Fotografía de Areli Rema

¿qué hay entre dos eclipses?
todo lo demás.

LA HISTORIA

Nos detenemos
a verlo volverse
loza.
En instantes, su tez
los siglos
mimetiza
y donde antes olas
lo poblaron,
ahora lo viste
el trazo
de un cincel.

Un círculo de turistas
lo entorna.
Los caprichos
en los que, a las cinco,
la marea sucumbe,
hasta el malecón
lo botaron
y sobre el pavimento medieval,
sobre un cúmulo milenario de suelas
agoniza.

Con una vara vecina
podemos restituirlo
al vaivén
de las corrientes,
a seguir coloreándose
de roca en roca.
Pero verlo ungido
de lo nuestro
y, con ello, marchitarse,
nos detiene.

Se retuerce
como preso
en una camisa de fuerza
de ocho brazos.

MERODEO

Solaz
le dieron,
al bereber que lo más
de mis senderos sabe,
cuatro muros
y, entre todos,
sus rincones.

Volver al circundar
parco
de los horizontes,
a tierra
de serpientes y alacranes,
sería desenterrar
la osamenta
que aún te desconoce,
la que tiznó el sol
de las distancias.

Por eso, encerramos
al merodeo
como a un potro
que no despierta
a su domesticidad
y no hay de otra
que dejarlo que, consigo,
su hambre
sacie.

Pero me sueles dejar pasar
con las botas sucias,
a la vista, agreste,
porque de rumbo
vine la primera vez
y esa es una de las sales
que más sed da.

EL AIRE

Por corrientes,
el aire
se arrastra,

baja de la sierra
donde árboles le sirven
de estorbo

y se para afuera
de una puerta cerrada.

Sabes que son los Federales,
cinco,
y que vienen a arrastrarte del pelo
y a darte patadas
como los niños
al perro sarnoso:
porque anda mostrándoles
lo solo
que está.

El aire regresa
cuesta arriba,
llevando aullidos
y el ruido de la piedra
que sirvió para dar el tiro de gracia.

CUBETAS

El cacareo
los guía al accidente,

suben la loma
que, de niños,
rodaron
hechos taquito

y, sobre la carretera,
finalmente se encuentran
con el tráiler
y el aleteo.

El fuego se extiende
y las aves presas
y el conductor preso
parecen en la misma danza
que anticipa sus cenizas.

En vano cargaron
las cubetas
que usan para lavar
sus taxis
los domingos por la mañana.

CORDEL

Hebras
que al enlutado, de los suyos,
le sobran,
a tantos libran
de su voz.

Hilvaneras
se hacen ricas
de quienes callan
y vienen a rogarles
más callar:

de la mortaja
de Fulano
un mutis infinito
sacan.

Cordel, cordelito,
que nunca más,
de miedo,
muela con muela,
nos castañeé;

zúrcenos
en remedo de difuntos
rutas de hilo
entre belfo y belfo.

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Escrito por:paginasalmon

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