto y una palabra (una disculpa para aquellxs a quienes no les gusta desatar las cosas) es que mientras una palabra se puede entender en su lengua, el concepto es principalmente viajero y es la muestra de una teoría: “…concepts can become a third partner in the otherwise totally unverifiable and symbiotic interaction between critic and object. This is most useful, especially when the critic has no disciplinary tradition to fall back on and the object no canonical or historical status” (Mieke Bal 23).

La segunda, es ofrecer una plataforma para la muchedumbre de textos especializados que año con año ven la luz, al integrarlos a los temas de mis subsecuentes entregas, que se inscriben en el área de la ciencia ficción y que han logrado armar una vasta red de diálogo. El propósito último, y bajo líneas parecidas a las que por 40 y pico años ha sostenido la revista Science Fiction Studies, es unirse en un sistema, un área de estudios que se intitule, homónimamente, estudios de ciencia ficción: un lugar capaz de estabilizar más o menos sus propios conceptos y prestarlos a quien los necesite.

La ventaja que encuentro en una columna, sobre un texto académico –que es de donde principalmente (pero no únicamente) abrevo-, es la intención de aquélla: es posible, fuera del género académico, expresarse con el mismo rigor, pero filtrando opiniones en un estilo dictado por las vivencias, hacer mención de los procesos personales por los que se llegó a tal o cual cosa; y, sobre todo, que se entiende que en una columna no se van a encontrar posturas finales de sus autores.

Antes de continuar, cuando me refiero al compromiso conceptual con la ciencia ficción no me refiero a un compromiso con sus palabras constitutivas, no veo objeto alguno en desmembrar una vez más sus semas. Ha habido amplias discusiones acerca de la consonancia de ‘ciencia’ y ‘ficción’ en la misma unidad léxica, consistentes en indagar los distintos matices que entre sí se otorgan las palabras, sobre las imprecisiones que ha desatado su traducción de science fiction a ciencia ficción; en el 2017 esto yo lo leo como una lucha de apropiaciones y de estatus casi obsoleta. Si bien se puede hacer alusión a él como “ficción especulativa” o evadir “ciencia ficción” (por todo lo que implica) al referirse, por ejemplo, directamente a sus subgéneros; es uno de mis primeros axiomas que ‘ciencia ficción’ es un significante vacío, que es relevante para la etiqueta del sistema por su consolidación en el tiempo, pero sobre todo por el poder que tiene para congregar comunidades (que dicho sea de paso son inconmensurables), por la tramas maestras digestivas (quién se come a quién) que resguarda, por ser un vehículo del que todos hacen uso, por ser imágenes con instructivos, por inmiscuirse en cada rincón de la cultura.

Previamente a “género”, hablaremos de ciencia ficción como un terreno no real y proyectivo de disputas. El terreno de las disputas más crueles en términos humanistas, el terreno de las asimilaciones. Hay tensiones mortales entre lo artístico y lo popular, entre el discurso científico occidental generalizado y todos los demás discursos que se ven amenazados, entre lo femenino metaforizado y en construcción y lo masculino inamovible, entre identidades nacionales y entidades sometidas, entre modos de producción y de especies.  Y ese compromiso conceptual se expresa, en primera instancia, en la elección del título.

La ciencia ficción del tercer mundo ha venido a ser la atomización más importante de las últimas décadas de los estudios de ciencia ficción. La posibilidad de que exista una ciencia ficción producida desde el tercer mundo pone a tambalear todo el aparato que con tanto cuidado y rigor armó Darko Suvin, el teórico de la ciencia ficción con mayores pretensiones universales. No solamente la ciencia ficción no descansa conscientemente en un proceso formal interno de extrañamiento y cognición (como muestran algunas narrativas de estas tradiciones), sino que ni siquiera necesita de una cultura que sistemáticamente haga uso de herramientas para representar científicamente los sucesos y los objetos. La ciencia ficción ha eclosionado por completo de su circuito anglosajón-soviético. Y aunque es interesante encontrarle los límites, se ha convertido en un divertimento intrascendente argumentar ante la pregunta: “¿esto es ciencia ficción?”

La proposición que ofrezco para resolver esto es que sólo existen dos condiciones materiales de producción de ciencia ficción: a) la reetiquetación y b) la conciencia génerica (“yo escribo ciencia ficción, yo leo ciencia ficción, yo vendo ciencia ficción, mis referentes son legiblemente ciencia ficcionales, etc”).

La invisibilización, en primera instancia, tiene mucho que ver con la producción y el interés por la ciencia ficción del tercer mundo, así como con el hecho de que, en los largos manuales y listas que todos los años se publican con los títulos y muestras de trabajos de ciencia ficción en el mundo, no haya una representación, ya no digamos adecuada, de la ciencia ficción en países de América Latina, África, Asia Occidental y Asia del Sur, sino que se omita por completo la producción de estos lugares. Es decir, que de volúmenes con intenciones globales se excluyan los productos de más de la mitad de la población mundial es para pensarse.

Sin embargo, la visibilización de la ciencia ficción no debe confundirse con o pasar como una actividad solidaria-compasiva. Muchos textos han sido el producto de discursos nacionalistas o programas de estado para introducir la idea de progreso en muchas de sus naciones de origen. Aunque existen, a muchísimas de estas narrativas no les subyacen temas que expliquen su posición en el mundo,  sino que buscan convivir y competir en ese territorio proyectivo con una identidad definida y hablar de sus intereses en la explotación del mundo.

Unos ojos de investigador y un ánimo crítico serán capaces de traspasar sobre sus aciertos artísticos al referirnos a su valor como objeto de estudio. Por eso la insistencia en  hacer activamente uso de los estudios de ciencia ficción, pues éstos nos hacen recordar que no toda la ciencia ficción tiene pretensiones artísticas y que, incluso más allá, los productos culturales no nacen dentro de una disciplina específica. Es por lo que, en ocasiones, para la literatura el género ciencia ficcional resulta irrelevante, porque no se adecua a sus expectativas como disciplina.

Koi… Mil Gaya [He encontrado a alguien], es un éxito bollywoodense, estrenado en 2003 y protagonizado por la superestrella india Hrithik Roshan. Rohit es el hijo de un científico que, durante su estancia de investigación en Canadá, contacta vida extraterrestre, emitiendo variaciones del mantra Om con su computadora de escritorio. Cuando presenta su descubrimiento a sus compañeros se le humilla. Poco después, en una noche de tormenta, él y su esposa embarazada sufren un accidente automovilístico, en el que el padre muere y el nonato Rohit sufre traumas irreversibles. Rohit es un hombre con cuerpo adulto y mente de niño que estudia en una escuela católica, retoza con sus amigos y pasea por las calles de Kasauli en scooter. Cuando Nisha (interpretada por otra joven y guapísima superestrella bollywoodense) llega a la ciudad, cree que Rohit aparte de idiota es un idiota malintencionado, por lo que acude a los bullies locales en motocicleta para vengarse, después de que Rohit le pegara un chicle en su camioneta tipo jeep. Pero, y aquí la película recurre al género romance, Nisha descubre la candidez que caracteriza a Rohit y decide pasar tiempo con él. Juntos juegan con la vieja computadora de papá y sin querer vuelven a contactar con vida extraterrestre: un monito cabezón (que recuerda a Yoda y a E.T.) color azul ataviado con vestidos e indumentaria hinduista que responde al nombre de Jadoo (जादू, ‘magia’), quien se aparece en el bosque poco después del contacto. Jadoo “sana” la mente de Rohit y lo vuelve un genio matemático, un genio bailarín, un genio peleador y un galán. Procedimiento por el cual vence a los bullies, al gobierno y obtiene el amor de Nisha.

Todo el argumento que sostiene por 180 minutos a Koi Mil Gaya es un tejido de programas populares y películas estadounidenses, no sólo de ciencia ficción, sino que reproduce los efectos especiales y parodia los íconos más identificables de todo el cine estadounidense para inscribirse ‒legitimamente‒ en el género. En clara competencia con la industria cinematográfica hegemónica, la de sus contrapartes anglosajones, busca abastecer el mercado de este tipo de programas. Aunque un porcentaje de las referencias hinduistas empleadas en las películas son clichés, del tipo folklórico, siguen siendo legibles los tópicos de las épicas tradicionales en los encuentros entre grupos como son los valores del sacrificio y el rezo.

Thus KMG [Koi Mil Gaya] can be seen to constitute a demonstration of Bollywood’s ascendancy in what Heather Tyrell suggests is a struggle for commercial global domination by the film industries of the world: addresing the relationtship between Bollywood and Hollywood she asks, “is Bollywood named in imitation of Hollywood or as a challange to it?”… KMG demonstrates that it has begun to challenge the hegemony of Western cinematic production, both economically and ideologically. (Dominic Alessio and Jessica Langer)

También esta película muestra, con amplitud, una de las características por las que ha sido, de manera improductiva, una y otra vez castigada la ciencia ficción periférica, cuando se lee desde el arte exclusivista: “nada es original”, “no habla de su realidad”.  Cuando en el interior de toda la ciencia ficción de nicho este procedimiento, el de copia y pega, ha sido el más productivo y el que le ha dado cuerpo al género. Por su parte, la ciencia ficción a la que se puede acceder más fácilmente ha respondido con impulsos sectarios del tipo “hard science fiction” o “verdadera ciencia ficción”, porque saben actually tienen ciencia.

Lo que estas lecturas no quieren ver es que ejemplos como Koi Mil Gaya conllevan, en particular, realidades como el ambicioso programa espacial indio, y que demuestran su necesidad de representación y proyección global (los diálogos y subtítulos en inglés) como una nación unificada e hinduista, de las luchas internas que ha sufrido por décadas por aferrase a un estricto sistema de castas que subsume a los grupos musulmanes y que se transforma ante la resistencia y la asimilación de modos de vida y mercancía occidentales; que apoya a través del mismo programa nacionalista de retorno a las tradiciones epistemologías diferentes, las cuales incluyen dioses y hacen uso de una imaginación religiosa que ha sido sustituida en otras latitudes por la posibilidad de explicarse científicamente el mundo. En pocas palabras: estas condiciones, no sé si definitivamente, pero sí en cierta medida, necesitan de bibliografía complementaria y contexto histórico dependiendo del texto en el que tengamos un interés particular.

Por supuesto que en su circulación los textos de la ciencia ficción del tercer mundo también cumplen funciones enajenantes e ideologizantes al trabajar sobre estereotipos, pero hacer únicamente el recuento de ellos no nos va a arrojar ninguna luz sobre su existencia (están ahí y no se pueden negar o despreciar tan a la ligera), mucho menos cuando quienes escriben sobre ellos están más preocupados por comparaciones y gustos personales, o por sólo hablar de lo que uno conoce o se ha leído, en vez de poner al objeto como prioridad.

Imagen tomada de Koi… Mil Gaya

Posted by:paginasalmon

One thought on “Estudios de ciencia ficción | Por Ximena Jiménez

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