El diario prerrevolucionario de Marina Tsvietáieva de 1917 está lleno de aforismos sobre el amor que convergen en dos problemas: la indiferencia y la cobardía. En ellos se expone la idea de que estos son lo contrario del amor, y no el odio. Según Hélène Cixous, la cobardía consiste en el abandono “que precede a todo, y que al mismo tiempo no es aceptado (…) que es tan grande que nada puede consolarlo”[i]. Los ecos que produce la cobardía desembocan inevitablemente en el duelo que está presente toda la vida; la pérdida se engendra en la pasión, es decir, en vaciarse a sí mismo en pos de dar lo máximo posible: “nos conduce a donde siempre hemos deseado ir sin atrevernos, nos lleva a ver lo que existe en nosotros y que ignoramos por temerle”[ii].

En los siguientes aforismos, Tsvietáieva entabla una disertación sobre lo que es el amor, cómo funciona y en qué situaciones se desvanece. Se muestra el miedo a la indiferencia, la inevitable conclusión del amor y el resentimiento que surge de ella; diferentes tipos de pasiones en una relación y la cobardía ante el ímpetu que merece un amor efímero.

Fragmentos del diario de Marina Tsvietáieva de 1917

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Sobre el amor: todo lo que no se dice continuamente es como un asesinato inconcluso, es decir, un final prolongado, agónico.

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No me sorprendo cada que me doy cuenta de que un hombre me ama o deja de amarme. Lo que en realidad me asombra es que me traten con indiferencia.

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De una carta: Si ahora mismo entraras y me dijeras: “Me marcho por mucho tiempo, quizá para siempre” o “creo que ya no te amo”, me parece que no sentiría nada que no haya sentido antes, porque cada vez que te vas, cada hora en la que no estás, cada vez que desapareces, es como si nunca hubieses estado, como si nunca me hubieses amado.

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Es mejor perder a un hombre por completo que aferrarse a él como si fuera uno en un ciento. Como el comandante después de una victoria, como el poeta después de un poema, a dónde van sino con otras mujeres. La pasión es la última oportunidad de un hombre para manifestarse.

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–Narradora nostálgica a sus 36 años–

Cuando tenía dieciocho años estuve locamente enamorada de un banquero judío. Yo estaba casada y él tenía esposa. Si bien era muy gordo y grande, resultaba completamente cautivador.

Casi nunca estuvimos solo nosotros dos, pero la primera vez que pasó me dijo una cosa: “¡Aprovecha tu vida!” y se fue sin siquiera besar mi mano.

La segunda y última vez que estuvimos solos fue porque organizó una fiesta solo para mí. Él sabía que yo amaba bailar, y juntos bailamos piezas hermosas, a pesar de que su cuerpo no lo dejaba moverse libremente.

En todas las fiestas él acostumbraba apostar todo. En ésta ni siquiera se atrevió a jugar.


Versión original de los aforismos en: Tsvietáieva, Marina. O Lyubvi. Selección por Irma Kudrova. Azbuka-Klassika. Moscú. 2013.

[i] Hélène Cixous. “El fuego Dest-Ella” en Carta a la Amazona. Trad. Elizabeth Burgos. Ediciones Hiperión. 2002. Madrid.P. 105

[ii] Burgos, Elizabeth. “Oráculo de sí misma” en op. cit. P.13

Imagen tomada de Flickr

Escrito por:paginasalmon

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